



A medida que pasa el tiempo el querer de una persona por poseer más conocimiento, más riqueza, más ventaja sobre los demás, hace que la competencia de la vida, aquella que nos isita en sobrevivir en una sociedad de carácter competitiva, nos venda los ojos para meternos al ruedo de una carrera absurda y luchar “contra” y no “con” los que nos rodean, tomando como grito de batalla aquella frase atribuida a Maquiavelo “el fin justifica los medios”; es así como lo humano se deja a un lado, como si esto no tuviera la más mínima importancia, haciendo que nuestras venas se llenen del mal logrado individualismo que nos consume por dentro creando monstruos, limitados a solo ver por lo suyo, como Bunbury diría en una de sus canciones: “cada uno se dedica simplemente a salvar su propio pellejo”.
Es así como queremos terminar educando al futuro que alguna vez tendremos en nuestras manos, invitándolos a que se unan a la carrera de la vida por conseguir cartones y cartones, pasando por encima de los demás, y no solo esto, pasando por encima de ellos mismos, subestimando la importancia de la humanidad.
¿En este momento quien tiene la gran responsabilidad de educar a sus hijos, hermanos, sobrinos, primos, etc.? ¿Tal vez algún robot cuya única función sea repetir lo que un libro x demanda para ser alguien en la vida, sumidos a imponer el maltrato y la ceguera, dada por una sociedad que se perdió del camino de lo moral y lo ético hace mucho?


