

Por: Javier Forero
No constituye el sumario histórico y cronológico de la antigua Rusia ni la Unión Soviética, mucho menos el adoctrinamiento de ideologías polarizantes, ni tan siquiera un compendio de los gobernantes de las naciones soviéticas. Es un relato vivencial desde la curiosidad, la sensibilidad y los ojos avizores de Ryszard Kapuscinski quien vivió en carne propia las atrocidades de un imperio que durante casi 70 años azotó un conjunto de naciones que padecieron bajo el yugo de una misma doctrina.
Desde su infancia, Kapuscinsky, bajo la inocencia de un niño de 7 años, narra de una forma desgarradora sus primeros encuentros con la Unión Soviética. Los gritos, el llanto, el terror y la incertidumbre eran el pan de cada día de aquella fría época, en la que ,además, tiene que presenciar el horror de perder a su padre en una de las conocidas deportaciones.
Gracias a su trabajo como reportero y movido por la curiosidad que le suscitan los acontecimientos vividos durante su niñez, Kapuscinski inicia una serie de viajes por ese imperio desconocido y empañado por a las atrocidades, ese que se encuentra más allá del estremecer incesante de las balas, de la onda aniquilante de los cañones y el sonido aterrador de las alarmas. Un territorio tradicional, con historia, arte, símbolos y paisajes que muy bellamente describen la riqueza cultural de unas republicas que contrastan paradójicamente con el telón gris que describe la URSS.
El Imperio es ese peregrinar constante en el que se recogen una serie de experiencias, historias y memorias de lo que se configura como una entrañable radiografía de un imperio desde sus raíces hasta su declive.

