

Tercer día de viaje. Santander de Quilichao. Años sesenta. El “Buenos Aires” se para. Música bohemia suena en el espacio, mientras las barrigas crujían llenas de aire. A comer! dijo el viejo. Y como lo habían hecho en cada pueblo, todos bajaron a sentarse en las mesas del primer restaurante.
La mayoría de ellas estaban ocupadas por camioneros y ayudantes que departían, chupando cerveza al son de la música dura. En ese instante se escuchaba Cautiverio (QUE LENTAS PASAN LAS HORAS …) mientras unas bellas mujeres, con escotes atrevidos, faldas cortas y apretadas, mostraban sus atributos pectorales y daban cuenta de sus sinuosas curvas y talladas piernas.
Con ojos inocentes pero intrigantes, los recién llegados miraban el espectáculo que se movía a su alrededor. El avezado “Costal de Huesos”, amo de carreteras y burdeles, llamó la atención de las meseras con un palmo de manos, el cual fue atendido al instante por la Ñata, como la llamó el conductor.
Mientras la mayoría de viajeros pidió la cena, “El Viejo” y “Costal de Huesos” pidieron cerveza para calmar la sed, la cual saciaron pegándose una chuma de padre y señor mío.
Esa noche, como lo habían hecho las dos noches anteriores, la madre y la muchachada durmió en los colchones que para tal efecto, llevaban encima de la carga del vetusto camión.
Se reinicia el viaje en su cuarto día, y los alegres viajeros con “El Viejo” enguayabado y Costal de Huesos al timón del “Buenos Aires”, se encaminan a la Sultana del Valle, ciudad que los enamoró, los invisibilizó por siempre y para siempre. Dicen que por ahí andan haciendo bulla.


Comentarios
CAMELLOSO
30 Julio de 2012
2:53 pm
Estaré enviando otras RUTAS. Espero opinones.
criticoncolombiano
29 Julio de 2012
7:30 pm
Buen aporte, refresca el portal...
osgir
29 Julio de 2012
9:31 am
Los cuentos son una bella manera de recoger vivencias y comprimirlas.
LO LEÍ, ME TRASMITIÓ VIVENCIAS.