16 de Septiembre de 2014
19 Diciembre de 2012 | Entretenimiento | (Colombia)

MITO IV: El caos es más que un desorden

MITO IV: El caos es más que un desorden
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Son las 11:35 de la noche, un hombre camina en medio de una multitud de hinchas azules quienes a su paso en una horda de destrucción y festejo dejan el sueño de una estrella nueva en el escudo unos niños llamados “millos arvey” o “millos estiven” mientras que el hombre solo aprieta su billetera contra su muslo y acelera su recorrido.

En otra ciudad, mientras que profesores y estudiantes se unen contra una reforma tributaria retrograda mientras que un profesor conecta su videobeam y se prepara a dar clase. Momentos después, un estudiante de esa misma universidad se encuentra una billetera y aprovecha para ir a la biblioteca y sacar libros para robarlos con un carné que no es suyo, el bibliotecario percata el hecho pero prefiere ignorarlo pues es más importante continuar mirando las prominentes tetas de una estudiante sentada frente a su pequeño y gris cubículo.

¿Qué hay en común en estos casos que acabamos de mencionar? Aparte de los entrometidos sentimientos como la lujuria del bibliotecario, el jolgorio de los hinchas o el aburrimiento ortodoxo del profesor esta la pasividad en un caos, sea un caos pequeño o uno de la categoría de cataclismo desde los comienzos de la humanidad la pasividad ha sido ave de mal agüero del caos así como las elecciones lo son a la venta de tejas o el encargo de lechonas.

Y es que la pasividad es incluso se remonta a épocas indescifrables de la humanidad y se ensaño con la población que comparte este espacio geográfico. En la colonia española era muy común que los pueblos de indios delataran a los asentamientos de esclavos africanos fugados y viceversa, aquí se podría dilucidar una pasividad contra una institución que subyuga al igual que una búsqueda de un bienestar mediocre e incompleto. Movimientos como la primavera árabe o los muy conocidos indignados han mostrado como la lucha de uno es la lucha de todos y bajo esta política se han llenado plazas enteras en el mundo entero menos aquí ¿Por qué?

Entre las principales razones que agobiaron mi cabeza estuvo la pereza (o como diría una profesora que tenía en la escuela la ley del menor esfuerzo) sumada a una pésima memoria histórica y con una pizca de ese conformismo que nos hace asimilar falsas promesas de gobernantes, manipulaciones mediáticas de canales morcilleros, el consumo de programas que brillan por su ridiculez y atentan a la estética natural del humano idealizado o incluso dándole el respaldo a procuradores que queman libros y piensan que viven en la Europa del siglo XV.

Puede que jamás llegue a una respuesta tan seria que se vuelva un motivo de una tesis (igual, tampoco lo busco) pero lo que si busco es una respuesta que sé que tanto yo como muchos lectores al ver el panorama se la hacen y se llenan de una “bola” de sentimientos.

La explicación que más ha llenado las expectativas es definir a la pasividad como un mito, un mito que ha resistido la carga generacional, en algunos momentos su ausencia dinamizó cambios sociales pero en esa misma paradoja son los cambios sociales los que no hacen que se produzca una ausencia de la maldita pasividad. Tal vez el día que “millos estiven” se dé cuenta que su profesor entorpece una protesta y se levante y desconecte el videobeam y salga para la biblioteca y devuelva el libro que robó con el carné de un desconocido las cosas cambien y ese sea el proceso que dinamice una “primavera colombiana” de la indignación, porque este verano buenas ideas seguidas de inviernos llenos de lagartos en los puestos de servidores públicos nos tiene jodidos.

Quiero aprovechar para desear una feliz saturnalia (mal llamada navidad) a las personas del portal. Puede que esta sea la última columna del año (como puede que no, todo depende de las sábanas) fue un 2012 lleno de muy buenas experiencias y trabajos desarrollados, espero seguir contaminando sus limpios corazones y cristalinas pupilas con mi veneno discursivo.

La verdad no le temo a las profecías mayas pero si a los hijos de **** que tienen las riendas de la realidad política en este país, que el sancocho alcance para todos y lo mismo con los guacales de cerveza.

Por: andrés lugos/

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Comentarios

luisalejandrodiaz

luisalejandrodiaz

19 Diciembre de 2012
4:34 pm

La llamaría, una maraña enmarañada y tejida a la más horda de serpientes. buena trama

luifernd

luifernd

19 Diciembre de 2012
9:31 am

ANDY BELT,Ese es un desorden presentado en un tejido metálico.Un caos es Colombia.Felicidades!!!