24 de octubre de 2014
11 Febrero de 2013 | Entretenimiento | (Colombia)

No soy periodista

No soy periodista
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Ya pasada la resaca después de la ceremonia de entrega que anualmente celebra El círculo de Periodistas de Bogotá CPB, esa noche observaba como los ganadores de una y otra categoría, escuchaban su nombre retumbar en el recinto de la sesión solemne y en medio de aplausos recibían su premio y luego sus demás colegas, recibían su gratitud.

Fue una noche especial, en la que el gremio vistió sus mejores galas, con zapatos quizás muchos nuevos y en el aire flotaba un poco de nerviosismo, tensión, emoción que se entremezclaban con los perfumes de las damas y de los caballeros, la loción.

Yo no fui.

Y a pesar que al igual que todos ellos, todos los días escribo con muchísimo menos talento, y con frecuencia se me escapan errores de ortografía, a pesar de que investigo, conceptualizo, tomo notas aisladas, las escribo en una hoja de papel o en la pantalla blanca de mi mente, luego las junto, hago un primer borrador, luego un segundo, que a veces garabateo en una servilleta o en la esquina de cualquier papel, de cualquier color, que doblo cuidadosamente y meto en el bolsillo de un pantalón, que luego descuidadamente llevo a la lavandería con notas y todo incluido.

Y a la tercera que es la vencida, lo que recuerdo - porque la idea como “el amor llega así de esa manera, uno no se da ni cuenta”- lo vuelvo a escribir, lo dejo marinar un buen rato, para finalmente salpicarle los condimentos de forma y fondo, y tras muchas dudas y revisiones, finalmente lo publico en este espacio que gentilmente nos ofrece El Espectador, a quienes nos queremos expresar respetuosa y libremente sobre cualquier tema.

Después, ya ante los ojos de los demás, y cuando no se puede corregir nada, la leo y me doy cuenta que efectivamente me falta demasiado para afirmar que soy periodista.

Pero aun así, a pesar de todo ese esfuerzo, que seguramente sin tantos inconvenientes y sobresaltos, también hacen los periodistas que escriben, a mí no me invitaron.

No pude estrenar zapatos comprados no hace mucho en el barrio Restrepo, ni cachetearme sutilmente con la loción que tiene anclado un viejo velero en su frasco.

No. No me invitaron. La razón es muy simple: No soy periodista.

¿Recuerdan por allá entre los entretelones de su mente, en ese baúl viejo donde atesoramos valiosos recuerdos como piratas en la isla de nuestra Señora de La Memoria… entre muchas cosas… algunas canciones por ejemplo?

Pues en la oscura soledad de la noche, escarbé en el viejo baúl y con algo de esfuerzo y de suerte encontré envuelta en una cinta polvorienta, una canción, que probablemente, o al menos para mí, interpreta muy afinadamente, por qué escribo estas notas.

La canción en mención, resultó ser la gran ganadora del Festival de Viña del Mar en Chile, hace mucho años, llevándose no sé cuántas Gaviotas de Oro y creo que hasta una Gaviota de Platino.

Su letra la pie, dice así:

“Hoy canto solamente por cantar…sin un motivo de preocupación…que los problemas son de cada quién… y cada quien ya tiene su canción…”

Letra simple y sincera que por su bella melodía, las Gaviotas de Oro y Platino, se estremecieron de sus preciosos metales, cobraron vida y volaron cruzando el tiempo y las depositaron en mi viejo baúl, en la remota isla de Nuestra Señora de la Memoria.

Pues bien, yo también podría afirmar, que hoy escribo solamente por escribir…sin un motivo de preocupación…que los problemas son de cada quién…y cada quien ya tiene que escribir…

Así es; escribo por el placer de escribir. Porque me gusta.

Algunas veces lo hago de forma aceptable y otras muchas de forma inaceptable y otras veces cuando no encuentro la palabra que quiero, sigo el consejo de los que sí saben, como nuestro Nóbel Gabo quién afirma despreocupado cuando no encuentra un palabra: “pues me la invento”.

Escribo porque cuando chiquito me la pasaba en la mano con un lápiz amarillo de marca Mongol, rayando las paredes de mi casa. Lo hago porque de joven los compañeros me pidieron que escribiera y leyera el discurso de graduación. Porque disfrutaba escribiendo cartas y canciones de amor para una que otra novia que experimentó la tragedia de oírme cantar. Escribo porque ya maduro, redacto los textos de campañas publicitarias. Y por ahí, cuando reviso las tesis de grado de mis alumnos, o cuando me invitan muy de vez en cuando a una conferencia o a una columna de opinión.

Toda mi vida he escrito, me encanta hacer la travesía desde el principio, hasta el final de la página. Independientemente de dónde se va a publicar, porque debo confesar, que disfruto más el viaje, que el destino.

Desde esta nota, hago llegar mis más sinceras felicitaciones a todos y cada uno de los que ganaron y los que no ganaron.

Incluyo, a los que no participaron. Pero que escriben.

Porque por el sólo hecho de enfrentarse a una hoja o una pantalla en blanco e intentar escribir algo, ya merecen mi respeto.

Y porque casi diariamente, en un ritual muy espiritual, inclinan su cabeza frente al computador, que como si fuese un confesionario les obliga a contar sus pecados…y los de los demás.

Y para al menos exorcizar los propios, se impone la penitencia de escribir…escribir y escribir.

Para algunos será como una maldición. Una adicción que no pueden dejar y que si la dejan por un momento, sufren el síndrome de la abstención, ¡se retuercen! ¡se enfurecen! ¡se angustian porque necesitan su dosis diaria de tinta en sus venas!

Para otros es una catarsis, a través de la cual desahogan, como catarata o en pequeñas lágrimas su más íntimo sentir, o su saber o su querer.

Y para otros, es un placer liberar las pequeñas letras detenidas en una tecla que como una dinimuta prisión que mide tantos milímetros de alto, por tantos milímetros de ancho, y actuando como un verdadero cómplice de la fuga, las libera presionándolas una a una, dejándolas escapar hacia la libertad que significa para ellas, viajar por todo el mundo.

Así como estas letras que hoy se pasean libremente ante usted.

Yo no soy periodista.

Pero si usted lo es, mi envidia de la buena, mi admiración y mi respeto.

 

Alfonso Acosta Caparrós

alfonsoacostacaparros@gmail.com.

 

Por: Alfonso Acosta Caparros/

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Comentarios

jogafi

jogafi

11 Febrero de 2013
11:04 am

No es necesario expresar "envidia de la buena" por quien tiene un titulo de Periodista, algunos no lo somos de profesión, pero si por convicción y por pasión.
Aquello de los premios, de ser o no ser invitado es lo que menos debe preocupar a un periodismo, aún los premios que uno cree otorgados por ciertos medios "transparentes" tienen alta dósis de corrupción.... (lo comprobé...) Por lo tanto insisto en que el mejor premio para quien escribe es ser leido y poder llegar a otros.
Saludo cordial.

criticoncolombiano

criticoncolombiano

11 Febrero de 2013
12:00 pm

Totalmente de acuerdo, con ser leído, comentado, criticado, admirado, y hasta plagiado ,basta...

osgir

osgir

11 Febrero de 2013
8:07 am

Saludo tu gracia .