

El joven periodista se hallaba ahora en medio de un símbolo capitalino, la plaza de Caicedo, restaurada recientemente, las palmeras eran imitaciones sintéticas, que de alguna manera rescataban su aire tropical, el que Santiago recordaba gracias a las pinturas que su papá conservó intactas a través de los años y que pertenecieron a su abuelo; el genio de la electrónica dedicaba sus pocos ratos libres a pintar. La única referencia fehaciente que Santiago tenía de su abuelo eran los relatos que de niño le narraba Don Aquiles, cuando en las noches de tormenta no lograba conciliar el sueño.
Ya de adulto tuvo la visión del científico gracias a la lectura de los libros que se publicaron sobre las investigaciones que le merecieron reconocimiento mundial, una pieza clave para el definitivo desarrollo de la inteligencia artificial, la que hoy se paseaba oronda por las calles de las principales metrópolis, seres casi humanos y mascotas de toda clase, un mundo paralelo al nuestro. Sarcásticamente muchos medios comentaban que en pocos años serían los androides los nuevos dueños del planeta Tierra, ellos estaban programados con todo el conocimiento adquirido por la humanidad hasta hoy, seres inmortales capaces de sobrevivir a una hecatombe nuclear y la temida gran glaciación, el hasta hoy frustrado sueño del hombre de carne y hueso.
El abuelo de Santiago terriblemente abatido por el plagio de sus investigaciones y la traición del grupo científico para el cual consagro su vida entera, determinó de ipso facto dejarlo todo y regresar a su tierra natal, pero justo ese día tuvo lugar una de las más grandes tragedias de la humanidad vaticinada con insistencia por los científicos de la época, una alerta de la que la gran potencia norteamericana hizo caso omiso, pese al clamor del resto de naciones, absurdamente prevalecieron sus intereses económicos.
El efecto invernadero provocó el deshiele de los polos, grandes Tsunamis anegaron vastas zonas continentales de Asia, África y Centro América ; Canadá , Norteamérica y Australia fueron borradas literalmente del mapa, obligando a la población sobreviviente a un éxodo forzoso que desencadenó grandes traumas sociopolíticos.
El futuro de la humanidad era hoy más incierto que nunca, su inconsciencia lo había sumido en un laberinto sin salida, la agonizante madre naturaleza estaba a punto de cobrar venganza, sin lugar a dudas el hombre era la criatura más funesta sobre la faz del planeta tierra, quizá ya no existía para la humanidad una segunda oportunidad redentora, demasiado tarde para resarcir todo el daño causado, conclusiones nostálgicas del inquieto periodista cuando contemplaba el entorno ambiental de todas las confederaciones que había visitado a lo largo de sus treintaiséis años.
Santiago prosiguió su recorrido sin afán, sus pasos largos y decididos lo llevaron a una estrecha callejuela en la que se agolpaban vendedores informales de reliquias del siglo pasado, lo que comúnmente era conocido como “mercado de las pulgas”; gran variedad de objetos multiusos contrabandeados, electrodomésticos, computadoras, ropa, artesanías y algunas imitaciones perfectas de arte antiguo y hasta raciones de la extinta marihuana conformaban el catalogo que estos vendedores ambulantes ofrecían a los transeúntes.
Los grandes ojos verdes de Santiago se clavaron en una hermosa pintura al óleo donde se apreciaba el esplendor de un atardecer a orillas del mar; Con mano temblorosa el joven periodista palpo la obra, fascinado, como tratando de grabar esa imagen en su cerebro para luego fantasear con un paisaje que jamás tendría el privilegio de apreciar en vivo...
____/ Se lo doy barato mi joven... – Aquella voz chillona interrumpió el éxtasis en el que se hallaba el periodista. Ahora trataba de precisar de dónde provenía exactamente, en un solo pestañeo vio emerger detrás del cuadro a un diminuto hombre con apariencia de Gnomo de cuento infantil, sonriente y dispuesto hacer una buena venta antes de que los patrulleros irrumpieran en la callejuela para decomisarles la mercancía, su única fuente de sustento.
____/ Le aseguro mi joven que ésta obra maestra es única, ¡originalísima!, yo no vendo falsificaciones; mejor dicho, el maestro las pinta y yo las vendo, fascinante ¿verdad mi joven?, así era la tierra un siglo atrás. Las venderé como confite cósmico, tengo muchas más, con paisajes que sus ojitos y los míos jamás han visto, eso se lo puedo jurar.
Contemplar aquella obra hizo que Santiago se transportara a su niñez, el estilo era muy similar al de las pinturas que su padre salvaguardaba con vehemencia. Se fijo en la firma borrosa en la parte inferior del cuadro, leyó en voz alta.
___/ El ermitaño...- miles de recuerdos se agolparon en la memoria de Santiago, en sus oídos retumbaban ahora los relatos sobre su abuelo que su padre le hacía en aquellas noches de tormenta para calmarlo y ayudarle a conciliar el sueño. Su corazón empezó a latir a millón, un gran presentimiento lo asaltaba. ¿Podría acaso tratarse de su abuelo desaparecido en el gran Tsunami?, o no pasaba de ser una simple coincidencia.
___/ !A mi abuelo le decían el ermitaño¡.- exclamo emocionado Santiago. El enano concluyo que estaba perdiendo el tiempo frente aún tonto lunático, frunció el ceño como muestra de su enojo, se dio media vuelta ignorando al intrigado periodista.
____/¡Señor, espere!...¿usted conoce al pintor de este cuadro?.
____/¿Es usted policía?- Pregunto intrigado el enano sin quitarle sus ojillos marrones de encima. Santiago negó con un movimiento ligero de cabeza y saco una tarjeta fiduciaria que extendió al hombrecillo, quien tras examinarla cambio su mal humorada cara.
____/Sí. Yo conozco al ermitaño. El maestro es un sabio que vive en los farallones, en unas grutas que solo él y yo conocemos. Tiene más años que Matusalén y se dedica día y noche, semanas y meses enteros a pintar y pintar...él dice que pinta los recuerdos de su niñez y juventud en la tierra de nuestros antepasados antes del gran Tsunami...esas pinturas son el legado que el ermitaño piensa dejarle a la humanidad o a lo que quede de ella el día que sus ojos se cierren para siempre...
El periodista extrajo del bolsillo de su chaqueta su tarjeta de acreditación profesional y la exhibió ante los ojillos del enano, quien fingió no darle relevancia alguna.
____/ Soy periodista y me interesa conocer al ermitaño, ¿usted podría llevarme a su gruta?, me gustaría entrevistarlo, escribir sobre lo que usted me ha contado....
En la voz de Santiago se notaba la emoción desbordante que lo embargaba y que contrarrestaba con la apática expresión en el rostro del hombrecillo.
____/!! El ermitaño no confía en nadie¡¡- replico tajantemente. De nuevo Santiago escarbó en sus bolsillos hasta hallar otra tarjeta fiduciaria, la de sus viáticos, no vacilo en entregársela al enano, en su rápido análisis pudo concluir que este singular personaje no daría puntada sin dedal. Con lo que parecía ser una sonrisa, el hombrecillo accedió a guiar al periodista hasta la gruta del ermitaño. Con rapidez guardo sus cachivaches en un cajón y luego lo ocultó en un recodo de la callejuela donde había improvisado astutamente una caleta. De allí mismo saco una destartalada motocicleta en la que con suma dificultad Santiago se acomodo, con pericia el enano tomo la ruta secreta hacia los farallones.
Durante todo el trayecto el periodista trató infructuosamente de indagar más sobre el Ermitaño, su corazonada le decía que podría tratarse de su abuelo desaparecido. Al llegar a un cruce de senderos, el enano oculto la motocicleta entre unos arbustos y emprendieron marcha a pie por esta selva sobreviviente y aun majestuosa que simulaba tragárselos vivos por cada paso que daban. Santiago no supo precisar cuánto tiempo caminaron, pero cuando diviso las grutas de las que el hombrecillo le hablo dejo de sentir el mortificante cansancio que lo abatía y no dudo en correr hacia su interior, pero fue detenido por la voz chillona con tono de regaño del enano, quien exigió entrar primero y lo hizo con cierto temor, como niño que ha cometido una imperdonable travesura, tras unos minutos que para Santiago fueron horas, el hombrecillo volvió a salir y con un ademán invito al ansioso periodista a seguir...
Repentinamente el lobby del viejo hotel se vio colmado por una horda incontenible de reporteros y corresponsales de medios de comunicación de todo el mundo acreditados para el gran congreso ambientalista que daría inicio en contados minutos, y a cuyos oídos y por cuenta de una excéntrica pero fidedigna fuente, llegó la primicia de la sorpresiva aparición de un centenario ermitaño que había vivido los últimos años escondido en los farallones de Cali, dedicado a exaltar su profundo amor por la madre naturaleza a través de una prolífica y nostálgica obra pictórica en donde plasmaba la belleza de un planeta, que hoy agonizaba por la mano letal del hombre; sin duda un legado invaluable para ésta, quizá última generación, que aún guardaba la esperanza de contener esa inminente glaciación o en su defecto sobrevivir milagrosamente a ella, para resarcir con creces todo el daño causado por sus predecesores e instituir un pacto sagrado e inquebrantable con la madre naturaleza, que permitiese por fin a la escarmentada humanidad abrirse paso hacia su propia espiritualidad, en comunión con la armonía del universo infinito.
En su habitación, emocionado y angustiado a la vez, Santiago observaba al grupo médico que en estos momentos atendía a su abuelo, sus padres ya estaban enterados y volaban rumbo a Cali para festejar este gran acontecimiento familiar. El ahora famoso ermitaño era un anciano de cabellera y barbas blancas, muy largas, en extremo delgado, conservaba la lucidez necesaria para saber que su vida estaba a punto de apagarse como la flama de una vela en medio de una brusca ventisca, por lo que debía llevar a cabo cuanto antes su última gran misión y para ello contaba con Santiago, por algo el destino juguetón ahora cruzaba sus caminos, su legado quedaría en muy buenas manos...
El gran salón de convenciones se hallaba atestado con gentes de todo el orbe, simulando un gigantesco hormiguero alborotado; prestantes mandatarios, militares, religiosos y gente del común contemplaban absortos la esplendorosa obra maestra del ermitaño. A fuera la muchedumbre ansiosa aguardaba la misma oportunidad. De repente el recinto quedo en completo silencio, todas las miradas estaban clavadas ahora en el anciano fuertemente custodiado que acaba de ingresar. El Ermitaño saludo con la mano y ayudado por Santiago subió al estrado desde donde dirigió unas palabras al atento auditorio:
____/ Por favor...aunque todo parezca perdido, no flaqueen ahora, eso que ustedes contemplan fue una maravillosa realidad un día, lastimosamente nosotros no supimos heredársela intacta, no se conformen con falsos consuelos, la misión a emprender desde ya es titánica y en apariencia imposible, pero la unión hace la fuerza, luchen imbatibles por que este planeta vuelva hacer el mejor vividero de todo el cosmos, ¡manos a la obra!
Como si fuese un muñeco de trapo el viejo ermitaño se desvaneció en brazos de su nieto
_____/¡! Abuelooooo!¡
Paco despertó sobresaltado, comprobó que aún tenía en sus manos la arrugada hoja de periódico con el artículo científico sobre el calentamiento global. Se incorporo y camino hacia la ventana apesadumbrado por aquel premonitorio sueño, el aguacero ya había cesado, contemplo el firmamento despejado, tan azul como siempre; sobre una de las ramas del frondoso árbol frente a su casa un azulejo mojado alimentaba a sus pichones, en los charcos formados en el césped distinguió un enorme sapo tratando de engullirse a las mariposas multicolores que revoleteaban incansables por el jardín, los tibios rayos del sol moribundo de esta tarde de agosto acariciaron su rostro emocionado, solo hasta hoy este ensimismado niño genio pudo apreciar y disfrutar por unos minutos la belleza inmensurable de una naturaleza maternal y generosa; tras echar una ojeada al entorno general de su cuarto compuesto de un computador, sus maquetas, sus libros, concluyo que en sus manos tenía una misión más importante que la del sueño de crear un día inteligencia artificial, estaba seguro que no quería ser un ermitaño arrepentido y nostálgico, cargando hasta el final de sus días el pecado de la omisión.
Desde esa tarde Paco Sanclemente preparo un nuevo proyecto de vida que pronto dio a conocer a sus sorprendidos padres, quienes de la misma manera brindaron su irrestricto apoyo. Este radical cambio lo convirtió de la noche a la mañana en el niño más popular de toda la ciudad, en donde sembró la primer semilla de lo que años más tarde se convertiría en una importante organización de índole ambientalista: la ONG “El Ermitaño”, esparcida por todos los continentes con la finalidad de avivar el amor por nuestra madre naturaleza, en los gobiernos del mundo al mando de esta generación materialista y sibarita...
F I N



Comentarios
simonpetrus
9 Diciembre de 2010
9:04 am
Interesante la narración, refresca un poco la tensión que dejan los comentarios de los que saben de política.
simonpetrus
9 Diciembre de 2010
4:37 pm
Hola: Ya escribí en mío, se llama el Cumpleaños De Pacho. Está en la sección Emigrantes.
Cordial saludo,
Simonpetrus
criticoncolombiano
9 Diciembre de 2010
9:07 am
Gracias SIMONPETRUS. Ese es el objetivo y sin pretensiones de ninguna clase. Animate a escribir tu propio cuento. Saludos cordiales.
KarlosFer
8 Diciembre de 2010
4:26 pm
Criticón echame tu cuento y te cuento. heheheh
interesante, hombe!!!}
criticoncolombiano
8 Diciembre de 2010
4:41 pm
echame el tuyo KARLOSFER...hay que despertar el talento, no la malsana envidia
jogafi
8 Diciembre de 2010
1:40 pm
Javier, que buen cuento...
Pasar de los salpicones faranduleros a un cuento, buena versatilidad.
Saludo cordial.
criticoncolombiano
9 Diciembre de 2010
9:18 am
Jogafi, sé e intuyo que eres capaz de escribir tu propio cuento, ¡ánimo!.
criticoncolombiano
8 Diciembre de 2010
2:10 pm
Gracias FOGAFI, sé que tus palabras son sinceras y solo soy un aprendíz de la vida día a día. ¡saludos cordiales!
Albita Prudente de Lengua
8 Diciembre de 2010
1:28 pm
¡chirriadísimo tu cuento chinirico!, me gusto, te mando muchos picos.