

“Nací actor…”
Puente Nacional, un pueblito tradicional en Santander, lo vio nacer. Durante sus primeros años no lo tuvo en su memoria. Fue un tiempo después que lo vino a conocer. Hoy recuerda la amabilidad de sus habitantes quienes orgullosos lo han recibido cada vez que lo visita.
Desde que nació estuvo rodeado de un mundo mágico, con personajes alegres y cómicos que lo cautivaban. Por las tardes, después del colegio, oía los programas de la radio. Se entretenía escuchando a quien tanto admiraba: su padre, José Antonio Muñoz, al que cariñosamente le decían Muñocito, que actuaba en la Radio Nacional de Colombia. Esperaba ansiosamente los días en que lo dejaba acompañarlo al trabajo, era en esos días cuando tenía la oportunidad de ver a los actores dirigidos por Bernardo Romero Lozano, trabajando en las grandes obras de la literatura universal. “Yo desde muy niño veía a los grandes actores, a mi padre y a toda la gente que conformaba ese grupo y empezaba a soñar con llegar a ser como ellos.”
La radio iba creciendo en popularidad y en sintonía, dándole cabida a más grupos de actores. Fue así como con nueve años de edad su padre le dio la oportunidad de seguirle los pasos en la Radio Nacional, en el grupo infantil. Entró a formar parte de este grupo junto con sus hermanas, y otros hijos de actores contemporáneos. Todos los días después de las clases iba a la Radio Nacional, donde lo esperaban diferentes personajes para interpretar. “De niño y adolescente uno toma esas cosas como un juego. Tenía unos compañeros estupendos, niños y niñas, entonces nos gustaba”. Simultáneamente continúo con sus estudios en el colegio hasta que se graduó, pero poco a poco el juego de la actuación se había vuelto más serio, hasta que terminó siendo ésta la profesión que escogería para toda la vida.
No recuerda haber tenido otra opción en la vida; desde que nació la actuación estuvo ahí esperándolo, era el ambiente que respiraba a diario y a diferencia de muchos de sus amigos de infancia nunca soñó con ser policía, bombero o piloto. Siempre supo que sería como su padre. Fue así como ya graduado, siguió haciendo lo que le gustaba sin detenerse a pensar que sería de su vida. Entró al grupo titular de la radio y posteriormente pasó a hacer algunas temporadas de teatro con el grupo Teatro de Artistas Unidos, junto a algunos de sus antiguos compañeros de la radio. Por 18 años su padre dirigió el Teatro del Parque. Junto a un grupo de actores que alcanzaron cierto reconocimiento como Álvaro Ruiz, Ester Sarmiento, Carlos de la Fuente, Cecilia Muñoz, presentó obras con marionetas en diferentes colegios de Bogotá. Las marionetas eran talladas en madera por Muñocito, afición que heredó Carlos quien ha tallado desde mesas hasta una colección de barcos que tiene en su casa. La compañía viajaba por todo el país patrocinada por el Ministerio de Educación; viajaban en avión con todos los muñecos y elementos de utilería como los telones pintados por Tarazona.
Con la llegada de la televisión, los actores de la radio entraron a explorar esta nueva posibilidad tecnológica. Carlos fue parte del primer grupo de actores, quienes tuvieron la tarea de inaugurar la televisión en el país. Recuerda como Fernando Gómez, un joven de 23 años, director de la Radio Nacional y con quien tuvo una amistad cercana, fue el encargado de traer la televisión a Colombia. “la televisión la montaron en Colombia los cubanos. El general Rojas Pinilla envió a Fernando Gómez a Francia a comprar equipos, cámaras Thompson. Estando allá se enteró, de que un canal de televisión de Cuba había quebrado, entonces viajó a la isla y contactó a toda la gente que había quedado sin trabajo y trajo camarógrafos, ingenieros, luminotécnicos. Y así se inauguró y empezamos a trabajar en ella".
En estos inicios de la televisión los actores eran un grupo de 5 o 6 personas, con un sueldo fijo, que tenían un contrato por varios programas a la semana financiados por el Estado, y la televisión que se hacía era cultural.El Estado controlaba la televisión, inclusive los actores recibían el sueldo en el palacio presidencial. La programación era cultural pero variada, desde teatro, hasta ópera, zarzuela, grandes tragedias griegas, obras de la literatura universal. Se hizo muy popular por esta época el teleteatro que eran obras de teatro hechas para televisión en las que participó activamente. Recuerda con especial cariño un programa llamado Cuentos y leyendas con el que los niños de la época dejaban volar su imaginación.
Aún tiene presente el primer remoto, La tempestad de Shakespeare, donde por primera vez salieron las cámaras del estudio a grabar en exteriores, en el Parque de la Independencia que quedaba detrás de la televisora nacional. En esa época no estaban todavía los puentes de la 26, solo estaba el parque y fue precisamente ahí desde andamios en el prado, en medio de los arboles, donde grabaron.
Después de más de 10 años la televisión empezó a abrirse; poco a poco el Estado dejó de controlar la televisión y se empezaron a hacer pequeñas series, un ciclo de mini novelas que duraban los 5 días de la semana, con un capitulo diario, que aún no causaba la sensación que tuvo la telenovela años más tarde. Más adelante se empezaron a traer telenovelas extranjeras, y el formato se hizo popular, pero esta era la telenovela de los grandes melodramas. “Yo al principio fui reacio a aceptar trabajar en telenovela, porque tenía en la cabeza las telenovelas de la época que nos llegaban de afuera, que era unos melodramas terribles, y yo que había hecho teatro clásico, tragedia griega me consideraba un actor de otro nivel, no para hacer telenovelas”
Pero poco a poco la televisión se empezó a volver más comercial y Carlos tuvo que decidir entre dejar la televisión del todo, o aceptar algunas de las propuestas de este formato. Fue así como empezó a analizar las ofertas y aceptó su primera telenovela que fue El Otro, en la que también participo el actor Pedro Montoya. Su personaje era un señor que usaba un turbante, fumaba mucho, mientras iba viajando en un barco.
En la década de los 70 se dio una transformación en la experiencia personal de Carlos Muñoz con una serie de proyectos de innovación; esto coincidió con la llegada a Colombia de actores extranjeros, argentinos, peruanos, españoles, personas que habían integrado compañías de teatro muy famosas, quienes venían atraídos por el boom de la nueva televisión colombiana. Entre estos, Eduardo Quintino, un actor argentino, casado con la actriz Irma Rodin, con quienes Carlos actuó en varios proyectos.
Paralelamente acá se estaban formando directores, adaptadores, libretistas y actores de muy buena calidad que recibían las nuevas ideas de los extranjeros. Por esa época llego otro personaje importante, David Stivel, quien dirigió una serie llamada Los Pérez somos así, donde Carlos trabajó. En esta época participó en un ciclo de adaptaciones de autores latinoamericanos.
Este proyecto lo recuerda con especial cariño porque considera que era un gran logro hacer telenovelas completamente diferentes a los melodramas de antes. El público colombiano recibió ese producto muy bien. Carlos interpretó a Pedro Camacho en La tía julia y el escribidor, adaptación de la obra de Vargas Llosa. Como la mayoría de sus personajes éste lo construyo durante meses, incluso se entrevistó con el autor de la obra para saber cómo este había concebido al personaje.
Después habló en varias ocasiones con el adaptador Juan Carlos Gene, escritor argentino, para darle los elementos característicos, la forma de hablar, de vestir, de actuar. Esta realización tuvo un gran éxito no solo en Colombia sino en países como Perú, la tierra de Vargas Llosa, donde se pasó dos veces en horario estelar. El escritor en varias ocasiones le comentó a Carlos su agrado con este proyecto, y le dijo que era tal como él lo había concebido. Contemporáneamente se hicieron otras obras de Rulfo, Benedetti, entre otros importantes autores latinoamericanos en formato telenovela, por lo que Carlos recuerda este periodo de finales de los 70 e inicios de los 80 como un momento importante para la televisión.
Paralelo a la televisión ha participado en cerca de 20 películas de largometraje entre películas colombianas, coproducciones con México, Venezuela, Italia, España. Recuerda Espagueti western, una película italiana que fue especialmente exigente porque hasta el director era italiano y no se podía comunicar con él.
Entre rancheras, en la década de los 80 empezó su época de mayores éxitos o quizá la más recordada por el público. De sombrero, botas tejanas y bigote mexicano es recordado Adán Corona, en la novela Pero sigo siendo el rey. Esta novela fue una adaptación de Martha Bossio del libro de David Sánchez Juliao, basado en las raíces mexicanas.
“Marta se encerró en su casa más de un mes a oír las rancheras mexicanas, los corridos de la revolución y con la letra de esas canciones armo toda la trama basada en la novela.”. Martha cuenta que en la construcción del personaje de Adán, Carlos fue muy responsable y dedicado a su trabajo; se reunió varias veces con ella y construyeron muchos de los diálogos juntos. Carlos hacía de Adán Corona, un hacendado con chaquetilla, sombrero, pañuelo en el cuello y fusta, que hablaba con letras de rancheras.
“Yo le decía a mi hija Maryluz llorando, que estaba desconsolado por un revés sentimental, ella venia a consolarme y yo le contestaba: ‘no hija, no, para de hoy en adelante el amor no me interesa, llevaré por todo el mundo mi dolor y mi tristeza’, que era la letra de la ranchera que se la decía en serio, y ese era el éxito de la novela, que no era una payasada”.
En esta novela su personaje andaba a caballo porque era un hombre de hacienda, lo que Carlos, un amante de la equitación, disfrutó mucho. Martha quedó maravillada con el trabajo de Carlos, quien hizo una interpretación impecable de lo que ella había plasmado en el papel.
Unos años más tarde el Padre Pio Quinto Quintero, entretuvo a Colombia en la novela San Tropel. Basada en una adaptación de la novela de Ketty Cuello, escritora de San Juan del Cesar en la Guajira; su novela era la vida del pueblo. Esta adaptación fue hecha de nuevo por Martha Bossio, quien desde el principio supo que Carlos era perfecto para el personaje, pues lo había visto interpretar a un cura en una película tal y como se lo imaginaba. El director de la novela era su amigo Bernardo Romero Pereiro, a quien Carlos admiraba profundamente y llamaba “el gran genio de la televisión colombiana”.
Cuando Carlos leyó los libretos de lo que sería su personaje, quedó fascinado y aceptó interpretarlo. Empezó a trabajar en su construcción; para esto sugirió cambiarle el nombre que originalmente era el padre Dávila, por el padre Pio Quinto Quintero. “Pio de piadoso, Quinto Quintero por la redundancia con la que se podía jugar”. A Martha Bossio le quedó sonando el nombre y decidió hacerle caso.
También surgió de Carlos la idea de que el curita se transportara en bicicleta que sería después parte del éxito de la novela. Ya bautizado Carlos continúo con la construcción del personaje, un reto actoral bastante grande puesto que requería un lenguaje específico. Tenía que oficiar matrimonios, entierros, bautizos, entre otras ceremonias religiosas. En la época de la novela, los años 40, la liturgia era en latín, por tanto si se quería hacer una buena interpretación de un cura Carlos debía aprender los términos necesarios en este idioma. Para esto consultaba a Jaime Ángel, su cuñado, quien pertenecía a la curia de Manizales.
El personaje fue un éxito, una gran satisfacción para Carlos “Después de que terminó, recibí una carta del Cardenal López Trujillo donde me daba las gracias a nombre de la iglesia católica colombiana por haber interpretado al padre Pio.” Según comenta Carlos este es el personaje más recordado, “el que más hondamente caló en la gente y yo lo atribuyo a que esta es una sociedad esencialmente católica, fue el padre Pio Quinto Quintero, porque es del que más me hablan, en la calle me preguntan por la bicicleta y me saludan Ave María Purísima.”. Tal fue el éxito de este curita particular que en alguna ocasión lo invitaron con todo y su sotana a oficiar una misa en el banquete del millón en Popayán.
Más adelante vino su último gran éxito, Epifanio del Cristo Martínez en Caballo Viejo, dirigida por David Stivel y escrita por Bernardo Romero Pereiro. Este fue el último proyecto en el que se le recuerda pues en este punto de su carrera se retiró para entrar a la política. Siempre le había llamado la atención ese mundo; de hecho afirma “Lo único que me hubiera gustado ser en caso de no haber sido actor, seria diplomático porque yo soy una persona muy analítica y siempre he admirado el mundo de las relaciones”.
A pesar de esto, años antes en una entrevista que le hizo Semana, manifestó su apatía por la política: "Si este país anda tal mal, algo de culpa deben tener quienes siempre lo han manejado. Por eso yo nunca he participado, ni participaré en política". Para explicar esta contradicción en su vida, dice que más que una decisión propia fue algo del destino, “la vida a uno lo va llevando por distintos caminos, un día mi amigo José Blackburn, me propuso que lo acompañara en una lista para el senado en las siguientes elecciones, y me insistió mucho y llegamos a un acuerdo porque a mí me interesaba mucho como actor, vivir la experiencia que puede vivir un candidato y echar discursos en la plaza pública”.
Su candidatura se produjo durante la grabación de Caballo viejo, por eso ocupó el quinto puesto en la lista para que no existiera ninguna posibilidad de ser elegido. La verdad era que ocupar el cargo político no era su gran aspiración, simplemente le parecía interesante vivir una candidatura. El tiempo libre lo dedicó a la campaña, estuvo recorriendo toda Colombia, fue a lugares como el Urabá antioqueño, Nariño y Boyacá.
Pasaron las elecciones y siguió grabando Caballo viejo. “una vez terminado mi proyecto, como a los tres años, José pensó retirarse del senado, me llamó y me dijo Carlos tu me vas a reemplazar a mí en el senado”Carlos no entendía porque sí el ocupaba el quinto renglón; antes de él había otros tres políticos que debían asumir este puesto, pero Blackburn le respondió“eso está arreglado, ellos son políticos de carrera y no les interesa entrar por poco tiempo”. Fue así como entró al senado, por un tiempo corto, más o menos un año; intentó proponer e impulsar proyectos que promovieran la cultura.
Curiosamente en ese momento, el año 1994, se estaba debatiendo la Ley de Televisión, que le daba vida jurídica a la Comisión Nacional de Televisión, creada por la reforma constitucional del 91, y algunos de los senadores empezaron a proponer a Carlos como miembro de la junta directiva de la comisión. Decían que era uno de los personajes nacionales más indicados para ocupar este cargo por haberle aportado toda una vida a la televisión y según Carlos fueron ellos mismos quienes se encargaron de hacerle campaña política. Salió elegido para cumplir el periodo de 4 años en la comisión, y el último año fue director de la misma. En este periodo Carlos firmó la licencia de operación de los canales privados.
El paso por la política significó para Carlos 10 años de ausencia de la actuación. Hoy revisa con nostalgia sus fotografías. Cada una tiene un significado, antiguos amigos, compañeros de escena que estuvieron cerca durante la época de mayor éxito profesional. Permanecer vigente en la televisión no es fácil, los actores de un momento a otro desaparecen y van quedando en el olvido, algunos vuelven y otros simplemente pasan a la historia. “Afortunadamente yo tengo una relación grande con los dueños de canales y la gente de toda la vida de la televisión. Creo que yo no he perdido la vigencia en el medio a pesar de haberme retirado. Aunque los sistemas han cambiado, ahora hay que hacer castings y toda una serie de requisitos que antes no existían”.
“…moriré actor”
Carlos Muñoz se niega a pasar a la historia, tras esta ausencia ha regresado a su verdadera vocación: la actuación. “Ahora que estoy volviendo a la actuación me he encontrado con la sorpresa de que hay una generación que no me conoce, antes en aquella época hasta los niños me reconocían, todo el mundo, pero tras esa ausencia, mucha gente no tiene idea de quién era Carlos Muñoz.” Hace un año terminó la telenovela infantil Cuando salga el sol, sin mucho éxito.
Al igual que El encantador, una miniserie para Caracol que estuvo al aire muy poco tiempo.. Por estos días está iniciando un proyecto con RCN llamado Chepe fortuna, espera que esta serie tenga buenos resultados, aunque como siempre afirma “el actor quiere a todos sus personajes por igual, independientemente de que sean o no sean reconocidos” Pero cree que si dará buenos resultados pues se trata de una novela caribeña, sin violencia, con lo que retornará a las novelas de su época de mayores logros.
“Nací actor y moriré actor”



Comentarios
Aracataka
30 Septiembre de 2010
12:11 pm
..muy interesante carrera la de Carlos Muñoz! muy interesante, profesional y apreciada su vida y sus logros...
..gracias por compartir tan valiosa información con todos aqui!
..saludos cordialisimos!!
moderador
29 Septiembre de 2010
3:30 pm
Gracias por el aporte y por recordar a este personaje que sobresale por su profesionalismo en tiempos en los que eso es lo que menos cuenta para estar en la televisión.