30 de Agosto de 2014
12 Enero de 2013 | En Imágenes | (Francia)

La casa de Gardel en el Abasto

La ultima vez que estuvimos en Colombia decidimos hacer “un alto” en Buenos Aires. Teníamos la libertad de una semana antes de dejar de nuevo el continente americano y Buenos Aires habia sido hasta entonces uno de nuestros principales proyectos de viaje.  

En Bogotá recordamos el concierto de Daniel Barenboim al pie del Obelisco de Buenos Aires. Lo habíamos visto en un canal internacional de tv. Esa vez nos habíamos prometido que no daríamos más plazo a nuestro viaje. Era claro que no queríamos conocer Buenos Aires por solo amor al tango y al currasco. Simplemente por el imperioso deseo de recorrer sus calles. 

Fue así como una vez superadas las horas de espera y los cambios en los aeropuertos de Bogotá, Lima y Buenos Aires, llegamos por fín un día de verano porteño a la calle Hipólito Yrigoyen. En esa larguísima calle cuya nomenclatura comienza en el número 1 y finaliza en el 4400 y más, dimos nuestros primeros pasos de argonautas en tierra argentina.

Ocho días en Buenos Aires no son nada. Por dónde empezar... buscar los pasos de Jorge Luis Borges ? Me desvié hacia Fontanarrosa cuyo "Boogie el aceitoso" no se consigue en ninguna librería de la ciudad. Ir al fútbol ? No era la época de los grandes torneos. Nos conformamos con algunas fotos en los estadios del Boca Juniors y del River Plate, y preferimos dedicar nuestras jornadas a caminar por la ciudad, después de haber tenido ese privilegio de penetrar a La Bombonera.

El problema es por donde empezar. Se puede comenzar por la Avenida 9 de Julio, la más ancha de América Latina, pero ahí es como pasearse por las grandes avenidas europeas,  pero ésta es más ruidosa y contaminada.  Es mejor observar la vida en la Plaza de Mayo, frecuentada todo el tiempo por grupos de manifestantes, cuando fuimos eran los excombatientes de la guerra de Malvinas. Adentrarse por las calles aledañas al Obelisco y a la Casa Rosada, sede del gobierno, también es una opción, para comer una pizza (la venden por todas partes) o cambiar moneda. En el 2012 un peso argentino equivalía a cuatrocientos cincuenta pesos colombianos. Una botella de agua era igual a cuatro pesos argentinos.

Un día decidimos descansar en la Plaza Miserere,  aunque también la rodea un tráfico permanente.  Ahí es simpático pues se puede dialogar con transeúntes de toda la América Latina: Brasil, Colombia, Perú y muchos bolivianos. Comprar mate en el mercado de las pulgas de San Telmo permite también disfrutar de un buen paseo. No hay que olvidar El Ateneo, un antiguo teatro convertido en librería.

Ir al barrio de la Recoleta  es indispensable para tener una idea del Buenos Aires burgués y por supuesto hay que visitar el muy chic barrio de Puerto Madero. Ahí vale la pena observar la transformación urbana que se está operando en Buenos Aires, a sólo unos cuantos metros de la Casa Rosada. El valor del metro cuadrado puede alcanzar ahí los mismos precios que en cualquier barrio de París (alrededor de 7 mil euros). Pero para cenar es mejor escoger un sitio más tradicional, en nuestra propia cuadra por ejemplo, cerca a la estación del Subte "Rio de Janeiro", o en el barrio de la Boca.  Pero no en el famoso Caminito, una especie de Montmartre porteño con mucho tango para turistas.

Ver y escuchar tango en Buenos Aires es el sueño de muchos hombres y mujeres, pero no era el nuestro. Sin embargo hay que admitir que no se puede pasar por Buenos Aires sin pensar en ciertos momentos de su historia tanguera. Fue por eso que antes de regresar a Bogotá lancé esta pregunta: “Che, querés visitar la casa de Gardel ? ”

La Casa Museo Gardel

La casa de Carlos Gardel está situada en pleno centro de la ciudad, a poco pasos del famoso mercado del Abasto, hoy convertido en centro comercial, entre los barrios Balvanera y Almagro.

Aunque se presenta como la casa de Gardel, ésta perteneció en realidad a su madre Berta Gardès. Carlos Gardel habría vivido ahí sólo unos años, entre 1927 y 1933. La casa tiene una fachada sencilla y desde afuera parece ser de un solo piso. Pero en su interior lo primero se ve es un patio de color amarillo bien conservado, con una pileta de antaño, que recibe unas escaleras hacia un pequeño segundo piso con dos cuartos. La casa colinda por el lado derecho con una “verdulería”, una tienda de frutas y verduras, y por el izquierdo con un taller de mecánica.

El gran centro comercial que se ve al fondo de la calle, en una esquina, vino a reemplazar el famoso mercado del Abasto que le dio la reputación de popular y de barriada al sector, el cual además abasteció a miles de inmigrantes europeos llegados a este barrio a comienzos del siglo XX.

Las guías turísticas se refieren a este sitio como a uno de los más inseguros de Buenos Aires en las horas de la noche. También lo era en los años de Gardel.

El día de nuestra visita alguien había abandonado una cama metálica armada al lado de una de las dos ventanas de esta casa convertida hoy en un museo dedicado al legado de Carlos Gardel, en el que, con excepción de algunos sombreros masculinos y de unos guantes, un “foulard”, un abanico, un estuche de perfume y un vestido de seda que pertenecieron a doña Berta, no hay nada más que pueda revelar la intimidad familiar de Carlos Gardel. El patrimonio del museo es ante todo inmaterial.

La vida pública del cantante en cambio se presenta en numerosos soportes. El genio de Gardel se percibe a través del tiempo en una guitarra, un piano, un gramófono, varios discos de pasta de 78 Rpm, registros sonoros, extractos de películas, alguna correspondencia, contratos firmados y en una vitrina bien protegida, la partitura del tango “Volver”, compuesta por Carlos Gardel y Alfredo Lepera o Le Pera. Gardel y Lepera fueron entrañables amigos y colaboradores hasta su muerte, ocurrida el mismo día a la misma hora. Ellos viven más que Doña Berta en esta casa. Se los ve en fotografías, sus nombres aparecen en citaciones, cartas.

La casa museo exhibe también numerosos recortes de prensa que recuerdan la estrella mundial que fue Gardel. Se puede ver en particular una foto en la que aparece el compositor Astor Piazzolla adolescente, al lado del cantante de tango. La foto fue tomada en Nueva York durante el rodaje de la película “El día que me quieras”, meses antes del fin trágico de Gardel.

Este sucedió el 24 de junio de 1935 en el Aeropuerto Olaya Herrera de Medellín. El avión en que viajaba Carlos Gardel acompañado de Alfredo Lepera y otras 11 personas, se estrelló contra otro aparato cuando éste se hallaba “carreteando aún en tierra”. Gardel venía de una gira en Bogotá y se dirigía a Cali en donde iba a presentarse en la noche en el teatro "Jorge Issac". Luego seguiría hacia Buenos Aires. Medellín era apenas una escala técnica decidida a última hora por el piloto.

Los recortes de periódicos colombianos y argentinos de los escombros del avión y de los funerales que le hizo la ciudad de Buenos Aires como ella sabe hacerlos, cierran el ciclo de la exposición que comienza con una citación de la partida de nacimiento, enmarcada, del más famoso compositor y cantante de tango del siglo XX. De hecho la prensa francesa había vuelto hace poco a esta filiación de Carlos Gardel con su país natal :

“En Toulouse, ciudad sureña de Francia ubicada a orillas del rio Garona y en las cercanías de los Pirineos, nace Charles Romuald Gardés el día jueves 11 de diciembre de 1890. La copia de la partida de nacimiento dice así: El once de diciembre de mil ochocientos noventa, a las dos, nació Charles Romuald Gardès en el Hospital de La Grave, hijo de padre desconocido y de Berthe Gardés, planchadora, nacida en Toulouse y domiciliada en la calle del Cañón d’Arcole nro 4, Toulouse”.

Luego de su casa en el Abasto, queda el cementerio de la Chacarita, donde está enterrado. Una estatua de tamaño natural de Carlos Gardel domina una esquina en ese cementerio algo francés. Los nostálgicos suelen dejarle un cigarrillo prendido en su mano derecha como un homenaje. Nosotros no lo hicimos pues no conocemos a Gardel hasta ese punto.

Carlos Gardel y Buenos Aires… Sin tener los poderes de un médium se puede sentir el espirtu de Gardel en el ambiente. No hay que ser tampoco un apasionado de tango para amarlo. Solo hay que dejarse llevar por la música, de Gardel o de Barenboim, ambos porteños de corazón.

 

 

A bientôt

MH Escalante

Por: Francaditalia

VOTOS: 8
Cómo le pareció esta publicación?
Su voto: Ninguno (8 votos)

Opiniones

13

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión. Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado. Regístrese o ingrese aquí

Comentarios

Dorita1923

Dorita1923

13 Enero de 2013
3:55 pm

que buena nota, saludos y siga deleitándonos con sus variados temas.

Francaditalia

Francaditalia

14 Enero de 2013
7:36 am

Es la variedad de soyperiodista.com. Saludo cordial.

jogafi

jogafi

13 Enero de 2013
11:51 am

Gracias Franca por la nota, la verdad inspira e invita a conocer,,,
Saludo Cordial.

Francaditalia

Francaditalia

13 Enero de 2013
1:22 pm

Tu, que ama que el vuelo y los aviones, cap "vers" Buenos Aires. Saludo cordial.

eugenio miltorres

eugenio miltorres

13 Enero de 2013
9:35 am

Mi Buenos Aires querido...que buena nota Franca,es que tu eres periodista de profesion y vocacion ,por eso me encantan tus notas,exentas de odio,de sufrimiento y expones en tus articulos todo el talento que muchos quisieramos tener. Es un honor compartir el portal contigo.

Francaditalia

Francaditalia

13 Enero de 2013
1:21 pm

Apreciado colega Eugenio, el periodista no nace, se hace, y se deshace, se compone y se descompone, nada nos pertenece, ni siquiera nuestra camisa. Saludo cordial.

luifernd

luifernd

12 Enero de 2013
8:04 pm

FRANCADITALIA ahí va esto:
Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno
son las mismas que alumbraron con sus pálidos reflejos
hondas horas de dolor
y aunque no quise el regreso siempre se vuelve al primer amor
... Volver con la frente marchita
las nieves del tiempo platearon mi sien
Sentir que es un soplo la vida que 20 años no es nada...
Felicidades!!!

Francaditalia

Francaditalia

13 Enero de 2013
5:21 am

La globalización Luisfernd acabó con las economías nacionales pero también con el viejo sentimiento de la nostalgia. Ahora vamos y volvemos en pocas horas, mi casa está en cualquier parte del mundo. Felicidades.

antonin

antonin

12 Enero de 2013
1:24 pm

Buena tu nota,Franca... Hace apologìa a la època dorada del tango y a uno de sus màximos exponentes:El zorzal criollo,Carlos Gardel.
Cuantos recuerdos gratos vienen a mi memoria leyendo tu nota... Recuerdos imperecederos de mi padre que me sentaba en sus rodillas y me dormìa cantandome: Caminito,volver,el dìa que me quieras,adiòs muchachos y muchos temas de este insigne caballero del tango.
Mi padre tenia una bonita voz y llego a cantar en griles y bares de la ciudad y a pesar que tenia buena tesitura y color de voz,nunca llego a grabar profesionalmente.
Se me empañan los ojos al leer tu escrito y agradezco infinitamente la descripciòn que haces de la casa de Gardel y algunos lugares de ese Buenos Aires que siempre he querido conocer... Con tu nota reviven los deseos de ir a esa ciudad.

Francaditalia

Francaditalia

13 Enero de 2013
5:16 am

Antonin, Buenos Aires está muy cerca de tí. Buen viaje.

Francaditalia

Francaditalia

12 Enero de 2013
10:07 am

Como bien lo dices Sandra Mercedes, el tiempo es un soplo, l

Francaditalia

Francaditalia

12 Enero de 2013
10:08 am

y este teclado se va mas rápido que el tiempo. Gracias por tu comentario. Saludos mil.

Sandra Mercedes

Sandra Mercedes

12 Enero de 2013
9:41 am

Hermoso relato respecto a uno de los emblemas Argentinos. Y las fotos son maravillosas, porque recogen momentos en el tiempo y nos hacen sentir " Que es un soplo la vida que 20 años no es nada" "Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez". Gracias.