

Es bonito tener un festival más en Cali. Demuestra que la gente recupera cada día más la capacidad de asombro y deleite frente a las expresiones dulces de la vida.
Además que este IV Festival Internacional de Ballet no es común y casual. Tiene un gran nivel, con la participación de 17 compañías de 12 países, en donde se demuestra que la danza es y será una de las formas más bellas y complejas de expresar el interior humano. La inauguración fue espectacular, pues la Plaza de Toros albergaba quince mil espectadores, los cuales fueron deleitados por 4 grupos; dos colombianos, un alemán y el cierre fue de un español. Este último se despidió en medio de una abrumante ovación por el nivel tan bello que se vio durante la noche.
El martes se presentaron unos argentinos, los cuales narraron una historia violenta, triste pero increíble por medio de sus torsos desnudos. El tema central era la soledad, el cual fue expresado de manera tan neurálgica que en medio de la presentación y rodeado de varias decenas de personas, el espectador se llegaba a sentir solo y abandonado. Terminaron su presentación con un baile elegante pero moderno, mientras sus cuerpos eran movidos por acordes de una mezcla curiosa y mágica entre milonga, electrónica y clásica. Uno sabía que este espectáculo no lo volvería a ver, pues era un perla entre las perlas, no por su perfección sino por su originalidad.
La verdad me considero una persona abierta y tolerante, pero como será la belleza del festival que por primera vez me emocione con personas orientales, que son el único prejuicio que me atormenta. La pareja de paticorticos, según la loruda que estaba a mis espaldas, tenía unos movimientos impecables, limpios como ellos solos y gozaban de una sincronización magistral. En la mitad de su primer acto, mi piel se erizo, mi corazón bombeaba sangre con mucha mayor frecuencia y mi cabeza me reprendía por haber cargado prejuicio alguno contra esta raza. Hoy les reconozco muchísimos defectos, pero si son capaces de exportar lo que vi esta noche, de ahora en adelante les tendré el mismo respeto como a cualquier otra raza.
El festival es lo que Cali necesitaba hace mucho tiempo para poder revivir nuestro orgullo ciudadano y que sus habitantes puedan gozar de un espectáculo de la calidad y compromiso como el que se está celebrando. Pero como todo tiene que tener su lunar, es muy deprimente la poca asistencia joven que hay, pues el promedio de edad de las salas es bastante alto, mucho mayor a la supuesta popularidad por buenos resultados de nuestro amado mesias…presidente.



Comentarios
moderador
1 Julio de 2010
10:28 am
Muchas gracias por compartir estas imágenes con los usuarios de Soyperiodoista.com