

LOS TRATADOS DE LIBRE COMERCIO DEBEN BENEFICIAR A LAS PERSONAS
Recientemente, Colombia suscribió contratos comerciales con varios países. Aquél sobre el cual se había especulado tanto, pendiente por firmarse con Estados Unidos, por fin fue ratificado. Si alguien sufría por él, es el gobierno colombiano, que según sus cálculos puede generar un beneficio promedio a sus ciudadanos. Es promedio, porque según las cuentas estatales, pequeños comerciantes nacionales y exportadores de poca escala, resultarían perjudicados hasta el punto de tener que cerrar sus empresas, en comparación con el beneficio de grandes empresarios generadores de empleo. Seguramente el Gobierno ya ha sido informado sobre la incidencia de algunas importaciones con cero arancel sobre la producción nacional y también ha hecho sus cuentas y ha solicitado sus asesorías.
Durante el Gobierno de César Gaviria, se creó la figura de la libertad global, mal llamada “apertura económica”; abriendo las puertas a todo producto que quisiese entrar al país desde cualquier parte del mundo; creando con esta ligereza gran recesión y quiebra física de grandes empresas, entre ellas las tradicionales y emblemáticas textileras de Colombia, como por ejemplo Pepalfa, s.a.; y, otras que tuvieron que fusionarse para sobrevivir, tal es el caso de Fabricato-Tejicóndor. Decisión gubernamental aquella bien errática que tomó a los empresarios nacionales desprevenidos y sin poder realizar sus actualizaciones tecnológicas para enfrentar el libre mercado.
Ahora, se han ratificado convenios con Canadá, Corea y se encuentra en proceso otro bien peligroso cual es China. Con una gran economía como es Estados Unidos, su proximidad geográfica beneficia a Colombia; dado que presupone disminución sustancial en costos operativos de transporte, su principal componente y que desde este país se surta al resto del mundo.
Entre abrir las fronteras de manera general e irresponsable y sin ninguna condición o contraprestación como lo hizo Gaviria, o realizar convenios previos, son preferibles éstos; toda vez que al menos quedan por escrito algunas condiciones de retribución mutua.
En realidad, la globalización implica mucho compromiso serio por parte de los comerciantes del mundo y, en especial, por aquellos países en desarrollo cuyos productores nacionales han logrado desarrollar a pulso y mediante investigaciones sacrificantes una especie de tecnología, modus operandi o “know how” para poder ver cristalizadas sus creaciones. Pero también es la oportunidad de que estos pequeños empresarios conozcan, identifiquen y comparen sus productos elaborados bajo otra especie de tecnología, a la cual se pueden adaptar si así lo desean en el corto o mediano plazo, puesto que las mismas fronteras que sirvieron para cuestionarse, permanecen abiertas para importar los medios de producción necesarios.
En principio, en el cuerpo del Tratado no debe faltar dentro de la lista de las prohibiciones de importación los productos agrícolas, sobre todo aquellos que se han producido por tradición en el país, con el fin de proteger esta única economía de la familia campesina. Igualmente, se debe brindar la oportunidad de que éstas puedan exportar sus excedentes; para lo cual, debe haber también una lista de permisiones, para evitar un desabastecimiento interno ante una posible buena remuneración externa.
Los tratados de libre comercio independiente del país con quien se suscriba, deben ser de beneficio recíproco; porque entonces se perdería la esencia de contrato; y, debería suscribirse con el fin de abastecer un defecto de oferta interna o para colocar en esos mercados remanentes de producción nacional; o, también, para ofertar aquellos bienes que no existan en el país o que no reúnan internamente los estándares de calidad o precio.
Referente al precio, es probable que algunos productos hechos en el país o en vía de producción o que figuran en el comercio, resulten inalcanzables para el común de las personas, como el caso de ciertos productos bancarios que sólo se ofrecen a aquellos usuarios que demuestran por anticipado una capacidad real de compra; como por ejemplo el crédito de inversión para pequeños productores; o bienes que existiendo las condiciones legales y logísticas, sus productores potenciales no deseen sacarlos al comercio; como por ejemplo la vivienda de interés social, tan esquiva para los banqueros de este país.
Por encima de los tratados están las personas; y se debe tratar es de satisfacer sus más preclaras necesidades; las cuales, de acuerdo al mundo moderno, no son ya sólo primarias, sino también secundarias y terciarias. Es decir, se debe permitir el ingreso de aquellos bienes de consumo que hace falta al ser humano para existir dignamente, acorde a una carta política, a un entorno socioeconómico y a un presupuesto familiar; siempre que reúna el producto ofrecido, las condiciones de bueno, bonito y barato; pero ojalá estas tres condiciones se obtuvieran en la producción nacional, para que los puestos de trabajo existentes no se disminuyeran; ni tampoco, los productores tradicionales, iluminados por el arrebato de la facilidad del ingreso y cambiando su objeto social, se les ocurra cerrar sus empresas, vendan sus medios de producción, y monten otra parafernalia de empresa, dedicada a la distribución interna de bienes importados, en detrimento del empleo, cambiando su objeto social de productores a revendedores. ///.


Comentarios
luisalejandrodiaz
13 Noviembre de 2011
8:15 am
No hay reversa en una economía sin subsidios ni garantías.
Norman Alexander Agnär
18 Noviembre de 2011
9:21 pm
Los subsidios son para quienes no los han pedido ni los necesita.
Aracataka
12 Noviembre de 2011
9:37 pm
..asi es, ya no hay reversa, el mal ya esta hecho y a largo plazo!
Norman Alexander Agnär
18 Noviembre de 2011
9:21 pm
Hay que meter cambio de fuerza
Norman Agudelo
12 Noviembre de 2011
2:32 pm
Quizás, la política estatal haya sido razonada previamente, porque ya no hay reversa.