

Sí. El triunfo del socialista François Hollande en Francia no es un simple cambio de presidencia o de partido político, de derecha a izquierda. Es, una revolución, un tsunami que sacudirá los cimientos de la Europa conservadora dirigida con mano de hierro por el eje franco alemán. Una revolución que no está sola. El pasado domingo, el gobierno conservador de David Cameron sufrió una severa derrota en las elecciones locales. En Gracia, la derecha gobernante perderá su hegemonía y tendrá que pactar, seguramente con los socialistas, un gobierno de coalición. Estos son hechos cumplidos.
En la propia Alemania, el Estado Federado de Schleswig-Holstein, donde gobernada el partido de Meckel, votó hoy en favor de los socialdemócratas y a nivel nacional, la formación política recién formada “Los piratas”, los contestatarios, afines ideológicos de los socialistas franceses, ya hacen parte del parlamento alemán.
Se perfila en el horizonte el triunfo de la socialdemocracia en Holanda, Italia y quizá en la propia Alemania una vez roto el eje franco alemán. Sumémosle a esta situación ese 5% de ciudadanos europeos que y han elegido gobiernos de izquierda: Dinamarca, Austria, Bélgica, Eslovenia y Chipre.
Este panorama de cambios en toda la Unión no tendería la importancia que hoy tiene sin el triunfo francés, pues representa ni más ni menos el contrapeso a la Alemania de Ángela Merkel, la potencia que hasta hoy había utilizado a Francia, la segunda potencia económica de Europa, para imponer una severa política de ajuste económico como política para reducir el déficit y salir de la crisis, dejando atrás el crecimiento económico, bandera que recogió el socialista François Hollande como fórmula para crear empleo y reactivar la devastada economía europea.
El cambio en lo económico es fundamental. La Alemania de Ángela Meckel y la Francia de Nicolás Sarkozy habían impuesto, a través de La Troika, organismo formado por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Unión Europea sus políticas neoliberales, llevando a la quiebra total de los países periféricos, quienes tuvieron que ser rescatados (Irlanda, Grecia, Portugal), a costa de la pérdida de la sus soberanías y de el desmantelamiento total del Estado de Bienestar, orgullo de Europa en las últimas décadas.
Una vez trituradas las economías de estos países, su vista se posó en Italia, pero sobre todo en España, con la complicidad del Partido Popular, que aplica un agresivo programa de austeridad que va desde el aumento de la edad de las jubilaciones, la congelación de pensiones y salarios, insensibles recortes en educación y salud, hasta la privatización de las empresas públicas. Acosada por los mercados, las agencias de calificación, los especuladores financieros y la Troika, España es el ejemplo de todo lo que ha sucedido en toda la Unión Europea.
Alfredo Pérez Rubalcaba, líder de la oposición, al fijar sus esperanzas en el triunfo socialista en Francia, ha explicado que los recortes en el país ibérico hacen parte de la aplicación ideológica de las recetas del neoliberalismo. La estrategia consistiría en llevar a la quiebra a los organismos de salud, educación y empresas estatales de todo tipo para después venderlas a precios de ocasión. El cambio ideológico que conlleva el oponerse a los recortes y control del déficit como fórmulas para salir de la profunda crisis económica, para apostar por la inversión en obras públicas, en educación, en salud, el energías renovables y la creación de empleo que ha ganado impulso con el triunfo de Hollande, deja Alemania sola y a los gobiernos pro liberales que aun quedan en pie en la disyuntiva de aceptar el crecimiento o desaparecer.
También en política migratoria las cosas cambian radicalmente. Mientras Sarkozy reniega de ella y promete reducirla a su mínima expresión, Hollande lleva en su programa el derecho de los inmigrantes a voto en las elecciones locales, política que ya implementó en España el gobierno socialista de José Luis Rodríguez zapatero. Como fiel servidor, el ejecutivo de Mariano Rajoy aprobó hace algunos días la suspensión de la tarjeta sanitaria los inmigrantes ilegales. Alentados por el triunfo socialista francés, el País Vasco y Andalucía, gobernadas por socialistas, fijaron ya su rebelión a está política estatal y no anunciaron que no retiraran la tarjeta sanitaria a los sin papeles, pues consideran que todo ser humano tiene derecho a los servicios mínimos donde quiera que vivan. Además, han decidido demandar ante el Tribunal Constitucional las reformas neoliberales aprobadas por el Partido Popular en concordancia con Berlín y el actual gobierno de Nicolás Sarkozy.
El propio gobierno de la Unión Europea, con sede en Bruselas, consciente del cambio de mentalidad europea, le ha abierto las puertas al crecimiento económico, a pesar de Merkel, y estudia ya un plan de inversión de un billón de euros en los países con dificultades financieras, más los fondos estructurales que hoy por hoy no se invierten en políticas de crecimiento entre los países miembros. Bruselas, pues, se mueve hacia las tesis de izquierda empujada por la marea socialista francesa.
Los millones de desempleados, los pensionistas, los estudiantes, los obreros activos, los dependientes, los trabajadores de la cultura, los pequeños empresarios, los deudores hipotecarios, los campesinos y toda esa masa de europeos que han visto reducidos sus derechos económicos y sociales con el ascenso al poder de los conservadores en la mayoría de los países europeos, ven ahora con esperanza este triunfo de Hollande, que sin embargo, si no se gestiona bien las esperanzas de millones y millones de víctimas, trae implícito el peligro de la extrema derecha dispuesta a dinamitar la Unión Europea y su estado de Bienestar en beneficio de la empresa privada y sus oscuros intereses a nivel internacional.
También Latinoamérica encontrará más receptividad en la nueva Europa. Sus gobiernos, en su mayoría de izquierda, que en Europa llaman despóticamente populistas, abogan por la nacionalización de sus empresas estratégicas y ostentan un panorama de crecimiento económico y de reducción de las diferencias sociales y económicas de sus pueblos como Brasil, Venezuela y otros países. Es la senda que propone Hollande y que afectará de una u otra forma el propio panorama económico de Estados Unidos y con este el manejo de la economía mundial de la mano de una ideología diferente a la del enriquecimiento sin límite de las castas dominaste en Europa y el resto del globo. No. No es este un simple cambio de gobierno. Es una revolución en toda regla, esperanza de muchos hombres y mujeres del mundo afectados por las recetas inhumanas de la actual política económica.
En cierta forma, todos los movimientos de izquierda que han triunfado en Europa, incluidos los británicos, se ven avalados por Hollande, y los que están por decidirse en elecciones populares reciben un impulso que ya nadie podrá parar.
@arturopradolima


Comentarios
gabrielaprado
10 Mayo de 2012
4:46 am
Tienes toda la razón, La rabia organizada a través de la alegría puede ser el coctel que desate la conciencia social.
gabrielaprado
10 Mayo de 2012
4:44 am
La consigna de tu articulo anterior de "defender la alegría y organizar la rabia" se hace extensiva ahora a todsa Europa.
Un abrazo
luisalejandrodiaz
7 Mayo de 2012
11:42 am
Muy buen análisis político de la Europa en crisis.
Aracataka
6 Mayo de 2012
7:27 pm
..amanecerá y veremos! la esperanza es lo último que debemos perder! ..uno que se va otro que llega!!
..la idea generalizada es el enriquecimiento y bienestar de cada uno de los que gobiernan y sus partidos! no importa dónde! despues de llegar al poder, fácil es no cumplir lo propuesto, las masas siempre se han quedado con los crespos hechos...la ola del enriquecimiento de la empresa privada sigue creciendo en todo el mundo..la brecha entre ricos y pobres es cada vez mas ancha...
..interesante su participación de hoy Sr Prado Lima....gracias mil!
..saludos cordiales..
ARTURO PRADO LIMA
6 Mayo de 2012
5:24 pm
Ha esta hora ya se ha confirmado un 52% sw loa votos pR Hollande. Sarkosy se ha despedido.
osgir
6 Mayo de 2012
1:53 pm
Excelente análisis para comprender la ley del más fuerte.