



Con el fallo de la Corte Constitucional de despenalizar la dosis mínima de estupefaciente, o sea, que no hay sanción alguna para la persona que las autoridades de policía le encuentren un gramo de cocaína o 20 gramos de marihuana, que es lo que constituye según la Corte la dosis mínima de alucinógenos, que se le permite portar o consumir a las personas adictas.
La Corte a cambio de la penalización establece que la persona sorprendida con la dosis mínima debe ser conducida por las autoridades a un centro de rehabilitación. ¿Y dónde, pregunto yo, están esos centros de rehabilitación? Los que existen ya están colmados de drogadictos y son pocos en el país.
De manera que seguimos en el limbo, al parecer, con este concepto de la Corte, la droga queda legalizada, porque ya no es delito portarla ni consumirla, por lo menos una mínima dosis, ahora bien ¿Y quién proporciona esa dosis mínima? Como decía Cantinflas “Ahí está el detalle”.
Según los analistas la Corte precisa que el adicto a la droga es un enfermo, y que se le vuelve un mal necesario el consumo de estupefaciente, por lo tanto, con penalizarlo no va a dejar de consumir droga y tendríamos las cárceles atiborradas de drogadictos. Lo cierto es que en los centros de reclusión es donde más droga consumen, más barata y de mejor calidad.
Pero ¿A dónde van a conducir a quienes encuentren con la dosis mínima? Entonces, ahora con la droga semilegalizada pueda que aumente el número de personas que se inclinen por los alucinógenos, o sea, que se favorecerá el consumo en masa con las consecuencias que origina la drogadicción.
El problema es bastante complejo, y el fallo de la Corte debió darse después de un profundo análisis en el que hubiese intervenido todos los estamentos gubernamentales que pudiesen socializar la ambigüedad de la drogadicción (venta y consumo).
En los Estados Unidos el consumo de droga es normal y en las tiendas venden los aparejos para su consumo, como se venden las armas, sin embargo, los gringos penalizan ejemplarmente a quienes la comercializan, sobretodo si son colombianos, y hostigan la mercantilización de la droga, pero permiten su consumo.
Como lo dije en un artículo anterior, la hoja de coca disecada era de uso medicinal por la década del 60, y se vendía en las tiendas en bolsitas de celofán, como se vende aún la canela, el tilo, la manzanilla etc., y la marihuana igualmente se usaba para las dolencias musculares y articulares y los golpes, pero eran otros tiempos. En la actualidad vivimos en una sociedad de consumo que poco o nada le importa que la humanidad se destruya con tal de conservar su objetivo.

