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18 de Mayo de 2013
18 Julio de 2012 | Noticias | (Colombia)

El tradicional 'Caldo de Puntillas'

El tradicional 'Caldo de Puntillas'
Foto:dianasaha blogsport.com

Los grandes, importantes y significativos acontecimientos que se encuentran marcando el derrotero nacional, tal parece ser, que no revisten la trascendencia y la profundidad que debiera de dársele y el simbolismo que representan los hechos de delicadas consecuencias, que están sucediendo en el Cauca materializando la disposición sentida de los indígenas de tomar partido directo y ser actores inmediatos en defensa de sus derechos entre las fracciones armadas que se disputan la “soberanía” y el territorio de su hábitat milenario y ancestral en busca de “construir la paz”.

Colombia es un país de contrastes dado a la inmediatez, a los hechos visuales y sonoros que impactan y a las palabras amañadas y huecas con veneno cargadas de falacias e interpretaciones subjetivas y de pre-juicios, satanizando acciones e interpretando a su amaño y acomodo en opiniones insulsas y febriles dadas por nuestro Ministro de Defensa sobre los hechos y las “acciones ejemplarizantes frente a la violación constitucional” y el “cacarear” insinuante de los medios de comunicación televisiva, periódica y radial de hechos que no desmienten una profundidad clara de un fenómeno macro social que ha estado marcando la debilidad de un “Contrato Social” mal establecido y una ausencia sentida de falta de Estado que se devora a la nación y crea, por obvias razones, un descontento generalizado de la población que sufre directamente los avatares de la guerra sin sentido, en la cual, todos hemos estado involucrados, bien, por ser los que colocamos los muertos de turno, o bien por aquellos, que, indiferentes con sencillez y apatía nos encontramos ocultos en las grandes ciudades acomodados en nuestras casas defendiendo nuestras propiedades y disfrutando del ocio improductivo frente a los últimos adelantos tecnológicos, ajenos a la realidad que está minando nuestra propia supervivencia de seudo- sociedad- acomodada, ciega, sorda y sin habla; es decir, sin criterio de sentir la necesidad apremiante de libertad e independencia que tanto nos hace falta, ajenos, incluso, a nuestra propia existencia y nuestro propio futuro dejándolo en manos de ineptos y corruptos que carcomen nuestra nación.

Los hechos de Toribio, Jambalð, Argelia y Caloto, entre otras poblaciones, requieren de un análisis y una profundización - no mediática - sino trascendente, de reflexión concisa y clara objetividad. El fenómeno que se está presentando solo sucede en nuestra patria dolida y en una muestra del fracaso de nuestra institucionalidad. Las imágenes - por todos conocidas - deja en “nocaut” nuestro estado de Hecho y de Derecho dentro de un ambiente enrarecido claro-oscuro de detritos que se están descomponiendo, en donde la representación de la fuerza pública del Estado, se encuentra en indefensión, frente a las garantías constitucionales que les asiste a una minoría étnica y de hecho a toda la población sustentada en la constitución, dejando sin piso y en estado ambivalente los derechos y deberes de todos, aflojándose peligrosamente las bisagras de nuestras propias seguridades, bien en aquellos que deben defender la constitucionalidad, y de aquellos que requieren de dicha seguridad para el usufructos de sus propios derechos ganados como miembros del complejo social.

Tal parece ser, que en el fondo del “meollo” y ante los hechos palpables nuestro sistema está “haciendo agua”. No se haya, no se encuentra, no se proyecta ni predice, sencillamente estamos quedando en un vacio inconstitucional sin sentido en medio de la oscuridad a puntos de ser “tragados” por un “agujero negro desconocido”, por una jurisprudencia enajenada al delito, en un ejecutivo que impone y no propone medidas de mejoramiento social y en una legislación que cada vez se aparta en legislar con equidad y en beneficio de todos anclada en sus intereses particulares y corruptos de espaldas a la sociedad.

Aquí, frente a este fenómeno, no se trata de buscar culpables, ni ganadores y perdedores, ni derechistas, gubernamentales o izquierdistas. Se trata de una reorganización estatal y social de cara a la comunidad y en beneficio de la misma. Es lamentable ver como dos fuerzas que deberían ser símiles: la sociedad y el Estado, se muestran antagónicas e intransigentes en sus proyecciones, anulándose entre sí su misión y sentido, su propia filosofía, el valor y la entrega como principio, excluidos - por fuerzas ajenas - en su misión en defensa de la constitución - por parte de los militares - y negándose su propia seguridad - de parte de los indígenas - que la fuerza pública debe de darles en su función de preservar la vida, honra y bienes de su comunidad. Esta es la cuestión y el fenómeno que debemos de profundizar, es el “caldo de puntillas” que todos estamos siendo obligados a tragar.

Este fenómeno no se mide por las circunstancias inmediatas que asombrados percibimos de los hechos. El fenómeno radica en las políticas corruptas del pasado, de la dejadez y abandono de las poblaciones por parte del Estado, de la corrupción galopante que tiene , ha tenido y tendrá la costumbre de apropiarse de nuestros bienes sin pistola pero con “política amañada”, del consecuente neoliberalismo, de la guerra endémica que hemos sufrido por generaciones, de los politiqueros que quieren volver a sus andanzas con el voto popular en busca de su propio poder, creando así, el caldo de cultivo y la facilidades en el desajuste social de fuerzas foráneas y oscuras que sabrán pescar en río revuelto en detraimiento de nuestro futuro, progreso y seguridad regidos por una constitución de letra muerta como bien mostrenco.

La confrontación no está entre “bastones de mando” y “fusiles”. La confrontación se encuentra entre una sociedad excluida y un Estado, Nación y gobernabilidad ajena a los intereses generales de bienestar y progreso de toda la comunidad en su conjunto.

“...es decirles con las razones que nos asiste que nos cansamos de la guerra y no aguantamos más. Que los armados se vayan para que nos dejen construir la paz”

¿La impotencia de las armas frente a la exclusión del oprimido?

Algo tendrá que “cocinarse” y de seguro ningún “caldo de puntillas”: Amén

Por: CARLOS ALBERTO PINO RIVERA/

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Comentarios

Aracataka

Aracataka

18 Julio de 2012
4:11 pm

...muchas enormes verdades dice Usted!!
...desgraciadamente para los colombianos este problema ancestral de los indigenas, ahora tiene otra cara...una cara aun mas horrorosa que todas las anteriores...! una cara en donde se ven, no solo las miserias del cuerpo, sino las de las almas....todo ha cambiado para mal!!

Adri83

Adri83

18 Julio de 2012
9:03 am

Aqui mas que "la impotencia de las armas" està predominando es el poder corruptor del dinero, y quiza una "amenaza con armas" para que estos pobladores actúen de esta forma. La ley debe ser para todos, no estan actuando con ella.
Aqui algo huele muy mal, y mas allà de estar cansados de la guerra o defender sus tierra, estan protegiendo a alguien y no precisamente a las hermanitas de la caridad...

Aracataka

Aracataka

18 Julio de 2012
4:07 pm

..no cobe la menor duda....ese es el verdadero problema de fondo! tan antiguo como la colonia...

osgir

osgir

18 Julio de 2012
7:28 am

El cocido ya está y por los olores que expele: quedó mal hecho.

Dhiego Fdo.

Dhiego Fdo.

18 Julio de 2012
1:32 am

Hablando en términos sencillos y directos.
Un absoluto respaldo a la identidad de los indígenas, quizá el fondo del asunto sea tan sencillo, como deducir que los indigenas igual son seres humanos y algunos son igualmente corruptibles y manipulables.