



Cuando se habla de una reformación social y más por este tiempo, se viene a la mente miles de jóvenes y demás idealistas algunos con mascaras de Guy Fawkes detrás de unos computadores “compartiendo” su rechazo por medios de dispersión como es Facebook y twitter, pero aparte de este movimiento de comportamiento virulento, en algunos seguido por moda o como un eco en el vacío tan estrepitoso que gobiernos corruptos han venido creando bajo políticas neoliberales y de enajenación, también se viene creando un nuevo movimiento, este no trata de una ética común o de marcar un alto a las distintas relaciones de poder que por milenios han gobernado al hombre, son que mas bien tratan de re-encauchar viejas tendencias de la ilustración que mediante un tubo y alguna mala interpretación cae en los grupos fascistas que ya han recorrido la mente euro-occidental.
Colombia, como país potencia en conductas y políticas estúpidas y maleantes no es la excepción, se trata de un nuevo concepto neo-fascista como muchos lo habrán escuchado por parte de algún ente raro en una esquina de dudosa reputación repartiendo panfletos mientras desde nuestra visión cristiana y satanizadora lo vemos como un bicho raro, un bicho que esta fuera de esta UNIDAD colombiana de la cual todos somos parte. Y es aquí donde esta ideología que llevaba a la praxis se vuelve una política empieza a cobrar tanto sueldos, como adeptos y lo que es aun más grave: vidas.
Todo este proyecto se escuda como todos las grandes luchas maquiavélicas en focos de poder que bajo el escudo de implantar una unidad nacional donde todos los colombianos somos iguales, que Colombia es pasión, que nuestra riqueza se escuda en nuestra latinización la cual se muestra como una ofrenda a la grosería, brutalidad, mal gusto y pereza. Y siendo así, lo único que queda es importar modelos la mayoría de ellos gringos, los cuales nos muestran que teniendo un cumulo de defectos aun se puede dominar al mundo –así sea con terror y bombas- el problema con estas políticas tan debidamente implantadas en nuestro pueblo colombiano radica en el momento cuando personas que no encajan en esta dichosa “unidad” empiezan a ser localizadas.
La pregunta seria: ¿existen colombianos que no encajan en dicha “unidad”? desde luego, uno de las más grandes garantías que ha visto nuestro país fue la constitución del 91, donde se contemplaba a Colombia como un país diverso y fuera de eso se promovía la protección de dicha diversidad. Esta enmienda que suena tan bonita a los oídos de todo el que la lee es el terror hecho ley del oscuro movimiento político que desde más o menos la última década promueve y dicta la política de país.
Un ejemplo claro y conocido –a medias- por todos, es el reciente enfrentamiento de esta gran masa de unidad que se llaman colombianos contra los indígenas del Cauca. Por una parte se mostraba al indignación de un guardaespaldas de los empresarios, esos que se hacen llamar “héroes de la patria” al haber sido desalojados por los vivientes que desde hace siglos co-habitan en esta tierra llegando incluso a desarrollar conductas violentas por parte de cada uno de los sectores que hacen parte del conflicto: los narco-terroristas que se hacen llamar guerrilleros, los custodios de la inversión extranjera que se hacen llamar soldados y la población civil que los colombianos llaman de manera peyorativa “indios”.
Es en medio de esta dinámica social cuando los medios de comunicación se agolpan y empiezan a hacer la propaganda a la moral unida y cristianizada de los colombianos, haciendo ver a los pobladores originales de estas tierras como salvajes, belicosos y enemigos de lo que llaman soberanía, ignorando entonces que estos pueblos tienen valores que trascienden a la copia moralista euro-occidental que nosotros hemos heredado, que la constitución del 91 les otorga autonomía total de sus territorios y que las invasiones por parte de movimiento que busca la “unidad” es un verdadero crimen por parte de que la demás masa de colombianos llaman “estado”.
Después de rápidas conjeturas decimos que los indígenas son malvados y atentan contra el bienestar del país, al proteger los cultivos de coca y no permitir que los gobiernos las destruyan con sus bombas y venenos. ¿Acaso ustedes se sentirían bien que miembros de un gobierno llegaran de la nada con bombas a volar en mil pedazos la catedral de su fe? O ¿que establecieran bases militares y pusieran antenas de comunicaciones de extranjeros donde descansan los restos de sus seres queridos? Es allí donde reposa la simbiosis del conflicto, y es allí donde juzgamos a individuos que no hacen parte de nuestra unidad pero que olvidamos que todos tenemos parte de ellos.
Por ahí el mandatario que representa nuestra bendecida unidad envió un twitt donde decía que no quería ver un solo indígena en la torre donde se encontraba la antena ubicada, olvidó entonces que los soldados tienen ascendencia indígena, que así le cueste mucho trabajo aceptarlo y haya nacido en cuna de oro con biberón francés el también asciende de una costumbre donde el maíz, la chicha y la tierra era mas importante que la misma madre. Y todos y cada uno de los colombianos olvidan que estos indígenas nos representan y mantienen vivo el retrato de lo que somos, porque aunque algunos se crean gringos con sus tendencias y ropa de unos dólares de mas, o que vivan como españoles y profesen su religión no somos mas que residuos de una riqueza autóctona que fue erradicada por pensamientos colonizadores, fascistas y actualmente “unificadores” que solamente buscan el poder y el control sobre una masa de creaciones una similar a la anterior y con un respeto profundo por el orden que imparte el estado soberano… un estado soberano hitlerianamente criollo.


Comentarios
andy belt
22 Julio de 2012
11:10 am
El problema se remonta haciendo una genealogía de la moral, donde encontramos que los problemas radican desde los inicios de la sociedad y sus arengas hechas por los criollos, quienes no vieron a la poblacion indigena como unos habitantes respetables de la sociedad, sino como unos entes extraños y lejanos a nosotros, es desde allí que se remonta el poco respeto y el sentido de pertenencia que se tiene hacia la poblacion autoctona.
Sandra Mercedes
22 Julio de 2012
10:08 am
No podemos olvidar de dónde venimos, ni para dónde vamos. Dicen que los colombianos somos desmemoriados, cuál será la causa, estará dada en tantos golpes en la cabeza que ha recibido esta sociedad. Lo cierto es que uno observa como en otros países manifestaciones indígenas han generado ciertos cambios. ¿Y en Colombia? difícilmente. ¿Qué nos hará encontrar el camino del cambio? el cual nos permita construir ese nuevo modelo patriótico y de sana convivencia.