19 de Diciembre de 2014
14 Noviembre de 2012 | Noticias | (Colombia)

La bonanza de los biocombustibles en Colombia

La bonanza de los biocombustibles en Colombia
Foto:El Espectador

La disminución en el abastecimiento de alimentos, los monocultivos y la expansión de hectáreas dedicadas a la generación de biocombustibles de origen vegetal, pueden ser una amenaza a la seguridad alimentaria en el país, según los informes de las Naciones Unidas y de la FAO.

En 1999 en el Congreso de la República, un proyecto de ley buscó exigir la mezcla de etanol con gasolina. Basados en tres razones: el efecto invernadero, disminuir la dependencia de los hidrocarburos y la generación de empleo rural, luego la Corte Constitucional, dio inicio al proyecto con la reglamentación de la Ley 693 de 2001.

Con la obligación decretada por la ley, toda la gasolina que se consume en Colombia está mezclada con 8% de etanol. Cinco plantas productoras se dedican a la producción mediante la caña de azúcar, situadas a lo largo del río Cauca.

Durante el gobierno de Álvaro Uribe se presentó al Congreso un proyecto de ley con el fin de hacer viable la producción de biodiesel en Colombia. Con la Ley 939 de 2004, se admitió que la producción y mezcla del biodiesel con el diesel petrolero comenzara el 1 de enero de 2008.

Según en el informe de noviembre de la Federación Nacional de Biocombustibles de Colombia, “la producción de enero a septiembre en biodiesel de palma de aceite ha registrado un total de producción de 367,43 (miles de toneladas), y la producción y ventas de etanol anhidro (no contiene agua) de caña de azúcar fue de 267,19 (millones de litros) y 271,10 (millones de litros), respectivamente”.

También se registra que “las áreas sembradas, dedicadas por las plantas productoras de etanol la lidera con 100.153 hectáreas el Valle del Cauca y 24.630 hectáreas el Cauca, Risaralda, Meta y Caldas las siguen. Para las plantas productoras de biodiesel en Santa Marta, Facatativá, Barrancabermeja y San Carlos de Guaroa, Meta, el área destinada es de 33.300 hectáreas y Codazzi 23.000 hectáreas, con entrada de operación en 2009”.

En el Informe Nacional de Desarrollo Humano “Colombia rural, razones para la esperanza”, de la Naciones Unidas de 2011 “la caña de azúcar ocupaba cerca de 193.423 hectáreas en 2009 y el 95,4% se produjo en los ingenios y plantas del Valle. Por su parte, en palma de aceite el país contaba en 2009 con más de 306.537 hectáreas sembradas, distribuidas por zonas así: 37,6% en la oriental; 30,5% en la norte; 27,7% en la central y el 4% en la occidental”.

El informe también señala que “las principales preocupaciones en materia de biocombustibles están: la amenaza a la seguridad alimentaria debido a la expansión, riesgo en la diversidad agrícola, por la producción en un monocultivo y la afectación a la dieta y la nutrición de los pobladores, alterando el abastecimiento urbano”.

El Presidente Ejecutivo de Fedebiocombustibles, Jorge Bendeck Olivella, sostiene que “si no existiera la industria del etanol, la agricultura para exportación tendría que ser subsidiada por el gobierno, como lo estuvo antes. Para entonces, se estimaba que el 63% de los costos de producción eran subsidiados por el estado, además el maíz que se utiliza para producir etanol es el amarillo, usado para alimentación animal y no el blanco que se emplea para producir harinas utilizadas para consumo humano, como arepas, pan y un sin número de alimentos”.

La nota informativa sobre la oferta y la demanda de cereales, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sostiene que “la utilización mundial de cereales en 2012/13 disminuirá ligeramente respecto a la campaña anterior, aunque se sigue previendo que sea superior a la producción”.

La FAO también agrega que “la utilización de trigo disminuirá en un 1,4%, fundamentalmente por una menor utilización de cereales para piensos (alimento elaborado para animales), tras el máximo registrado en la campaña anterior. Se prevé que la utilización total de cereales secundarios descienda casi un 1 %, debido principalmente a la reducción del uso industrial de maíz para la producción de etanol en los Estados Unidos de América”.

El pasado lunes el periódico El Espectador publicó en el artículo “Pulso por inversión extranjera en el agro” que “Un hecho que tiene diferentes puntos de vista y que ha prendido las alarmas en algunos sectores que creen que está en juego la capacidad del país de producir su propio alimento. El temor —y es algo que ya se está dando en otros lugares del mundo— es que las tierras fértiles sean empleadas para la producción de biocombustibles o que simplemente la comida sea cultivada, extraída y luego enviada a otras naciones”.

Por: CAMILO ANDRES RINCON VELOZA/

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