25 de Julio de 2014
21 Noviembre de 2012 | Noticias | (Argentina)

Cuando se corrompe el lenguaje para ideologizarlo

Cuando se corrompe el leguaje para ideologizarlo, éste se convierte en un instrumento de división de la sociedad.

Es así como escuchamos: «la clase trabajadora», «la clase obrera», «la clase media», «la clase media alta», «la clase pobre», «la clase rica», etc., etc. en boca de políticos y sindicalistas, presidentes, presidentas y ministros cuando aparecen en los medios.

En vez de hablar de ciudadanos, de personas, de hombres y mujeres, de prójimo, de individuos, de almas… de lo que todos tenemos en común y nos iguala en dignidad, y no de aquellas diferencias que nos hacen distintos y nos separan a los argentinos.

Dos preguntas que me hago: ¿La clase media, por ejemplo, no es trabajadora?

La otra pregunta es: ¿La clase trabajadora, no trabaja y aspira a la clase media, a mejorar su situación, llegando a tener una vida más confortable y segura?

Y estas dos preguntas que me hago, me generan una tercera pregunta: ¿Divide y reinarás?… porque pareciera que la cosa va por ese lado… con lo que a esta altura, uno desconfía de todo discurso parcializado; cuando es dirigido a alguna «clase en especial»…, a los trabajadores, por ejemplo, y no a todos los ciudadanos de la nación, como si el resto no fueran trabajadores que se levantan todas las mañanas a ganarse el pan con el sudor de su frente… o cuando se habla de los maestros… otro ejemplo: como si no tuvieran familias, hijos que sostener y educar también, padre y madre…

O como cuando se habla de las fuerzas armadas en general, de la policía, del ejército, la gendarmería… como si fueran de otro planeta y no salidos de la misma sociedad, de donde han salido estos que hablan un idioma corrompido, distorsionado, y forzado a transgredir toda tradicional regla gramatical, ortográfica y sintáctica, llena de neologismos inventados a cada rato… al mismo tiempo que: «llena de eufemismos», para dar explicaciones de lo inexplicable.

Creo que es menester hablar el mismo idioma para entenderse.

Esto que digo pareciera perogrullesco, pero no lo es tanto, ya que sin dudas, estamos hablando idiomas diferentes los argentinos.

Hablamos de la clase política, ya que estamos hablando de «clases», como de «los ellos»…

Se han convertido los políticos, gobernantes, jueces, ministros, sindicalistas y todo lo que tenga que ver con lo estatal o gubernamental o con cualquier tipo de dirigencia en «los ellos» para el resto de la sociedad. Y los ciudadanos comunes, del común de la gente, en «nosotros», lo que es una paradoja, porque para ellos, «los ellos», somos nosotros, y para nosotros, los que no pertenecemos a ninguna clase política o dirigente, para ellos, somos «los ellos».

Como se puede ver, se arma así un grado de confusión que complica el razonamiento para llegar al entendimiento, con lo que se puede deducir, que la estrategia de corromperlo todo, hasta el idioma, da sus resultados.

La sociedad argentina ha advertido esto y se está uniendo. La oposición se comienza a dar de una manera pacífica y natural entre los ciudadanos argentinos que se dan cuenta que tenemos todos las mismas faltas de seguridad. Los mismos impedimentos para las mismas cosas; para la salud, para viajar, para trabajar, para ahorrar, si quisiéramos hacerlo de una manera lógica y efectiva. Que estamos siendo engañados, que se nos miente descaradamente y con total desparpajo e impunidad.

Que pagamos impuestos inútilmente, ya que los servicios y las mejoras no se ven, son deficientes o no llegan nunca. Que la prosperidad no se alcanza en el trabajo, en el comercio, en las pequeñas y medianas industrias, sino en conseguir algún puesto político. Que si uno no «está acomodado» con «alguno del gobierno», todo es tropiezo y dificultades si tiene alguna inquietud para algún emprendimiento.

Pareciera que nuestra «clase dirigente», la que involucra a todo aquél que tiene un cargo y una responsabilidad hacia sus conciudadanos; no saben ser padres.

Un padre no hace diferencias entre un hijo y otro. Y si las hace, es para ayudar al que menos puede. Lo manda «a particular» si está flojito en matemáticas. Lo lleva al doctor si está enfermito… en fin, se preocupa y ocupa de aquél hijo que tiene prioridades para su formación, su crecimiento y desarrollo, su salud, además de darle todo su afecto, por supuesto.

Nuestros políticos, odian a muchos de sus conciudadanos. Por eso es que digo que no saben ser padres. No saben que patria, viene de padre… o al menos parece que lo han olvidado…

¡Qué necesidad tenemos «los nosotros» de hacerle un paro a «los ellos», con todo el perjuicio que eso significa para el país, para nuestra patria.

Si… creo que estamos hablando al menos dos lenguajes diferentes los argentinos…

Y quiero decir algo más para terminar, acerca de esto de las divisiones: ¡No existen los reinos divididos!… si un reino se divide, ya no es más un reino; sino dos.

Y la Argentina tiene que seguir siendo una sola… ¡No podemos dejar que la sigan dividiendo!…

El pobre, el que no alcanza, el que carece de oportunidad de formarse, por más que le den y llegue así a tener aliviada en parte su situación de extrema pobreza, llevará siempre las de perder, porque siempre será utilizado por alguien como bandera de alguna causa para acceder al poder.

Y como históricamente ha ocurrido, es necesario que haya siempre pobres disponibles, a quienes se les puedan prometer cosas y utilizarlos para engrosar la cifra que los llevará al poder. Pero los pobres nunca saldrán de su pobreza por ese camino.

Solamente con el genuino esfuerzo, la buena educación y el cultivo de una cultura con verdaderos valores, no ideologizados, el pobre irá saliendo de su pobreza, e irá accediendo a sus sueños de poder y tener para sí y su familia los beneficios que tanto sueña. Ahora; si sus expectativas se basan en la inmediatez de conseguir solucionar las cosas hoy, sin pensar demasiado en el mañana, ese «mañana», no llegará, probablemente nunca. Y la ignorancia será en este caso su peor enemiga.

Sí… debiéramos unirnos los argentinos, comenzando por hablar el mismo idioma… 

Por: Raúl Jorge Butrón Sacchetto

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