20 de Diciembre de 2014
21 Enero de 2013 | Noticias

La paz no es una cuestión semántica

La paz no es una cuestión semántica
Foto:http://colombiaopina.wordpress.com/

Los terroristas y apologistas de las narcoguerrillas siempre han pretendido escribir la historia a su favor. Utilizando voceros ingenuos y otros no tan cándidos, se muestran como el “ejército del pueblo” y los “defensores de los desposeídos”, ahora quieren presentarse como los “campeones de la paz”. Luego del fin de la cacareada tregua anunciada en noviembre se impone el vocablo “cumplimiento relativo” de la misma para justificar precisamente su incumplimiento, 57 acciones terroristas durante los dos meses, es decir casi una por día.

Acertadamente el periodista Raúl Benoit señalaba que “la moral y el respeto por la vida humana están por encima de las ambiciones personales y de la semántica. Para sentarse a negociar con secuestradores, narcotraficantes y paramilitares, hay que llamarlos por su nombre y ellos tienen que estar dispuestos a renunciar al delito y a pagar condenas. La guerrilla perdió validez desde el mismo momento en que sus cabecillas resolvieron criminalizar la lucha armada, convirtiéndose en bandidos, muy alejados de sus ideales de ser un “ejército del pueblo”[1].

La izquierda y el narcoterrorismo han argumentado que la violencia y la lucha armada son el resultado de unas condiciones objetivas de pobreza y desigualdad que inducen a la violencia, es la justificación semántica de la agresión de que ha sido víctima la población civil por más de 50 años de accionar criminal de las Farc. ¿Cuántos pobres han dejado de serlo por la violencia ejercida por la narcoguerrilla? Fuera de quienes están involucrados en el negocio del narcotráfico o el terrorismo ni uno solo.

Por el contrario, si se puede mostrar y no sólo con estadísticas sino con esa realidad de los cinturones de miseria urbanos y en las áreas rurales, que la violencia de las Farc y Eln han acrecentado el número de personas en condiciones de pobreza y miseria, de desplazamiento vergonzoso pues son privados de su dignidad para que esos violentos puedan sustentar sus tesis políticas marxistas-leninistas o del socialismo del siglo XXI como ahora las llaman.

Señala Santiago Montenegro que en todo proceso de negociación hay que hacer concesiones, incluyendo las del mundo de las ideas. Tal vez eso sea verdad e inevitable. Y, sin duda, en todos los procesos de negociación anteriores realizados en Colombia se hicieron dichas concesiones. Pero, precisamente, para aprender de los errores de esos procesos sería muy útil aclarar en qué medida fracasaron por no haber precisado el alcance de sus marcos conceptuales[2].

Buscar la paz cambiando el lenguaje, pintando símbolos alusivos a ella, devolviéndoles a los terroristas un estatus de insurgentes, no funcionó en tiempos de Belisario Betancur o Andrés Pastrana, por el contrario eso le sirvió a los narcoguerrilleros para infiltrarse con ese falso ropaje en muchos círculos de la sociedad colombiana y desde allí hacer la labor de zapa a las instituciones democráticas para alcanzar sus protervos objetivos.

Al narcoterrorismo sí que le conviene esa paz semántica, esas exposiciones retóricas que les devuelven legitimidad ante los ojos del mundo; cuando el presidente de la república habla de que “cumplieron relativamente” con la tregua que ofrecieron, se le está diciendo al mundo que si tienen voluntad de paz aunque los hechos muestren lo contrario. Véase el contenido de la amenaza de Luciano Marín, alias Iván Márquez, en su “noble” propuesta de un cese bilateral del fuego o de un “tratado de regularización de la guerra”.

Para qué nuevos tratados si hay está todo el bagaje normativo del D.I.H. que los obliga a evitarles sufrimientos injustificados a la población que ahora dicen representar. No se requiere de más y ellos lo saben. Pero si el gobierno no atiende esa distracción semántica, entonces el gobierno será el responsable de las acciones terroristas de los narcoguerrilleros.

Hay que aprender de los errores pasados y uno de esos errores fue hacer concesiones en el mundo de los conceptos y las definiciones. Llamar insurgentes a los terroristas y aceptar cumplimientos relativos de sus deberes ante el derecho nacional e internacional, es volver a los mismos errores y repetir los mismos fracasos. Ojalá así lo entienda el gobierno nacional.

[1] BENOIT, Raúl. ¿Cuestión de semántica o de moral? El Mundo. España. 20 de agosto de 2011. En: http://www.elmundo.es/america/blogs/vivimospeligrosamente/2011/08/20/cue...

[2] MONTENEGRO, Santiago. La semántica de la paz. El Espectador. 4 de noviembre de 2012. En: http://www.elespectador.com/opinion/columna-385218-semantica-de-paz

 

Por: NUEVAS OPINIONES

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