22 de octubre de 2014
25 Enero de 2013 | Noticias

Una paz sin dolientes

Una paz sin dolientes
Foto:http://colombiaopina.wordpress.com

Reproduciendo la columna del abogado Rodrigo Rojas Orozco en La Otra Orilla, es representante de Pax Christi en Colombia, y titulada Una paz demasiado sola, la agencia desinformativa de las Farc Anncol recoge esa sensación que debe acompañarlas hace mucho tiempo.

El aislamiento de la insurgencia como medio de presión para acelerar una negociación es contraproducente. No los debilita porque su fortaleza militar no se afecta pero sí refuerza los escepticismos y desconfianzas en las bases guerrilleras.

Para los delegados de las Farc debe ser muy frustrante que luego de los artificios del Caguán, donde fueron convertidas en las vedettes de los medios de comunicación y de todos los sectores sociales, políticos y económicos, hoy deban afrontar una dura realidad, en 50 años de accionar criminal no pudieron reunir ninguna base de apoyo popular, una organización que se presume a sí misma de revolucionaria y que no cuenta con ese apoyo sencillamente por la misma dialéctica materialista que pregonan, deja de serlo.

Es innegable ahora que la delegación de las Farc en La Habana no representan la totalidad de la organización armada ilegal y que los representantes allí destacados se encuentran desorientados y confusos incluso frente a su mismo sempiterno discurso, prueba de ello es la reacción ante las preguntas de la prensa sobre los secuestrados-desaparecidos y el secular despojo de tierras; la incomodidad y la rabia fueron sus únicas expresiones al negarse a responder y atribuir los cuestionamientos a una campaña de desinformación de una cadena radial.

Pero quizá donde más se evidenció la falta de mando y liderazgo de los delegados de las Farc en La Habana fue en la desatención a su pretendida tregua de fin de año pasado; las estructuras criminales cometieron 57 acciones terroristas, una por día que es el mismo promedio de actividad delincuencial durante los últimos dos años.

Hoy las Farc deben sentir más que nunca la derrota, luego de sus triunfales anuncios en febrero de 2002 de pasar a una nueva fase de la guerra son en realidad bandas aisladas en permanente huida viviendo del narcotráfico y el terror; en los oídos de sus dirigentes debe resonar el clamor de una sociedad entera que el 4 de febrero de 2008 y en varias oportunidades posteriores les ha dicho basta y les ha expresado todo su rechazo, por eso tienen ahora que aceptar a las buenas o las malas lo que José Amorín llamaba un pacifismo extremo que se da de a patadas con la realidad porque no pueden subsistir sin el apoyo irrestricto del pueblo y Amorín es defensor a ultranza de la “violencia revolucionaria” que el terrorismo puso en marcha en América Latina en los 70, él mismo fue cabecilla de la facción conocida como Los Montoneros.

Quizá es el mismo Ernesto Guevara quien en 1959 de manera premonitoria describía a las Farc de hoy: No se puede concebir que pequeños grupos armados, por más movilidad y conocimiento del terreno que tengan, puedan sobrevivir a la persecución organizada de un ejército bien pertrechado sin ese auxiliar poderoso –el apoyo popular-.

La prueba está en que todos los bandidos, todas las gavillas de bandoleros, acaban por ser derrotados por el poder central, y recuérdese que muchas veces estos bandoleros representan, para los habitantes de la región, algo más que eso, representan también aunque sea la caricatura de una lucha por la libertad.

Es claro que las Farc están lejos de ser una estructura político-militar con respaldo popular, que cuente con una mística y una disciplina que pueda equipararlas a una fuerza insurreccional; la realidad de las Farc se refleja en lo que son sus menguadas estructuras en el oriente y suroccidente del país, bandas dedicadas al narcotráfico actuando en complicidad o rivalidad con estructuras criminales comunes por el control de sembradíos y rutas del tráfico de estupefacientes aun cuando mantengan un discurso marxista-leninista en el que ellas mismas ya no creen para reflejar esa caricatura de que hablara Ernesto Guevara.

Por eso la paz al interior de las Farc no tiene dolientes y hasta sus más caracterizados apologistas han abandonado el experimento de La Habana.

 

Por: NUEVAS OPINIONES

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  • Paz
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