23 de Abril de 2014
27 Enero de 2013 | Noticias | (Colombia)

Crisis afro-organizativa en Colombia

Crisis afro-organizativa en Colombia
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Me aventuro a publicar esta nota (escrita en octubre de 2003) sabiendo que con frecuencia uno queda expuesto al patíbulo cuando se refiere a temas que, de una u otra manera, les resultan incómodos a algunas personas. No importa, cuando uno pretende construir debe actuar sin temo de que hasta resulte excomulgado.

Cuesta trabajo admitir que la Afrocolombianidad (no como identidad, sino como estructura organizativa, como Movimiento Social Afrocolombiano) realmente existe. Desde luego, sí existe; pero, lo que insinúo es que no se le ha visto funcionalidad. Veamos diez razones del porqué, aclarando que algunas organizaciones se salvan de las críticas, por lo cual aquí no hay generalización:

1. Gran cantidad de las miles de organizaciones afrocolombianas operan sin un norte definido. No nos digamos mentiras, hay muchas que han sido creadas únicamente pensando en intereses económicos, políticos y politiqueros y de otras índoles exclusivamente personales o grupales. No, pues, con un criterio auténticamente colectivo, como debe ser. Hay quienes crean organizaciones solamente para garantizar su subsistencia. esta es una verdad que duele, y que no conviene ocultar. Contrariamente, hay otras que sí juegan limpio; que sí asumen el compromiso de cumplir la misión de construir conciencia, identidad, sentido de pertenencia, solidaridad, unidad. Un aplauso de reconocimiento para ellas.

Las organizaciones que se salen del cauce, con actuaciones como las arriba referidas, son las que han llevado al desprestigio del proceso afro-organizativo, a la desconfianza, a la indiferencia. "Los negros son muy desorganizados", se escucha con frecuencia, y con mucho de razón.

2. No se advierte la disposición de consolidarla, de cohesionarla. Asiduamente pregonamos que "la unión hace la fuerza"; pero, a la hora del té, todo no es más que pura carreta. Somos expertos en teorizar, y prescindimos de lo pragmático. Teoría y praxis deben ser un binomio indisoluble, para que cualquier proceso pueda salir airoso, para que no sea víctima de la dispersión.

3. Hay líderes y demás integrantes de algunas organizaciones que se embejucan cuando se les hacen críticas, aunque sean constructivas; cuando alguien les pide cuentas en torno de sus acciones. ¡Mala cosa! Las críticas constructivas siempre deben ser bien recibidas, pues ellas contribuyen a mejorar las gestiones. Por otra parte, cuando se actúa con transparencia no hay que temer del hecho de rendir cuentas; a lo cual están obligadas todas las organizaciones.

4. No se conjuga el verbo autocriticar, que permite auscultar dónde, cómo, cuándo, en qué y por qué se puede estar fallando. No se hace algo tan sencillo como un análisis DOFA: Debilidades, oportunidades, fortalezas y amenazas. hacerlo ofrece la posibilidad de tener una brújula a la mano, para orientar correctamente el accionar. Una organización está sujeta a los elementos fundamentales de la Administración: Planificación o planeación, organización, ejecución o dirección y control o supervisión. Si alguno de estos no se cumple, probablemente todo el andamiaje se desmorona. No echemos en saco roto que como humanos nos equivocamos; siendo pertinente reconocer nuestros errores y, sobre todo, procurar enmendarlos.

5. Se maneja mucho el caudillismo. Cualquier organización así, tiende a desaparecer. hay que procurar siempre que todos sus integrantes tengan liderazgo efectivo; de tal modo que si falta la persona reconocida como la cabeza, otras la puedan remplazar. esto no es, pues, cosa de "yo y otros más". El término "yo" hay que cambiarlo por "nosotros". Cobra vigencia aquí el modelo de trabajo en equipo; dejando a un lado los trabajos individual y grupal. El caudillismo es lo que hace que una persona cobre el tiro de esquina y salga corriendo a cabecear, como si los demás del equipo no pudieran cabecear en procura de hacer un gol. El afán de protagonismo de algunas personas se convierte fácilmente en procederes cargados de unos celos que, al tiempo, se traducen en manifestaciones de envidia, de egoísmo, de conflictos intraétnicos e interétnicos. Los bomberos pisándose las mangueras.

6. Previamente no se identifican los intereses, las metas, los objetivos. No tiene sentido colectivamente válido que se cree una organización solamente en busca de "lo mío", de prestigio ("soy el director o presidente de la organización tal"). Hay que, pensando en beneficios colectivos, saber inequívocamente a dónde se quiere llegar. Cuando uno diseña un proyecto, debe desarrollar estas preguntas básicas: Qué hacer, cómo, para qué, cuándo, dónde, con qué, cuánto cuesta, con quiénes se cuenta para hacerlo.

7. Se dejan permear de personas y sectores que, en lugar de ayudarlas a fortalecerse en su misión original, lo que hacen es desconfigurarlas; quedando a merced, entonces, de propósitos o intereses opuestos, muchas veces alejados de la legalidad. Puede decirse que hay una gran cantidad de organizaciones que hoy se hallan cooptadas por el Estado, por lo cual fácilmente han caído en el clientelismo inter e intraétnico.

8. Son extremadamente presentistas (operan sólo en función del presente), y a veces pasadistas (se dedican a vivir de los recuerdos históricos); cuando lo ideal es que sean futuristas. Hay que mirar más allá de las narices. Hay que soñar y actuar y en grande; pues, las grandes realidades surgen de los grandes sueños, de las grandes acciones.

9. No se permite que fluya la creatividad que todos, de una u otra forma, llevamos en nuestras mentes. Es que cuando se cierra una puerta, se debe buscar el modo de que se abran otras. Lo que a veces pensamos que es incapacidad para hacer algo, no es más que dejadez, indiferencia, conformismo, falta de compromiso, indisciplina. En este punto vale señalar que también se peca cuando se incurre en el paternalismo, que hace pensar que todo lo debe proporcionar Papá Estado; cuando no es embuste que muchas cosas se pueden hacer por iniciativa propia, siendo aquí cuando toca echar mano de la creatividad. Desde luego, no implica esto que se deba prescindir de reclamarle al Estado lo que está obligado a darles a nuestras comunidades.

En honor a la ecuanimidad tengo que reconocer que algunos de los avances que ha logrado (mínimamente, desde luego) nuestra gente (espacios institucionales de participación, obras de infraestructuras físicas y sociales, empoderamiento, entre otros beneficios), han correspondido a las acciones reivindicatorias de unas organizaciones que han sido coherentes y sólidas en sus actividades. Si hubiera, entonces, una organización central, unificada y bien estructurada, seguramente las conquistas serían mayores y mejores; al tener una más adecuada capacidad de interlocución y presión con respecto a las instituciones sonde se toman las grandes decisiones que nos afectan.

10. Es usual pretender cosas que, a la postre, no resuelven de fondo las necesidades de nuestros pueblos. Se cae en el juego de reclamar y aceptar soluciones meramente aistencialistas; cuando lo apropiado es procurar que éstas sean estructurales, de fondo. Para grandes problemas, como los que tienen nuestras comunidades, se requieren grandes soluciones. Todo esto teniendo en cuenta que no debemos asumir la lucha como si estuviéramos mendigando; sino, reclamando que se nos respete y cumpla la igualdad de derechos y oportunidades.

En mi obra inédita Negro tenía que ser (escrito hace unos 15 años) registro algunas ideas relacionadas con el Movimiento Social Afrocolombiano:

...La Ley 70 de 1993 ha incidido notoriamente en lo que ha sido el despedazamiento en millones de partículas atómicas del mal llamado –pues nunca ha existido, porque nunca se ha conformado con tal connotación, a pesar de que haya habido algunos procesos sociales que han aglutinado a ciertas organizaciones, teniendo en cuenta que no es lo mismo unirse por convicción que hacerlo por una simple circunstancia coyuntural, meramente oportunista- "Movimiento Social Afrocolombiano", por razones que en este tipo de ejercicios para nosotros son bastante habituales: Afán de protagonismo, falta de capacitación para asumir procesos sociales, carencia de un liderazgo que sea consistente –el cual fácilmente se llega a confundir con caudillismo, con jefaturismo-, envidia y celos políticos, organizacionales y de otras clases; falta de compromiso social, insuficiente acompañamiento institucional, sobreposición de los intereses personales a los colectivos (esto sí que se da, infortunadamente), entre otra cantera de móviles. Es cierto, en el momento de auge de la Ley 70 de 1993 se pensó que nos encontrábamos ante una coyuntura propicia para conseguir la unidad de la Comunidad Negrocolombiana, pero lamentablemente no fue así; sino, todo lo contrario, pues se produjo una diáspora impresionante, por circunstancias negativas como las hasta ahora enunciadas. La no existencia de una actitud que nos unifique, y que por ende nos fortalezca, no permite que logremos un nivel de organización apto para que alcancemos las condiciones de vida ideales, que no han de ser otras que las de prosperidad general...

Bueno, lo importante es que todavía hay mucho tiempo para enderezar los pasos torcidos que se han dado en el camino.

Ojalá este ejercicio no se asuma como un mero regaño, ni mucho menos como una crítica malintencionada (¡ni más faltaba!); sino, como uno de los aportes que debemos hacer todos quienes anhelamos que haya en todo momento un Movimiento Social Afrocolombiano sólido

http://misionubuntu.blogspot.com

Por: Nicolás Emilio García Palacios/

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