

Andrés Piñeros Latorre
@andinauta
Ahora que se revive la figura del presidente norteamericano Abraham Lincoln, se ponen en entredicho muchos ideales de un mandatario idealizado por entregar la libertad a los esclavos negros. Uno de los primeros mitos que se rompe es que él era republicano y no demócrata.
Además, el director Steven Spielberg muestra como la política es una especie de juego de ajedrez donde el fin justifica los medios y como hasta por un noble propósito se puede llegar hasta perder la vida, como le ocurre a Lincoln. Así se logra ver que el mundo, aunque ha cambiado con los avances tecnológicos, sigue siendo un lugar donde las intrigas y el chisme sirven como manera de lograr unos objetivos así sean de la mayor nobleza.
Hoy siglo y medio después, Barack Obama, el primer presidente norteamericano negro, se enfrenta a un reto tanto o más complejo que el de su antecesor: lograr que los inmigrantes, hispanos o latinos, tengan la opción de convertirse en ciudadanos de una nación que se precia por ser la cuna de la democracia moderna y la máxima expresión de la libertad.
En nuestros tiempos el problema ya no es el de la libertad de los negros, el grupo discriminado es el de los llamados latinos. Y ahí caben desde los mejicanos pasando por los centroamericanos, los colombianos y llegando hasta los argentinos.
El tema sin embargo tiene muchas aristas. Aunque los latinos que se arriesgan a cruzar largas distancias y pasar a través del llamado hueco, aportan con su trabajo, en la mayor parte de los casos ilegal, a una economía que ha delegado en estos seres trabajadores y entregados aquellas actividades que por diferentes motivos los nativos desprecian.
Con una doble moral, el Estado norteamericano persigue a esos hombres que no logran hablar adecuadamente ese difícil idioma, mientras en múltiples negocios y empresas se les permite trabajar porque los salarios son menores y no ponen condiciones de horario.
Los latinos y demás grupos de migrantes continúan con ese sueño americano que llevó a poblar ese inmenso país. La religión desplazó a esos ingleses y europeos, la pobreza y la falta de oportunidades sumada a la violencia son las razones de estos nuevos seres sin patria.
Y así como Lincoln enfrentó una guerra por ese sueño de libertad, que lo hizo ocupar un alto pedestal en la historia de la humanidad, Obama tiene una oportunidad de pasar a la historia si logra resolver el complicado tema de esa especie de esclavos temerosos, de ese grupo de mujeres y hombres discriminados, de los actuales “negros” americanos.
El presidente Barack Obama no tiene mucho que perder y probablemente tal vez sí mucho que ganar. Esa nueva bandera, esa lucha que hace recordar a su antecesor Abraham Lincoln, a un presidente símbolo de los norteamericanos, no solo de los republicanos ni de los negros, sino de todos los que ocupan, de este a oeste y de norte a sur, un territorio que se precia de servir de morada a todos los que buscan oportunidades, democracia y especialmente igualdad.


Comentarios
cesare90
1 Febrero de 2013
3:44 pm
Interesante analisis de Andres Piñero, tambien creo que Barack Obama se ha empeñado en el tema latino, fueron ellos quienes contribuyeron a la reelección. Me gusta
osgir
1 Febrero de 2013
6:23 am
La diferencia con Lincoln es que el si tenía mucho que perder. Lo contrario, no es gracia.