02 de Septiembre de 2014
22 Febrero de 2013 | Noticias | (Colombia)

Yo amé un país

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YO AME UN PAIS
POR: MIGUEL OVIEDO RISUEÑO

 

El Terremoto de Ecuador y Colombia en 1906 fue un terremoto que azotó las costas de Colombia y Ecuador cerca de la ciudad de Esmeraldas el día 31 de Enero de 1906. Tuvo una Magnitud de 8,8 (Mw) y provocó un tsunami destructivo que mato por lo menos 500 personas en la costa de Colombia. En Tumaco, Nariño, Colombia las olas del Tsunami alcanzaron una altura de 5 metros. La mayoría de los daños se produjeron por culpa del Tsunami en los pueblos de Rio Verde en Ecuador y Micay en Colombia. Para esa época el poeta Aurelio Arturo Martínez nacía en la Unión, Nariño. Precisamente un 22 de febrero. Su padre era el maestro de escuela Heriberto Arturo Belalcázar y su madre Raquel Martínez Caycedo estudio la básica primaria en su pueblo natal para, viajar a Pasto donde ingresó al colegio San Francisco Javier. Desde muy joven, y gracias al amor por los libros que sentían su padre y su abuelo, el poeta del sur adquirió la afición por el mundo de las letras.

Cuando apenas tenía 18 años decidió irse para Bogotá después de la muerte de su madre. De esta manera, se inició una nueva etapa en la vida del poeta que para esta época ya escribía sus primeros versos. Conoció a todos los poetas jóvenes que crecían en el mundo literario de la época, ingresó al grupo conocido como los piedracielistas: Las características iníciales de ese grupo fueron, entre otras muchas, la hipersensibilidad, la emotividad y la insolencia contra las formas consagradas y canonizadas. Nada de eso se ve en la poesía de Aurelio Arturo. En ella no hay, como en los otros, una ruptura tajante, sino un tránsito. Sin excesos, se coloca de puente entre los "piedracielistas" y el grupo anterior. Tiene de común con "Piedra y Cielo" la aversión por la retórica brillante y por las alusiones culturales. Sus temas centrales son la infancia, la adolescencia y el amor. El paisaje está siempre presente, pero no geográficamente, sino como medio para proyectarse a sí mismo.

La poesía de Aurelio Arturo evoca la geografía rural del sur de Colombia con mirada íntima y rigor estético.

La Unión, en 1906 era un pueblito del Estado del Cauca a comienzos del siglo pasado. Allí pasó su niñez Aurelio Arturo durante los años de la dictadura de Rafael Reyes, cerca del imponente cañón del Patía, rodeado de las montañas que vieron asesinar a Sucre. La Unión es todavía un pueblo helado por la bruma que baja del cerro La Jacoba, con una esquina donde resiste, la incuria del tiempo, entre gritos y vendedores ambulantes. Se considera como el más antiguo fundador del Municipio de La Unión Nariño, a Don Diego Pérez de Zúñiga; hijo de conquistadores, por haber ocupado él lo que hoy es asiento de esta ciudad con un Mesón para pasajeros bajo el nombre de "La Venta" o "Tambo", que en Quichua significa "Casa en camino". Debido al nombre de La Venta, se origina el gentilicio de "Venteño" para los habitantes de La Unión; esta casona se quemó, tomando el nombre de "Venta Quemada". Según el libro capitular de San Juan de Pasto que data del año 1719, ya se hablaba de La Venta Quemada.

En 1847 tomó definitivamente el nombre de La Unión, teniendo en cuenta el siguiente hecho histórico: Vivían dos grandes terratenientes, Don Agustín Guerrero oriundo de San Juan de Pasto y dueño de la hacienda "La Alpujarra" y Don Juan Vivanco de origen Ecuatoriano y dueño de "El Cusillo", situado a lado y lado del antiguo camino que iba de La Jacoba al Río Mayo. En un día de mercado se encontraron los dos propietarios discutiendo acaloradamente. Don Juan Vivanco, hombre de mayor aplomo, invitó a su contrincante a ceder parte de sus tierras para ensanchar el poblado y así unidos hacer la felicidad de los habitantes. A Don Juan Vivanco se le reconoce el haber traído del Ecuador semillas de iraca y a la familia Sánchez, experta en la fabricación de sombreros para que enseñaran el oficio a los pobladores del lugar, lo que convertiría más tarde a La Unión en uno de los principales productores y exportadores de sombreros de paja toquilla, empresa perteneciente al Norteamericano Thomas Jeramas. A Don Agustín Guerrero se le atribuye el haber traído el primer educador llamado Angel Martínez, fundador de la primera escuela.

En Bogotá Aurelio Arturo combinó su trabajo de creación con la traducción de los poetas contemporáneos de lengua inglesa, al mismo tiempo, trabajaba como abogado independiente y posteriormente como funcionario de la rama judicial, alcanzando el cargo de Magistrado de los Tribunales Militar y del Trabajo. Fue funcionario cultural de Colombia y de la Embajada de los Estados Unidos, además de catedrático universitario en las áreas de humanidades y antropología. Fundó y dirigió la revista literaria ‘Voces del mundo' e hizo parte de la revista ‘Golpe de dados'.

En 1941 contrajo matrimonio con María Esther Lucio con la que tuvo 5 hijos. La década de los 40 fue muy importante para Aurelio Arturo que, aunque no tenía como prioridad la publicación de su obra, se dio a conocer a través de la revista ‘Cántico'. En esta publicación se conocieron varios poemas fundamentales de su libro y de la revista Universidad Nacional. En ella apareció el poema ‘Morada al Sur', el cual le daría título a su obra poética. En 1950 viajó a Washington como agregado cultural de la embajada de Colombia en ese país. Pocos años después muere su padre, situación que lo hace regresar al sur del país, donde trabaja en tribunales de Pasto y Popayán, al mismo tiempo que continuaba su labor poética.

En 1963 sale a la luz su único libro de Poesía ‘Morada al Sur', ese mismo año recibe el Premio Nacional de Poesía Guillermo Valencia, a partir de ese momento su nombre pasó a ser pieza fundamental de antologías e historias literarias colombianas. En 1968 se pensiona como funcionario del Ministerio de Defensa. Literariamente, continuó traduciendo a los poetas ingleses, colaborando en algunas publicaciones literarias y dirigiendo un tabloide literario que únicamente alcanzó dos números. Escribió muy poco después de 1963, durante mucho tiempo se dedicó a pulir los poemas que fueron apareciendo en algunas revistas literarias. En 1970 escribió sus cuatro últimos poemas, los más celebrados de una presunta segunda etapa: "Sequía", "Tambores", "Lluvias" y "Yerba". Aurelio Arturo murió el 24 de noviembre de 1974 víctima de un aneurisma cerebral.

La obra poética de Aurelio Arturo, a pesar de estar conformada por un solo libro, es considerada como una de las más importantes del siglo XX; sin embargo, ésta empezó a ser estudiada y valorada muchos años después de su muerte. Intelectuales de la talla de Álvaro Mutis, William Ospina y Rafael Gutiérrez Girardot, han dedicado artículos de revistas y extensos ensayos a la poesía de Aurelio Arturo.

Juan Gustavo Cobo Borda, sobre la obra del poeta del sur afirma: "La poesía está aquí: basta con oírla. (...).

Hernando Téllez igualmente menciona: "En la de este poeta persiste como nota reiterativa, una frescura de bosque, de agua secreta y escondida, de viento otoñal oloroso a finas maderas, y una como clara atmósfera de alucinación por donde pasan los seres y se transfiguran los paisajes y los objetos. Y su visión del mundo surge así toda envuelta en una frágil niebla de grises disminuidos que esfuma y subraya al mismo tiempo los perfiles de las cosas.

En la última etapa de su vida, Aurelio Arturo estuvo rodeado por un grupo de poetas que fueron admiradores de su obra, al mismo tiempo que crearon una poesía personal distinta a la que se estaba haciendo en el país. Giovanni Quessep, Fernando Charry Lara, Jaime García Mafla, rodearon al poeta del sur, y su obra conserva la influencia de las hadas, mundos fantásticos, magia contenida. El nombre de Aurelio Arturo figura hoy en antologías nacionales y extranjeras.

Así quien llegó a caballo, a Bogotá a mediados de los años veintes, cuando la capital vivía con furor el centralismo administrativo y político, y la doctrina de la prosperidad hacía de las suyas, desplazando la mano de obra de las haciendas hacia la construcción de los ferrocarriles y los enclaves imperiales que explotaban el banano y el petróleo. Un estado de cosas que hizo abandonar las parcelas y fundos a unos cientos cincuenta mil jornaleros en 1928, año de la crisis mundial, y que permitió, al Partido Liberal, hacerse con las banderas del proletariado y llegar de nuevo al poder con Olaya Herrera.

Esos fueron los años de sus estudios en el Colegio Mayor del Rosario, de derecho en la Universidad Externado, de un hombre que nació del fuego de los volcanes del sur y con la furia del Tsunami DE 1906. Y quizás también los del encuentro con Jorge Eliécer Gaitán, a quien lo uniría una entrañable amistad. Un hombre que fue capaz de escribir y gritar sus poemas al mundo.

“Yo amé un país y de él traje una estrella

que me es herida en el costado, y traje

un grito de mujer entre mi carne.”

“Canción de la noche callada”

 

Por: MIGUEL ALFREDO OVIEDO RISUEÑO/

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Comentarios

Aracataka

Aracataka

23 Febrero de 2013
2:03 pm

..muy interesante relato...no conocia esta historia tan fascinante! los lugares me resultan muy conocidos...
..gracias por su colaboracion! regia!

luisalejandrodiaz

luisalejandrodiaz

22 Febrero de 2013
10:22 am

Buena investigación