24 de Julio de 2014
30 Junio de 2010 | Noticias | (Colombia)

Un amigo de Jaime Garzón

Un amigo de Jaime Garzón
Foto:Retoque y fotomontaje: Rudy Piamba

El tipo que les está hablando, amigo imaginario de Jaime Garzón, no se parece a Jaime Garzón. A lo mejor soy currutaco y rosado, o flaco y negro, musculoso, atlético. O indígena de ojos pequeños, con la piel dorada por el sol y los baños de oro. Podría ser cualquiera de ustedes. Por eso, para no dejar a nadie por fuera, imaginemos que tengo un poco de todos los personajes que acabamos de nombrar, como un buen sancocho valluno.

A mí poco me interesa a estas alturas del partido saber si la persona que me lee votó por Santos o por Noemí, o si es uno de esos colombianos que sigue mandando mensajes automáticos desde la aplicación del Partido Verde en Facebook. Pero no estoy mandando al cuerno a nadie, que no me malinterpreten.

Como todos los que escriben, tengo pretensiones, y cuando veo esfumarse mis fantasías ridículas acerca de este país, me siento triste. Se me ve en el rostro, dice mi esposa. Hasta el perro que tenemos, un ovejero viejo que ha visto desfilar a presidentes y militares violadores de los derechos humanos, me da los buenos días con una mueca de espanto. Pero ya pasó la resaca electoral, así que voy a decir las cosas sin rodeos melodramáticos: sabía que Santos iba a ser elegido presidente. Sabía que iba sacarse esos nueve millones de votos. Eran matemáticas simples que Mockus decidió ignorar, en parte por su candidez política, en parte por su terquedad. Terquedad en el mejor sentido, porque el Partido Verde, con su gente alegrona y alocada, con su manera tan particular de estar y no estar, pudo dejarnos una idea más o menos clara y esperanzadora: tres millones de votos limpios. Sin lechona, sin tamal. Sin Familias en Acción. Limpio. Sin apretones de mano, sin desayunos en el Nogal. Tres millones que pueden llegar a ser seis dentro de cuatro años, y así.

Bueno, anoche una señora me miró mal cuando le dije que Jaime Garzón estaba tomándose unas merecidas vacaciones. Yo le rogué que me dejara terminar la idea: ninguno de nosotros, los amigos de Jaime, quisimos que se fuera tan pronto. Nos aguantaríamos más de una misa por disfrutar una vez más de su presencia, sonriente y frentero como es, pero se fue. Trabajó mucho por este país, y eso cansa a cualquiera.

Siempre pienso que la mayoría de los que nos autodenominamos sus amigos tenemos viva una deuda con Jaime. Claro, es comprensible que muchos de nosotros aún no estemos pensando en pagar, porque pagarle es hacer honor a su memoria, es retomar el lenguaje que hablaba Jaime, el temido lenguaje de la inteligencia. Por eso lo mataron los agentes del Estado colombiano y los paramilitares. 

Entiendo que muchos tengamos que usar pañal, porque el miedo nos afloja la cola, pero creo que hay algo que por desgracia nos cuesta visualizar a nosotros los colombianos amigos de Jaime: el poder de la multiplicación. Jaime siempre quiso que ustedes y yo fuéramos como él: serios pero graciosos, ingeniosos, mordaces, buenos lectores de la realidad. Jaime escribío, habló y actuó para gente con sentido del humor, para inconformes y desaplicados, para universitarios y amas de casa que no fueron a la universidad. Y muchos lo entendimos: el humor no es sinónimo de banalidad. El humor de Jaime Garzón es inteligencia. Es un plan de suicidio a mediano plazo.

Pero miren que es una vergüenza encontrarse con algunos de nosotros dormidos, tranquilos en la inmensidad del silencio, babeando sobre el teclado del computador.  Esa es la triste mediocridad de todos los días, pasados por RCN y Caracol, por Facebook y Twitter. Que nos maten a todos entonces. Que lo intenten. No creo que seamos pocos, aunque sí, muchos de los que decimos recordar y admirar a Jaime tenemos cara de idiotas acomodados.

A esta hora, los diarios del mundo informan que una horda de compradores compulsivos vacía los estantes de las tiendas de Apple en todo Estados Unidos. El iphone 4 está mejor que nunca, dicen.  Yo digo que reinventarse es cuestión de slogans, y de ángulos, y de texturas. Pero a muy poca gente le interesa el mensaje incómodo. Es la gente que busca salir ilesa del tsunami de todos los días,  la que sabe que lo más sano es dejar de hacer preguntas molestas en voz alta ¿Verdad? En eso los colombianos somos expertos. El iphone 4 o el Blackberry submarino no solucionarán nuestros problemas de comunicación, porque ese problema no tiene que ver con la capacidad de almacenamiento en gigabites, ni con la cantidad de megapixeles de la cámara integrada. Basta de necedades. Esta anécdota, así sin pies ni cabeza, me sirvió para tomar aire y animarme a escribir. No importa que a veces termine leyéndome yo mismo, y créanme que eso me produce tanto fastidio que cualquier metáfora sonaría muy vulgar.

Hablamos luego.

Por: T004

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Comentarios

verdeesperanza

verdeesperanza

1 Julio de 2010
9:25 pm

Sí... cierto, recordar a Jaime Garzón es volver a pensar en esa persona genial que nos hace falta y que puso en Jaque a muchos, y todo con su genialidad. Nos despertó del letargo, estado en el que pretenden de nuevo volvernos a ubicar... ¡Cómo nos haces de falta Jaime!!!
Gracias por tus líneas...

gergolez

gergolez

1 Julio de 2010
11:14 am

UN ARTICULO COMO EL SUYO ,AMIGO DE JAIME Y AMIGO MIO ,ME DA PAZ EN MI ESPIRITU Y ALEGRIA DE VER Q ERAMOS MILLONES LOS Q QUERIAMOS A JAIMITO.

NARVAL9

NARVAL9

1 Julio de 2010
10:34 am

Una manera clara de mostrar como miramos hacia otra parte cuando deberiamos estar haciendo lo que hacia jaime: contar las cosas de una manera diferente, pero contando.

Contemos y cantemos todos, las palabras nos reclaman.

gracias por su articulo muy bueno

30 Junio de 2010
6:28 pm

Me gustó leer leer su artículo.

Un cordial saludo

Arquelao

Arquelao

30 Junio de 2010
5:31 pm

me gusto, muy bueno

polasn

polasn

30 Junio de 2010
4:53 pm

Excelente...

moderador

moderador

30 Junio de 2010
2:02 pm

Gracias por sus reflexiones en Soyperiodista.com.