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05 de Febrero de 2012
3 Agosto de 2010 | Noticias | Jamaica/Queens/New York (Estados Unidos)

Andres y Pablo Escobar: ¿Vale la pena ver el documental?

Foto:Hermanos Zimbalist
Hermanos Zimbalist
Poster del documental Andres Los dos Escobar
Poster del documental
Andres
Los dos Escobar

En el Festival Internacional del Cine Latino que terminó este domingo en Nueva York, se presentó el documental “The Two Escobars” -Los dos Escobar- a una audiencia en su mayoría de colombianos. En la corta discusión que siguió, Michael Zimbalist, codirector de la cinta con su hermano Jeff, no se refirió a las razones que han impedido la presentación de la cinta en Colombia.

El documental se ha presentado en varios de los más importantes festivales de cine, incluído el Tribeca Film Festival de Nueva York, Los Angeles Film Festival, y Canes, entre otros, con una crítica favorable. Y la merece. El trabajo investigativo de los hermanos Zimbalist respeta, en términos generales, el contexto histórico en el cual se movieron los dos protagonistas. Refleja parte de una historia que aun no reconocemos, que pretendemos olvidar, que se repite en un círculo vicioso, y que se extiende como la lepra a otros países.

¿Se compara a Andrés Escobar con Pablo Escobar?

Sí. Una comparación que va mas allá de su apellido y que yuxtapone el lado bueno de Andrés al perverso de Pablo, sacando a la luz partes desconocidas de nuestra historia y que a buena hora los hermanos Zimbalist nos traen:

Ambos amaron el fútbol. Los entrevistados narran como Andrés empezó a jugar desde niño y a temprana edad decidió ser futbolista profesional. Su hermana, su novia, su amigo, Maturana y sus compañeros de equipo ratifican que nació, vivió y murió por el fútbol. Era, como todos lo recordamos, “El Caballero de la cancha”, pero también fuera de ella. Para Pablo el fútbol era una obsesión, pero no tan fuerte como la del poder. Lo usaba para espantar sus pesadillas y como oportunidad para “lavar su dinero”. Nacional, el equipo de los puros criollos, era una gran oportunidad. Y él la aprovechó, aunque era hincha "furibundo"del Medellín, como lo relata “El Osito” en su libro "Mi hermano Pablo".

Ambos crecieron al mismo tiempo que el narcotráfico. Pablo, como el capo de capos, controlando a todo el mundo, comprando cuanto se le antojaba, ordenando matar a quien no podía comprar. Andrés, como futbolista dedicado y perfeccionista, sencillo y amable, preocupado por el bienestar de los niños, soñando con ayudarles a superar la miseria. Si, recibió muchos pagos y premios de las manos del Capo. Si, jugó para él. Si, estuvo en el Nacional porque le pagaban lo suficiente para no tener que venderse al América o a otro “narcoequipo” que lo pusiera a “chupar banca”.

Esa mejor paga que él y sus compañeros recibieron fue la responsable de la competencia entre muchos futbolistas y muchos equipos, y mejoró la calidad del fútbol. El deporte no está exento de las leyes del capital. ¿Puede este hecho considerarse como una mancha a su imagen? No lo creo. Aceptémoslo de una vez y para siempre: Pablo tenía secuestrada a la sociedad, y quien le negaba algo era hombre muerto. La hermana de Andrés lo reconoce y relata que un día antes de que el equipo en pleno acudiera al llamado de Pablo para jugar en la Catedral, el mismo Andrés le dijo “No quiero ir, pero toca”. El reproche no debe ser en contra de los ciudadanos comunes y corrientes que como Andrés recibieron dinero del narcotráfico. Debe hacerse en contra de la clase política y de las autoridades que ayudaron a la creación del monstruo.

Ambos murieron a manos del narcotráfico. Pablo, porque traicionó, hostigó, extorsionó y asesinó a muchos de sus socios, al punto que los sobrevivientes se unieron con el propósito común de asesinarlo, hasta que lo lograron, no sin dejar una estela de dolor y sangre a su paso. Andrés, porque los narcos perdieron millones por un triunfo que nunca llegó. Y en ese momento preciso de nuestra historia ese mismo dinero narco alimentaba al monstruo paramilitar ensalzado y perdonado cuando Pablo cayó bajo sus balas. Como continúa alimentándolo ahora, la verdad sea dicha.

Ambas tragedias tuvieron resonancia mundial y marcaron a Colombia. Cada colombiano recuerda que hacia cuando se entero de las muertes. Y eso se retrata magistralmente en el documental.

¿Entonces, cuáles son los errores?

Su visión sobre Pablo.

A través de los ojos de su primo Jaime Gaviria y de "Popeye" se le muestra como el “Robin Hood Paisa”, alias que desacertadamente le dio la Revista Semana cuando inició su campaña política. Es una gran mentira que Pablo Escobar haya construído e iluminado canchas en los barrios más pobres para ayudar al desarrollo y esparcimiento de los jóvenes. Lo hizo para construir una gran red de sicarios, de informantes y de adictos a la droga.

En su momento, sus mandos medios confesaron como se aprovechaban los entrenamientos y partidos para conocer jóvenes y regalarles droga. Una vez adictos, tenían que comprarla. ¡Ganancias para Pablo! Si no tenían dinero, pagaban “haciendo un cruce”. La generación de “No nacimos pa’semilla”, los testimonios de los pocos sobrevivientes, muchos de ellos en sillas de ruedas, y de las madres de los muertos de la “Comuna” lo demuestran. Pablo no era, nunca fue un hombre caritativo. Era extraordinariamente inteligente y hábil para los negocios. Su mente empresarial le permitió ver oportunidades donde otros no las veían. Todos sus pasos estaban fríamente calculados, por eso llegó a ser uno de los hombres más ricos y poderosos del mundo.

La estigmatización de Colombia.

El documental, sin ser amarillista como las series de RCN, Caracol, Televisa y Fox, sin llegar a la ordinariez de las telenovelas y la literatura sicariesca tan de moda actualmente, muestra el problema del narcotráfico como de Colombia. Colombia es la víctima y la que pone los muertos en un negocio que deja multimillonarias ganancias a “barones” de todas las clases sociales y nacionalidades. Se desaprovecha incluso la entrevista al Presidente Gaviria, quien se refiere a lo que significó la violencia durante su gobierno, pero no se le pregunta o no menciona su reciente intervención en Río, donde, junto con otros altos dignatarios, expreso que debía cambiarse de enfoque en la lucha contra las drogas y empezar a hablar de la legalización.

Vale la pena verlo

Con la decisión de RCN de no transmitir el documental, al parecer por el comunicado de la familia expresando su malestar y alegando que fueron engañados, que nunca se les dijo que se trataba de comparar ambas vidas, perderemos una oportunidad de reconocer nuestra historia, de poner el tema del narcotráfico y sus influencias en todas las esferas de la nación, de denunciar como cómo nuestras violencias guerrillera, paramilitar, política, económica y común nacen y se alimentan de él. De mostrarle al mundo que hemos sido víctimas de algo que otros países disfrutan y de clamar por la verdadera solución: la legalización de la droga. Al igual que las prohibiciones del alcohol y del tabaco, es la ilegalidad la que deja las ganancias que benefician a unos pocos y cubren con ríos de sangre a la gran mayoría.

En Latinoamérica, en Europa, en África, en Asia, las guerras de todos los pelambres se nutren con el narcotráfico. Es un problema mundial. Ha llegado la hora de tener el coraje de denunciarlo en todos los foros del mundo y de exigir una solución en el contexto internacional. La llamada “Guerra contra las drogas” es un gran fracaso.

Buenas noticias

El documental puede verse completo en YouTube. En esta plataforma no se admite un link o no se hacerlo. Si no funciona, búsquelo con el nombre The Two Escobars. Está dividido en 15 fragmentos de 10 minutos y requiere banda ancha. Reúnase con sus amigos, analice, discuta sobre los planteamientos. Hagámoslo por nuestro país. Vale la pena.

 

Por: Elsa Tobon/

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Comentarios

Aracataka

Aracataka

4 Agosto de 2010
4:27 pm

..gracias Elsa....leído el tema...buscaré el video!! ...le comentaré mas adelante! saludos cordialisimos para Ud.!

Elsa Tobon

Elsa Tobon

4 Agosto de 2010
6:19 pm

OK. Estaré pendiente de tus inquietudes. Es bueno saber que en el Universal de Méjico de hoy se habla de un creciente interes por parte de académicos, activistas políticos y lideres de opinión en debatir la despenalización de las drogas, habida cuenta que los esfuerzos y el dinero gastados no son suficientes para acabar el tráfico. A éstos esfuerzos, a estas discusiones que ponen el tema en primer plano, a los que debería unirse nuestro gobierno.

numeroinverosimil

numeroinverosimil

4 Agosto de 2010
10:11 am

Leido, visto...

Un cordial saludo

Elsa Tobon

Elsa Tobon

4 Agosto de 2010
6:23 pm

Gracias Número. Quien no conoce la historia esta condenado a repetirla. Y nosotros llevamos años repitiendola. Seria maravilloso que en este Bicentenario se pudiera hablar de lo que significo la prohibicion del tabaco en Colombia, y del licor en el mundo. De verdad vale la pena reflexionar nuestra historia, y entender que esta y todas las guerras son inútiles.