Difícil olvidar, al paso de la bella Cracovia, la tierra de Juan Pablo II, en Polonia, los Campos de Auschwitz, punto clave del exterminio nazi en Europa.
Ahora quedan las barracas, los dormitorios, los hornos y las cámaras de gas. Pero lo que realmente duele es ver las miles de mucñecas arrancadas a las niñas, las toneladas de cabello de las mujeres que eran rapadas antes de entrar en la muerte, los miles de zapatos y las maletas con sus duirecciones de origen y destino. En fin.
Duele ver las horcas solitarias, los patios de fusilamiento donde los polacos fueron las principales víctimas de Nazismo.
En realidad, estos nazis hicieron tanto daño a los judios como éstos se los están haciendo ahora a los palestinos. ¿Habrá derecho a una venganza histórica con quienes nada tuvieron que ver con el exterminio?

