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¿Qué aporte hacen los emigrantes colombianos a los países en que residen? > Crónicas emigrantes | 2 Octubre 2010 - 5:53pm

Ingrid y Marulanda, la paz que pudo ser posible

Por: ARTURO PRADO LIMA | Soyperiodista.com

Llevaba escritos algunos de los capítulos de una nueva novela, cuando retuvieron a Ingrid Betancourt en un reten montado por las FARC-EP en jurisdicción del municipio del Caguan, donde se habían reventado las negociaciones de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana y esa agrupación subversiva, pero que esta última seguía controlando geográfica, militar y políticamente.

El hecho paralizó mi proyecto literario por un par de años, hasta la tarde aquella en que concebí la atolondrada idea de que Ingrid Betancourt y Manuel Marulanda Vélez eran los únicos con posibilidades reales de lograr un principio de acuerdo para la construcción de la paz en Colombia.

Desgraciadamente, los dos están muertos ahora. Ella políticamente, y el materialmente, cosa que no ocurre en mi novela. Ni más faltaba.

Con esa idea reinicié la redacción de los capítulos que le faltaban a mi novela “cumbre”.
Una candidata a la presidencia de un país decide desafiar las normas impuestas por la guerrilla en aquel territorio que lo cree liberado y del cual Manuel es su presidente, y se va a hacer campaña presidencial a sus propias entrañas. El presidente Manuel ordena su retención. El acto causa estupor mundial, pues la candidata tiene nacionalidad francesa también. Pronto se la bautiza como Juana de Arco.

Cuelgan permanentemente su retrato en la Torre Eiffel, en El Eliseo, en la Puerta del Triunfo, en las Alcaldías de París, en la estatua de la Libertad, en la Puerta de Alcalá, en el Capitolio Nacional, en fin.

Como nunca la diplomacia internacional se mueve, se remueve. Sacan de las cárceles presos que podrían facilitar su liberación. Presidentes, negociadores de conflictos, cazadores de recompensas, buscadores de información, oficinas de información falsa, aumento del presupuesto militar, intensificación de la inteligencia y contrainteligencia y planes de rescate por miles.

Rezos. Ceremonias. Llamados del Papa y del propio Dios en persona, de los anglicanos, del los hindúes, de los guajiros, pero nada de nada.

Manuel Marulanda era el presiente de un país portátil, trashumante, nómada, que en las dos últimas décadas se había asentado con sus vastas tropas, había fundado pueblos y había implantado allí su país errante.

El presidente Manuel y la candidata, al mismo tiempo, se dan cuenta de que esta es la mayor y mejor campaña electoral que haya hecho candidato alguno. Un día, Manuel aparece cortejado por su escolta presidencial, ordena desencadenar a la fiera que solo piensa en huir del infierno, que es un infierno de verdad, y le espeta en la cara:

- Deje sus intentos de escape. Sirven como terapia, pero como realidad inmediata son imposibles. Mejor, como dos presidentes, que yo lo soy de mi país portátil y Usted lo será del otro en cuanto se vaya y hablemos de un país posible.

Así lo hacen, Es un país de maravillas lógicas. Ya lo leerán si alguna editorial se anima a publicar esta novela. Son dos intelectuales que alcanzan tallas que nunca imagine que pudieran alcanzar dos personajes que, sin los recursos necesarios, llegan a inventar un país, no solo con líneas férreas de alta velocidad sino un país donde se empiezan a desbaratar las viejas estructuras, labor que les lleva años, incluso, para montar las nuevas donde ninguno de los dos países queda relegado, sino unificado en su territorio, en sus fuerzas armadas, en sus leyes y en su vocación patriótica. Un autentico estadista. Una autentica Juana de Arco.

Cabía esa posibilidad. Claro. Ingrid era liberada unilateralmente, recogía los rezos, las plegarías, las ilusiones de paz, los discursos, las alabanzas, el dolor de su sufrimiento, la esperanza de que jamás vuelva ocurrir una cosa así y los votos. Una vez en el gobierno, habría otro diálogo y allí las cosas iban a cuajar como Dios manda.

Una tarde, un ideólogo de los duros, les hace caer en cuenta de que cuando Ingrid sea la mandataria nacional y Manuel el presidente del país nómada, el diálogo entre ellos sería de pantomima, porque a estas horas de la vida, dice el ideólogo, la guerra ya no nos pertenece. Los padres de la patria la vendieron hace muchos, pero muchos años, y los verdaderos dueños no se van a sentar ni con Usted ni con Usted. La guerra es nuestro producto de exportación, nuestra industria nacional, nuestro orgullo patrio, la cabeza de playa para desembarcos occidentales hacia países rebeldes.

Así que esta guerra, si logran acabarla Ustedes, ellos tendrán que inventar otra. Si señores.

Vino después, esto ya no es novela, el rescate de Ingrid y sus compañeros de cautiverio, y cuando yo creía que empezaba la realización de mis ficciones, vaya sorpresa, veo bajar a Ingrid enfundada en camuflado militar, identificada plenamente con el régimen, arrodillarse a rezar el Ave María con el presidente contando las pepas del rosario.

A la ¡mierda! las ficciones de un aspirante a novelista en las nebulosas de Europa. Lo que empezó como un ficción y a mitad del trabajo creí que era historia y no novela lo que estaba escribiendo se volvió otra vez ficción. Y como ficción se quedará. Una novela llamada “MEMORIAS DE UNA SILLA VACIA”.

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