La selección Colombia ha demostrado en este torneo la falta de coherencia en todas sus lineas y ha desnudado errores estructurales en cuanto la convocatoria de alguno de sus jugadores.
Eduardo Lara sigue ratificando la falta de una planificación adecuada para consolidar un proceso con miras a lo que inmediatamente se nos avecina: El campeonato mundial sub20 a celebrarse a partir del mes de Julio en nuestro país.
A este proceso le faltan bases solidas para sustentar una buena participación en la justa orbital. Se carecen de muchos elementos convincentes que prevean un buen desempeño en el mundial.
El papel desarrollado por Colombia en Perú, a todas luces ha sido pobrisimo y sin el brillo que en alguno ocasión despertó este grupo de muchachos,a los que muchos catalogaron como la nueva esperanza del fútbol colombiano.
Cualquier disciplina que se desarrolle en grupo requiere de la solidaridad de cada uno de los integrantes que conformen ese núcleo,elemento con el que no ha contado esta selección que solo ha tenido uno que otro chispazo de alguno de sus jugadores.
Cuando la colectividad no brinda las garantías necesarias para solidificar una estrategia,el timonel encargado para llevar a cabo esa función no esta cumpliendo cabalmente con el cometido y vale la pena rectificar sobre la marcha y propender por adoptar medidas conducentes a mejorar la mística a seguir.
Eduardo Lara parece aferrarse a la suya y no da visos de querer cambiar su ya desgastado sistema que a las claras podemos deducir ha dejado mas perdidas que ganancias y las matemáticas en este caso,lo dejan con un saldo en rojo en relación a su papel como capitán de este barco que se hunde.
Mas allá de la ineptitud del técnico,algunos jugadores no han llenado las expectativas que sobre ellos se tenia y han sido piezas flojas de esta máquina que no engrana a pesar del optimismo ya característico de los dirigentes y un sector de la prensa deportiva que en su afán por recaudar audiencia emite un concepto distinto del funcionamiento individual y colectivo de este seleccionado.
Todavía hay tiempo para cambiarle el rumbo a esta nave que parece vagar a la deriva y con un capitán obstinado que no quiere reconocer que el mar es azul y que en los atardeceres crepusculares a veces adquiere tonos rojizos y amarillos.

