Recomendaciones - El problema de mi amiga | soyperiodista.com
22 de Mayo de 2012
17 Enero de 2012 | Recomendaciones | Soledad (Colombia)

El problema de mi amiga

El problema de mi amiga
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Invirtiendo mi tiempo en la lectura de algunas noticias curiosas sobre famosos – lo que algunos llamarían ociosidad-, hace días caí en cuenta de la gran pérdida que ha sufrido la industria musical con la muerte de la cantante británica, Amy Winehouse. Indagando en la red, como siempre lo he hecho, me encontré con la posible causa del fallecimiento de la joven de tan solo 27 años de edad: una sobredosis.

Ciertos meses atrás, su médico particular había advertido a sus familiares sobre los problemas con los que Amy debía lidiar, las críticas constantes a su personalidad, los desacuerdos y rumores que se incrementaban cada vez con más frecuencia sobre los comportamientos que tenía la cantante y sobre cómo debía hacerlo; total, no me retractaría si afirmara que la sociedad fue precisamente el problema, y la causa por qué la cantante dependía tanto de los sedantes y sustancias alucinógenas, con el fin de escapar de su propia realidad y evitar que los comentarios le afectaran.

Así como Winehouse y los famosos, la mayoría de personas nos vemos enfrentadas a ciertos “enemigos interiores”, que etiquetamos respectivamente, solo porque van en contra de aquella que consideramos nuestra “amiga”, la sociedad; pero que en realidad no son más que nuestros sinceros sentimientos, nuestro propio ser en autenticidad, en su plenitud, los que reflejan cada gota de lágrima y sudor acontecida en la vida de cada uno de nosotros, son nuestra verdadera esencia, lo que nos permite destacarnos entre los demás, y que desafortunadamente con tan solo una palabra crítica de destrucción por parte de nuestra “amiga”, y como consecuencia de la integración social a la cual quiere llegar el hombre, nos proponemos desaparecerlos, pero al darnos cuenta de que es imposible hacerlo, decidimos cegarnos a ver la realidad de quiénes somos, y automáticamente nos creamos un prototipo del “ser perfecto” para plasmarlo en nosotros; inventamos lo que no hay en nuestra personalidad, alguien que es el producto de la sociedad, y no de mi “yo”, que es lo que debe valer en mi vida; y es aquí donde vienen las famosas “máscaras” de las que tanto nos habla Gilbert Brenson en su escrito.

No abrimos nuestra mente a la única verdad a la que nos vemos sometidos: la verdad no es absoluta; sino que nos realizamos un auto lavado de cerebro, y mecánicamente todo lo que para la sociedad está de moda, para mí también; todo lo que para la sociedad es bello, por más feo que me parezca, mi boca debe lanzar una expresión algo así como : “No puedo creer lo bonito que es ese jean”, y nos internamos en un campo de concentración, donde yo soy el reclutado, y la sociedad, el recluta.

La sociedad logra atraparnos y con tal de pertenecer a ella y a su “diversión”, nos moldea a su gana, y comienza extinguiendo nuestra condición de únicos, aunque tratemos de convencernos a nosotros mismos de que no es así. Queremos pertenecer a algo o a alguien, lo que es absolutamente desnaturalizado, pues se crean inicialmente varias vidas para que cada uno viva la suya, no para que exista un monopolio en el cual hay tráfico de voluntades ajenas a la nuestra; y además de eso, de una forma cruel, de la forma más ridícula que puede existir: disfrazándonos.

A duras penas ese disfraz, esa “máscara” nos prolonga las “felicidades”, pero en un sentido totalitario nos esconde, nos roba, y lo único que ganamos es mucho más temor, temor a cansarnos de ella, y mostrarnos algún día tal como somos, y que no nos acepten. ¿Por qué no mostrar a todos, desde un comienzo, nuestra realidad? ¿Por qué el hombre teme mostrar a los demás, lo que es ante su propio Dios?. Quizás si alguna vez nos ponemos a pensar el porqué un homosexual no “sale del clóset” desde el mismo instante en el que se siente seguro de ser quien es, nos daremos cuenta de la gran influencia que tiene nuestra “amiga”, la sociedad, sobre esa persona, y es ese “modelo perfecto” el que lo lleva a ocultarse detrás del muro más falso que pueda existir: la misma máscara que muchos otros homosexuales usan.

Las máscaras son sinónimo de prisión, nuestra libertad se apaga por completo, y simplemente alimentamos el parásito de la sociedad; algunos aparentan dinero de donde no lo hay, otros juegan a ser los fuertes, cuando en realidad son los más sensibles, otros humillan y hacen el papel de jueces y dioses, mientras son en realidad los que más serán juzgados, e incluso los que no tienen autoridad para hacerlo.

Aquél que use una máscara, un disfraz, así sea invisible, debe saber que en vez de mostrarse más a la sociedad, sólo se está perdiendo y ocultando en ella misma. No debemos avergonzarnos de ser quienes somos, no debemos afligirnos por entregar todo el amor a la persona que queremos, y crearnos a capa y escudo si no nos corresponde; sino al contrario, debemos disfrutar de nuestras virtudes, seguir siendo igual de románticos, igual de sencillos, igual de sinceros, igual de auténticos, y aprender a no dejarnos guiar por la “amiga” de la mayoría que usan máscaras, que al fin y al cabo termina idiotizándolos.

La sociedad está llena de actores y actrices, sólo depende de qué personaje quieres interpretar en la obra, o si tan solo quieres reírte de cada máscara artificial y descubrir que detrás de ella hay una vida con historia real.

Por: Vivian Fernanda Cuello Santana/

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Opiniones

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Comentarios

Sandra Mercedes

Sandra Mercedes

18 Enero de 2012
8:50 pm

Interesante artículo. Un saludo de bienvenida.

jogafi

jogafi

18 Enero de 2012
6:40 pm

Vivian Fernanda, igualmente "bienvenida" al portal de S.P. satsfactorio encontrar una adolescente "rebelde pero objetiva" que no se conforma con ponerse la màscara y convertirse en esa actriz, como lo hace la mayorìa.
S. Cordial.

luisalejandrodiaz

luisalejandrodiaz

18 Enero de 2012
2:45 pm

Bienvenida y muy contundente el texto. Feliz tarde

Elsa Tobon

Elsa Tobon

18 Enero de 2012
1:55 pm

Me alegra mucho que una persona joven tenga claridad al respecto del 'juego social' y ande sin máscaras. Me uno a la bienvenida que te da el señor Moderador.

osgir

osgir

18 Enero de 2012
8:26 am

Fresco, actual, de fondo el artículo.
Feliz día.

ESCRIBANO13

ESCRIBANO13

18 Enero de 2012
1:09 am

Interesante su articulo, Venuslasis y revelador para tener en cuenta. La sociedad es un monstruo amorfo dispuesto a devorar a sus hijos despistados. Es la competencia de una contradiccion constante sin pies ni cabeza que nos impulsa a la busqueda del placer y al sinsentido del dolor, entre lo real e ilusorio, la vida y la muerte, el poder y la debilidad, sin que se inmute mientras devora a sus victimas incompetentes para afrontarla. Antes que nada, el arma para defendernos de tal ignominia, es el saber realmente quienes somos y cual es el principio y el valor real de nuestra verdadera existencia.
Gracias por ponerme nuevamente alerta ante este monstruo oscuro, silencioso y peligroso
Saludos.

moderador

moderador

17 Enero de 2012
6:16 pm

Gracias por el aporte en Soyperiodista.com. Bienvenida a este espacio de libre expresión. Espero que su experiencia acá sea óptima.