



Hace unos días un amigo extranjero me comentó que cuando él vio por primera vez un culebrón colombiano, concluyó que eso que estaba viendo era la realidad de un país y no un falso universo, al estilo Hollywood. Yo me quedé sin palabras porque nunca había pensado que yo, como colombiana, fuera tal y como nos describen los guionistas de nuestras telenovelas, series o cine.
Reflexionando sobre el tema fui descubriendo poco a poco que mi amigo tenía razón y que era tonto hablar de estereotipos o ironías, la verdad simple y cruda es esa. Somos así, estamos reflejados en todos esos personajes, desde la niña pobre que se enamora del rico hasta el sicario que reza antes de asesinar a alguien por encargo de las mafias.
Para más "Inri" hace unos días vi a una pareja discutiendo en la calle, la mujer lanzaba gritos, reclamaba con la cara congestionada mientras el hombre se iba sintiendo arrinconado contra la pared. Al verlos de lejos, uno podía pensar que el asunto era grave, que quizás él hubiese cometido una atrocidad y por eso la mujer estaba desquiciada.
No me quedé a presenciar en qué acababa todo, tampoco me interesaban los motivos de la pelea entre aquella pareja, pero a mi cerebro vinieron imágenes de las muchas peleas que he visto o presenciado ya sea en las telenovelas o en mi vida real. He visto amigas que intentan cortarse las venas por amor, amigos que se presentan en casa de sus novias a horas inadecuadas, movidos por rabiosos celos que no pueden contener, jefes que pierden los nervios ante sus empleados, pasajeros que discuten con los choferes de los autobuses, personas que se desgañitan al volante, señoras de cierta edad que revisan los bolsos de sus empleadas al terminar éstas su jornada, o que se burlan con sus amigas de cómo se viste o a qué huele su empleada de servicio, mujeres que lloran a grito partido porque su celular se ha estropeado… como si el mundo se acabara por eso.
En el día a día nuestro, al primer contratiempo saltan las alarmas como ríos desbordados avasallando todo cuanto encuentran a su paso y después no pasa nada, la situación no se arregla, el problema sigue latente hasta que otra piedra en el camino lo haga saltar.
Somos un 99% de nervio en tensión y eso no es del todo malo, gracias a ese nervio algunos colombianos han logrado sobresalir en el mundo, ya sea a nivel intelectual, deportivo, artístico o científico, sin embargo esto mismo también debería ser un punto de reflexión para aprender a aprovechar nuestras ventajas y encauzarlas de una forma más efectiva y duradera en el tiempo.
En vez de desperdiciar nuestras energías potenciales con dramas absurdos y motivos baladíes, podríamos empeñarnos en cambiar nuestro presente para mejorar el futuro. Claro, si es que en verdad nos importa cambiar esa imagen de culebrón por la de un pueblo que maneja inteligentemente sus destinos y lo refleja en las obras que presenta al mundo.



Comentarios
Sandra Mercedes
5 Febrero de 2012
6:34 pm
¿Qué sería de los guionistas de novela sino existiera la realidad?. Grata lectura.
ladypapa
6 Febrero de 2012
4:10 am
Seguro que se la inventan. En estos trabajos hay que ser creativos, sino estamos muertos.
Aracataka
5 Febrero de 2012
4:40 pm
..eso es verdad! la emotividad y el dramatismo son caracteristicos de quienes quieren todo facil...entonces preferiblemente se acude a la actuacion...
..grata lectura..divertida y muy cierta...
..saludosskiss!
ladypapa
6 Febrero de 2012
4:09 am
Gracias Aracataka, que gustazo verte por aquí.
Respecto a la emotividad, habría que tener cuidado de no caer en la cursilería, pero como digo en el artículo, si esa pasión se encaminara por cauces productivos, no dudo que seríamos un gran país.
osgir
5 Febrero de 2012
11:57 am
El problema de estar mostrando cómo somos es que nos ha quedad gustando como somos.
ladypapa
6 Febrero de 2012
4:06 am
No creo que sea tan malo que nos gustemos un poco Osgir, de hecho, a los extranjeros les gusta nuestro carácter, bueno salvo a las autoridades de inmigración en los aeropuertos del mundo, pero en general, nos ven mejor de lo que nos vemos a nosotros mismos.
Claro que hay que mejorar los defectos y superar las carencias, eso es cuestión de educación y disciplina.