30 de Julio de 2014
11 Octubre de 2012 | Crónicas emigrantes | (Colombia)

Lesbianas. Un estilo de vida en Bogotá

Lesbianas. Un estilo de vida en Bogotá
Foto:Lagartija de Colores

Dicen que las lesbianas "son mujeres que se conducen como varones en un mundo sin varones", y que se reconocen por la mirada, como lo hacen los hombres homosexuales. La realidad que se ve al interior de un bar de lesbianas es menos cinematográfico de lo que uno piensa: no bailan sudorosas, no se besan entre ellas mismas, no hay aglomeraciones. En estos establecimientos no hay ningún ícono gay en las paredes ni en las mesas, pues confieso que esperaba encontrarme con algún afiche multicolor, o por qué no, con una foto de Miguel Bosé.

A pesar del simbolismo que se ha creado por y para los homosexuales, estos sitios carecen de color, de formas que tengan intencionalidades eróticas, todo tan gris e inconcluso, llegando al punto de ser austero. Me di cuenta que ellas tienen claves para entenderse, para mirarse, para invitar a otra a bailar, para moverse y para seducir sin la necesidad de tocarse.

La idea física que yo tenía de una mujer homosexual, era una figura robusta, desaliñada, con voz intentando ser gruesa, ropa holgada para ocultar las curvas y nada de maquillaje. Nada de esto fue así, o no como pensaba. Estos sitios son frecuentados por mujeres policías, ejecutivas, y estudiantes universitarias. Unas más arregladas que otras, pero caracterizándose siempre por algún toque femenino, con ojos claros, manos suaves. Toque, que incluso lo tienen las recias.

Ya eran las nueve de la noche, y yo estaba en compañía de mi amiga Laura, que es bisexual y esperaba que su novia Lucia llegara. Ella me decía que las cosas que pasan en estos lugares, llenos de sudores y humos, tienen mucha heroína, mucho alcohol, y muchas veces tristeza, porque la sociedad aún es apática a reconocer la multiculturalidad de las personas. Laura tiene 19 años, tiene el pelo negro, la tez blanca y no es más alta que yo.

Estábamos en un lugar del barrio Teusaquillo, y afirmaba que le gustaba estar ahí porque amaba sentir el calor de las peleas, (afortunadamente esa noche no sucedió alguna), el labial, el licor, el baile, la música y las mujeres rodeadas de oscuridad. Luego de media hora llegó Lucia a nuestra mesa, con falda negra y camisa de flores.

Laura me decía que se había enamorado de ella, porque una vez en ese lugar, la vio tomando vodka de una forma escandalosa. Ya con más confianza, gracias a ese olor a viernes, yo les pregunté acerca de sus relaciones familiares. Laura aseguraba que su gusto por las mujeres empezó en la gestación: “Mi mamá pensaba que yo iba a ser un hombre.

Ella me hablaba y me consentía como si fuera un varón, además mi cuarto, antes de nacer, era azul, con carritos, balones y demás. ¡Grata sorpresa la que se llevó cuando nací!, y que odio el que mis padres empezaron a sentir por el médico incompetente que les había dicho que yo iba a ser un varoncito”. Lucía confiesa que se ríe cada vez que escucha esta historia, ya que las cosas en su casa fueron totalmente diferentes, y dice que se debe a un padre y a un hermano machista, aunque no habla más al respecto. También les pregunte acerca de su cotidianeidad, pues pensaba que en su hogar desempeñaban el rol de hombre y de mujer, pero me dijeron que no es así.

Ellas se distribuyen las tareas para así lograr un balance. Estuve ahí por otro rato, observando su manera de comunicarse, de tocarse, de perderse en el humo, hasta que llego la administradora del bar con unos botones de colores. El rojo significaba “comprometida”, el azul “quiero una noche loca”, el verde trataba de “solo diversión”, y el blanco “interesada en conocer a alguien”. Yo obviamente me quedé con el verde, pero ellas escogieron el rojo, por la relación que tienen con anterioridad.

Las personas homosexuales suelen buscar pareja en sitios de encuentro gay como discotecas, bares, saunas o videos, así como a través de Internet. A diferencia de lo que ocurre con las parejas heterosexuales, el emparejamiento en personas homosexuales, se ve influenciado en mayor medida por lo erótico-sexual y por los encuentros para sexo casual en lugares comunes que por un proceso tradicional de citas continuas para conocerse. Fue ahí donde entendí un poco más acerca de su lenguaje no verbal, de sus sueños más profundos y de su debilidad por la perfección de la geometría hecha mujer.

Gracias a la visita que hice a este lugar, me di cuenta de que a pesar de que Colombia es uno de los países más avanzados en el reconocimiento de los derechos de la población LGBT, todo el marco jurídico no ha ido a la par con el abordaje de los aspectos socioculturales concernidos con las relaciones entre parejas del mismo sexo. 

Ilustración: Lagartija de Colores. Tomado de: My illustrations

Por: Silvia Gómez González/

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Comentarios

cesare90

cesare90

12 Octubre de 2012
2:06 pm

El lesbianismo es más un tema de cultura que de actitud, ellas se aman y eso hay que entenderlo, el mundo cambia a velocidad vertiginosa, sin embargo aun queda mucho miedo, tabú y sobre todo la prepotente imposición machista

osgir

osgir

12 Octubre de 2012
3:17 am

El verdadero lesbianismo no puede andar por ahí dándoselas de auténtico.

criticoncolombiano

criticoncolombiano

11 Octubre de 2012
6:44 pm

El lesbianismo ha sido siempre enmascarado por nuestra sociedad doblemoralista y pacata, dos mujeres que se besen en publico y se agarren de la mano no serán juzgadas con la misma severidad con que se juzgaría a una pareja gay masculina en las mismas poses.Hoy en día las lesbianas son mas abiertas y directas en la manifestación de emociones y enfrentan los señalamientos sin melindres, incluso cuando una lesbiana sale del closet para la familia no es un asunto tan traumático.