01 de Agosto de 2014
11 Noviembre de 2012 | Recomendaciones | (Colombia)

A dónde van los desaparecidos...

A dónde van los desaparecidos...
Foto:http://www.google.es/imgres?q=desaparecidos&start=178&um=1&hl=es&sa=N&biw=1277&b

Se preguntaba Ruben Blades hace unos años, cuando empezaban a salir a la luz publica los nombres y rostros de latinoamericanos desaparecidos - "porque no todos somos iguales" -, surgieron las madres de la plaza de Mayo, las emisoras que lanzaban mensajes a familiares en algún punto de nuestra geografía y se vivía con el miedo en el cuerpo, pensando en que en algún momento, en cualquier calle de cualquier ciudad, quizás nosotros también desapareceríamos en esa nada absoluta, o algún hermano, o familiar.

Una época que parece ida y que sin embargo deja secuelas en el inconsciente colectivo, de la cual será muy difícil recuperarse, si no que lo diga cualquier madre de familia, hermana, hermano, esposo que ve pasar las horas y sus hijos, esposa o familiares, no llegan, ni llaman por teléfono, el corazón se encoge y la familia entera empieza a llamar a amigos, conocidos, parientes lejanos, y si el desaparecido aún sigue sin dar razón, se pasa a los hospitales, las comisarías de policía y por último a las morgues.

La angustia corroe el pensamiento, nos hace desconfiados, inseguros, afecta nuestra vida sentimental y laboral, nos preocupamos hasta el delirio y de repente, aparecen noticias como esta: "El 94% de las desapariciones en Bogotá son voluntarias" publicada en El Espectador y cuya fuente proviene de la Secretaria de Gobierno.

Los lectores no pueden dar crédito a tal noticia, la leen con mayor detenimiento, la comentan con sus amigos y familiares, de un momento a otro, empieza a surgir una especie de "Leyenda urbana" en la que se cuentan casos de hombres que han abandonado a sus mujeres por irse con su amante a Rio de Janeiro, ejecutivos de importantes compañías que huyen a paraísos exóticos y fiscales, mujeres que exploran nuevas posibilidades sexuales lejos del hogar o hijos que se sienten aventureros, toman la mochila y cierran la puerta de su casa sin decir una palabra a nadie.

En España es muy común una frase que dice: SE FUE A POR TABACO, para denominar a hombres que abandonaban sus hogares por sus amantes, y al cabo de los años se les encontraba en Cuba o en América del sur disfrutando de un nuevo hogar.

Son dos caras de una misma moneda, las dos existen para fomentar el tormento colectivo, porque ya sea por voluntad propia o forzosa, los que se quedan son los que sufren, los que contienen el aliento y enloquecen de dolor y es ahí donde las autoridades deben constituirse en garantes de la salud mental de los pueblos, las autoridades son las llamadas a crear mecanismos que logren identificar a corto plazo si se trata de una desaparición forzosa o violenta y un abandono.

Los familiares deberían contar con la asistencia de psicólogos o trabajadores sociales que los ayuden en esos primeros instantes de confusión hasta que se determine que es en realidad lo que ha sucedido, para poder afrontar su cotidianidad desde otra óptica y saber a ciencia cierta si debe olvidar al ingrato que tuvo la insensatez de romper el corazón, o encauzar todas las energías en la búsqueda y rescate del desaparecido.

Por: ladypapa

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Comentarios

ladypapa

ladypapa

11 Noviembre de 2012
12:02 pm

jajaja pero fúmatelo en tu casa, y si se te acaba no pronuncies las palabras fatídicas.
Es un tanto cruel ironizar sobre el dolor, porque al fin y al cabo, a la fuerza o por voluntad propia, siempre hay quien sufre, como bien dices.

osgir

osgir

11 Noviembre de 2012
7:18 am

Tu artículo hace recordar FORZOSAMENTE que hay desparecidos VOLUNTARIOS y desaparecidos FORZADOS.

En ambos casos hay , al menos , un muerto psicológico cuando no varios. La esposa, los hijos, la madre, los acreedores...... los inversionistas en la bolsa, etc....

En este país, por ejemplo, tenemos ahora varios desaparecidos VOLUNTARIOS, entre ellos los que debían proteger a los incautos que invierten en un bolsa de inflar que termina siendo un POMPA DE JABÓN.

Me dieron ganas de fumarme un tabaquito, qué carajos.