22 de Diciembre de 2014
15 Noviembre de 2012 | Recomendaciones | (Colombia)

Merecemos -al menos - una muerte digna

Merecemos -al menos - una muerte digna
Foto:saludymedicina.org

En medio de la realidad catastrófica de la existencia y de la vulnerabilidad constante de perder nuestra vida, en una tierra de legisladores, mi reflexión para los fisgones con el presente Síndrome Fantasmal de la Fatalidad:

Todos nos encontramos en constante peligro, no hay salvación ni esperanza de lograr contrarrestar el Síndrome Fantasmal de la Fatalidad, que como marca de hierro incandescente nos lleva irremediablemente a la terminación: Es sutil, pegajosa y volatil metiendose entre los poros, la mente y el espíritu sin que nos demos cuenta de su acción en plena complicidad con el tiempo, el misterio del vacio, y la irrefutable realidad del movimiento, lanzándonos a una eternidad inconclusa en donde la soledad, el vacio, el silencio y la oscuridad nos aguarda para precipitarnos a la nada, a la desintegración total.

La muerte nos espera paciente, y para conjurarla y darle sentido al estar, al instante sublime de nuestro respirar en el momento, sólo podemos actuar enceguecidos retrasando dicha fatalidad que nos agobia, dándole tiempo al tiempo que no desea escucharnos fugándose precipitadamente. Ser conscientes del hecho de nuestra propia condena, nos hace vivir en constante alerta sin darle a nuestro fatal destino la menor oportunidad a que nos atrape en el cruce de caminos, en la disyuntiva misteriosa por donde nos empuja la vida; de lo contrario, será más temprano que tarde en caer en sus redes de desolación – aunque sepamos que tarde que temprano seremos las víctimas de turno de su enconada obseción por absorverlo todo, en el todo, que se convierte irremediablemente en la nada: el dejar de existir.

Vamos, sencillamente bamboleados por la tormenta aviesa, presos en el barco que partio de Transilvania a Lóndres en compañía del Conde Drácula sin que sus tripulantes lo supieran, cargados con todo el terror desesperante, inconcluso, incoherente y sin sentido esperando nuestro turno para desaparecer por las garras de lo desconocido en medio de un mar impetuoso y una oscuridad aterradora sin esperanzas de ser salvos.

Así es nuestra existencia – sin más ni más. A espera de la fatalidad luchando para retrasarla jugando con ella en un tira y afloje, en inicio y terminación constante que se repite obstinada sujetos a su círculo concéntrico envolviendonos como serpiente dispuesta a destriparnos hasta el momento – el fatídico momento – en que la ruleta de nuestra vida se detiene.

Sólo es un momento, un instante, el último segundo del último minuto en que nuestro ser se desliza tratándo de agarrarse de un tempano de hielo que se deshace, intentando no caer en las profundidades de la eternidad, la oscuridad y el silencio total, a sabiendas que en realidad morimos engañados, el retorno hacia la nada de donde veníamos, hacia la profundidad del nunca jamás.

Déjate caer, déjate deslizar, déjate llevar, no hay escapatoria, no hay salvación…y comenzaras a extrañar el dolor que te mantenía con vida ¡Cuánto añorarás seguir sufriendo! !Cuánto desearás una nueva oportunidad!. Alejado de ti para siempre en el ese último segundo del último minuto sin importar lo que pùdo haber sido y no fue y lo que siendo no pudo ser ¿para qué si ya no es, si dejarás de ser?. Si al fin de cuentas cuando pasen aquellos instantes de sublime dolor y ya no estes, solo serás un montón de material colapsada a los ojos de los demás, quienes paralizados y mudos frente al momento, en un momento… experimentaran su vulnerabilidad por más poder iluso que hayan creído poseer sin poseer yam as nada sino lo que fue.

Todo se reduce a vivir en un eterno presente, leer en las paredes en blanco y escuchar el silencio, caminar a espera de la oportunidad fantasmal de ver, apreciar y sentir por unos ínfimos segundos la realidad, la cruda alternativa de ser prisioneros de nosotros mismos en el continuo torbellino de nuestra indecision e inconsistencia, incoherencia e inexistencia.

Por: CARLOS ALBERTO PINO RIVERA/

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Comentarios

jogafi

jogafi

16 Noviembre de 2012
11:02 am

Carlos, alguna vez escribí que ya que no muchos no tienen una "vida digna" por lo menos se merecen una muerte digna.
Es lo que nuestros legisladores deben pensar, porque al parecer aquí se sigue legislando con base a subjetividades y preceptos religiosos, y en contra del respeto y la dignidad de los seres humanos,
Saludo cordial.

ESCRIBANO13

ESCRIBANO13

16 Noviembre de 2012
11:30 am

Saludos Jogafi: En lo cierto, cierto estas. No se puede entender como ha de estar primero la legislación emitida por una sociedad de individuos en proceso de entender o comprender los misterios, la esencia prima de nuestra propia naturaleza. Ningún Estado puede legislar sobre la voluntad de nuestra propia muerte, es lo único que nos pertenece.
Gracias por su incidencia en la pluralidad de pensamiento.
Buen día.

antonin

antonin

16 Noviembre de 2012
7:13 am

Solo si te aferras a DIOS,encontraràs vida despuès de la muerte.
Jesùs vencio a la muerte, Èl resucitò para darnos vida eterna,esa es la promesa.
Escribano... DIOS te ama

ESCRIBANO13

ESCRIBANO13

16 Noviembre de 2012
11:38 am

Congratulado y respetuoso frente a sus deseos, enarbolando su fe y su valiosa esperanza, muy agradecido por sus sanas intenciones propias de un hombre anclado al misterio.
Que Dios te acompañe
Saludos

Francaditalia

Francaditalia

16 Noviembre de 2012
3:54 am

Los ojos extraviados de Klaus Kinski, nada más agobiante que ser eterno. gracias por esta nota.

ESCRIBANO13

ESCRIBANO13

16 Noviembre de 2012
11:40 am

Estas igualmente correspondida.
Al menos nos abriga la esperanza de no ser eternos...
Muchos saludos
Gracias.