31 de octubre de 2014
19 Noviembre de 2012 | Recomendaciones | (Colombia)

La dosis personal de silencio

La dosis personal de silencio
Foto:

 A propósito de la querella interpuesta en contra de la Contralora General, porque según sus vecinos, no aguantan más el ruido proveniente de la casa de la funcionaria, debido a sus perros, gatos, guacamaya, cancha de futbol en la terraza de su vivienda, entre otros, lo cual al parecer  ha motivado la desesperación de los querellantes, muchos nos preguntamos, para dónde se fue el silencio. 

Lo cierto es que el ruido no distingue estrato o clase social,  la contaminación auditiva cobra más fuerza. 

El ruido terminará siendo considerado uno de los flagelos actuales, sin solución a la vista, o mejor al oído.  El silencio, pierde cada vez más espacio dentro de un mundo subido de tono.

El parque automotor, los locutores gritones de las emisoras locales, los pitos innecesarios, los vecinos que obligan a los otros a escuchar sus gustos musicales, las alarmas, el camión de la basura que hace su recorrido en la madrugada, la serenata de perros que hacen su aparición precisamente cuando a un vecino le da por martillar a las once de la noche, en fin, son tantas causas generadoras de ruido, que hacen que cada día perdamos capacidad auditiva y que nos estemos convirtiendo en seres gritones, cada día hablamos más fuerte, casi a los gritos. ¿Se han dado cuenta de eso?

¿Cuál es la hora del silencio? Esa es la inquietud que tengo, porque  ya ni siquiera en las horas de la noche se puede uno extasiar de una buena dosis personal de silencio.

Por lo menos en la ciudad de Bogotá y en tres noches-madrugadas por semana, el camión de la basura y sus acompañantes hacen un ruido impresionante, el motor, el engranaje del camión triturando y organizando la basura, las canecas de la basura que son tiradas sin compasión alguna en los andenes o aceras por parte de los empleados del servicio de aseo.  El servicio de basura para los bogotanos se está convirtiendo en una tortura.  Entre la una y las tres de la mañana aproximadamente pasa el camión de la basura por los barrios de Bogotá, acortando el sueño de los bogotanos que definitivamente no tenemos un sueño pesado. 

De otra parte,  las frecuentes fiestas de los vecinos (somos un pueblo rumbero) Dios mío, quien nos manda ser uno de los países más felices, aquí celebramos y nos embriáganos hasta por la caída de una aguja, no hay derecho.

Hasta en el internet la gente grita, en las reuniones de colegio, conjuntos residenciales,  religiosas, etc., etc., siempre hay un interlocutor estrenando micrófono, un bebecito llorón, un niño en edad pre escolar que sin duda están en el lugar equivocado.  Batallas auditivas entre los interlocutores gomosos con sus micrófonos, infantes que lloran y gritan para que los saquen de ahí y  para completar la escena, los padres de esos menores, como si no fuera con ellos; siempre me he preguntado ¿Por qué no se salen de la reunión? o mejor ¿Por qué los demás no nos salimos?  “Sordos-masoquistas”, acaso?. 

O  qué me dicen de quienes todavía disfrutan de un timbre de celular a un nivel máximo y para completar con una melodía bien chillona;  entrándome en los terrenos de Pilar Castaño, creo que esos timbres están pasados de moda, discúlpeme quien todavía usa esos timbres, pero ya ¿para qué? si ya sabemos que la mayoría tenemos celular, así sea uno de los conocidos “Flechas”, quizás en los comienzos del uso de la telefonía móvil, se justificaba un timbre bien chillón, boleta y ruidoso, para que los demás se dieran cuenta que uno tenía celular, eso era lo máximo,  ¿Pero en la actualidad?.

Estos ejemplos que traigo a colación son tan solo unos de los tantos que invaden la cotidianidad diurna y nocturna y que literalmente están masacrando al silencio.

El silencio es un alimento para el alma, es el encuentro con uno mismo, me da cierta nostalgia con las nuevas generaciones porque están creciendo sin conocer las maravillas del silencio, y la mayoría de citadinos nos estamos perdiendo las delicias de una  buena dosis personal de silencio. 

Por: Sandra Mercedes

VOTOS: 9
Cómo le pareció esta publicación?
Su voto: Ninguno (9 votos)

Opiniones

15

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión. Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado. Regístrese o ingrese aquí

Comentarios

ladypapa

ladypapa

24 Noviembre de 2012
5:16 pm

Cuando se habla de exceso de ruido siempre viene a mi mente la imagen de dos amigas que se encuentran en mitad de la calle, llevan mucho tiempo sin verse y se abrazan, saltan y gritan.
Somos desaforados, no respetamos el silencio y ya deberíamos empezar a tomar medidas, antes de que nos quedemos sordos.

Sandra Mercedes

Sandra Mercedes

20 Noviembre de 2012
1:54 pm

Buenas Tardes, muchas gracias por sus comentarios y complemento a la nota, ojalá haya conciencia ciudadana y respeto por el derecho de los demás. El silencio es un derecho. Un saludo y bendiciones para todos.

Lucho_perez

Lucho_perez

20 Noviembre de 2012
12:55 pm

En muchas ciudades y vecindarios, no deja de faltar el INDIO..en el peor sentido de la palabra, que pretende imponer sus reglas: violando e irrespetando los derechos de los demás,,y eso se vive y sufre a nivel de todos los estratos.

Homotauro

Homotauro

20 Noviembre de 2012
11:22 am

Que elocuente es el silencio, cuando no hay nada edificante que decir.
saludos y un abrazo a tan prodigiosa pluma
bendiciones Sandrita

José Bejarano

José Bejarano

20 Noviembre de 2012
11:10 am

La falta de autoridad genera estos problemas. Yo pensé que en Barranquilla o mejor, en laRegión Caribe era donde se daba este flagelo, pero tu nota me hace ver que el problema es general. Que decir de los picos andantes (autos que llevan un equipo de sonido a todo volumen), las sirenas que hacen sonar las emisoras chillonas en medio de la música, las ambulancias con ruidos estridentes.

jogafi

jogafi

20 Noviembre de 2012
2:24 am

EL silencio de los inocentes y el ruido de los culpables...
Lastimosamente en la ciudad encontramos a muchos culpables (que no saben convivir) y creen que solo ellos tienen derechos, irrespetando y desconociendo el de los demás
Saludo Cordial. Sandra

osgir

osgir

19 Noviembre de 2012
6:53 pm

Estoy en el silencio de los inocentes según veo.

ME GUSTA LA BULLA PARA PODER DISFRUTAR DEL SILENCIO.

osgir

osgir

19 Noviembre de 2012
6:11 pm

Aclárame lo de "guacamaya" porque me parece de doble sentido..... O no?

criticoncolombiano

criticoncolombiano

19 Noviembre de 2012
5:51 pm

Me críe en el campo, en dos hermosas fincas en el desaparecido Armero y jamás olvidare la tranquilidad y a veces esos "silencios" de la naturaleza circundante...hoy en mi madurez sufro la tortura de un vecino que coloca su equipo de sonido a todo volumen y obliga a media cuadra a escuchar su guateque y música de aguelulo.

criticoncolombiano

criticoncolombiano

19 Noviembre de 2012
5:52 pm

silencio...¡mágico silencio!

luisalejandrodiaz

luisalejandrodiaz

19 Noviembre de 2012
5:20 pm

Silencio alimento del alma. Silencio donde se escuha y aprende del mayor. Silencio del muerto que deja en el mundo recuerdos y amoríos. Silencio protagonísta de sublime poesia y cantos de guitarra. Silencio para premiar y analisar nuestra existencia..., etc.

moderador

moderador

19 Noviembre de 2012
3:43 pm

Nota destacada en la red de portales. Gracias por el aporte.

Sandra Mercedes

Sandra Mercedes

19 Noviembre de 2012
4:58 pm

Mil gracias a ustedes. Un saludo.

Aracataka

Aracataka

19 Noviembre de 2012
3:27 pm

..adoro el silencio! hasta le escribía poemas y versos! pero aqui ya no es como antes, aun a pesar de vivir a 12 kts fuera de la ciudad y con vecinos a dos cuadras de distancia, hay noches que son quebrantadas brutalmente por las preferencias musicales de algunos invitados de paso...resulta que la dueña de una parcela, que no vive en ella, que es acomodada y aficionada a las fiestas ajenas! le encanta rentar su parcela por la módica suma de 400 mil pesos la noche! sus cuidanderos dirigen la orcquesta que enciende sus alto parlantes hasta hacer perder la razón, en el silencio de la noche! he llamado a las autoridades, he enviado cartas, he ido a la fiscalia...pero nada, la dueña tiene muchas influencias! y sigue haciendo negocio sacrificando la paz de los demás residentes! ..un super tema!

Sandra Mercedes

Sandra Mercedes

19 Noviembre de 2012
4:57 pm

Hola Connie, yo también adoro el silencio. Bogotá está desesperadamente ruidosa. Lo de los vecinos fiesteros es un gran problema, a veces sus equipos de sonidos suenan tan alto, que hacen vibrar las ventanas de sus vecinos, falta de respeto y consideración con los demás. Tus poemas deben ser muy bellos. Gracias por el comentario.- Un abrazo.