21 de Diciembre de 2014
2 Diciembre de 2012 | Recomendaciones | (Colombia)

A propósito del traductor

A propósito del traductor
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Qué sería de la literatura si no existieran los traductores, esos personajes que se convierten en sombras, para que las palabras del autor lo atraviesen sin sufrir alteración alguna, por supuesto, hablo de los auténticos profesionales, aquellos que callan su voz para impedir que sus sentimientos propios no trasciendan.

El negocio editorial los considera "males necesarios" una carga impositiva pero necesaria para comercializar un libro en países de lengua distinta a la del autor, un ser invisible al que hay que pagarle unos honorarios, unos derechos de publicación y encima colocarlo en la cubierta de los libros, en los casos en que se negocie con empresas serias.

Desde el punto del lector, los traductores son como una máquina de revelado, a través de ellos podemos apreciar otras culturas, podemos conocer autores que de otra manera ni siquiera intuíamos que existieran, pero ya metiéndonos en la piel de esos seres vemos que la mayor dificultad de su trabajo radica en la necesidad de trasladar los efectos sensoriales de un escritor en su lengua materna a otra totalmente diferente y ahí es donde su trabajo se hace vital, pues no siempre, la percepción del lector es la esperada, por eso, muchos traductores se limitan al sentido literal de los textos.

Esta literalidad provoca en el lector, cuando logra leer al escritor en su lengua materna, una especie de desencanto en el peor de los casos.

Otro aspecto a tener en cuenta es hasta que punto un traductor es capaz de abstraerse de reflejar su propia filosofía de vida cuando se enfrenta a autores con los que no se identifica absolutamente.

La traducción es ese tipo de profesiones ambiguas que vagan entre el oficio de escritor, muchos de ellos, por supuesto también escriben y el de un operario de una fábrica que coloca piezas, en este caso palabras, de forma que logren cumplir una función: textos claros y entendibles para el lector, que en el instante de comprar un libro jamás se pregunta quién es el traductor, salvo por supuesto en los escasos lectores conocedores y especializados.

Para el resto de los mortales que desprevenidos nos detenemos en una librería, la figura del traductor es algo escrito en letra pequeña que nunca leemos y sin embargo, el traductor es la persona que tiene en su mano la llave de la caja de Pandora que puede abrir universos inexplorados y cambiar definitivamente nuestras vidas.

Por: ladypapa

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Comentarios

Sandra Mercedes

Sandra Mercedes

2 Diciembre de 2012
9:57 am

Importante labor, al igual que la de los correctores de estilo. A veces no es muy reconocido el trabajo que hacen, pero no debemos olvidar que son piezas fundamentales en la edición final de un libro. Feliz domingo.

ladypapa

ladypapa

2 Diciembre de 2012
1:27 pm

Si, Sandra, detrás de un libro hay mucha gente anónima, los diseñadores, los maquetistas, ilustradores, lectores de prueba, y así un largo etc. en el que nunca pensamos cuando compramos un libro.

osgir

osgir

2 Diciembre de 2012
6:19 am

Javier Marías, en una de sus novelas estelares, hace la reflexión , nunca profundizada, de la trascendente intrascedencia de los traductores.

Concluye que habría que ponerle un traductor a cada traductor para obtener la seguridad de lo que quiso expresar el traducido.

Personalmente , de manera modesta, pienso que Marías se acerca con audacia a aquello que siempre cogita la mente del pensante: el idioma hace parte del corazón y ,en tanto así, es posible traducirlo pero no interpretarlo.

ladypapa

ladypapa

2 Diciembre de 2012
1:25 pm

Precisamente traducir es lo único que hay que hacer, cosa que solo unos pocos traductores hacen.