21 de Agosto de 2014
5 Enero de 2013 | Recomendaciones | (Colombia)

Quiero verte sonreír

Quiero verte sonreír
Foto:

Andrés Piñeros Latorre

@andinauta

Allá en lo alto, en el cielo, junto a las estrellas y la luna, junto al sol y las nubes, hay alguien que nos observa, que nos cuida y a veces también sonríe al ver a sus criaturas nobles, alegres y algo malcriadas. Pero cómo saber qué hace reír a ese ser supremo, a esa energía que domina la vida en nuestro planeta.

Ese fue el tema de reflexión del grupo de oración de la iglesia cristiana al que he venido asistiendo. “Cuando yo corro, Dios sonríe”, decía un famoso atleta de principios del siglo XX, que dejó su labor de pastor para competir en las Olimpiadas, donde ganó su carrera. La película Carros de Fuego mostró esa historia, que enseña como la fe y entrega de un creyente no solo se hace presente con las conductas que se tienen como válidas.

Es así como la risa de Dios aparece en situaciones tanto de gran magnitud como en pequeñas expresiones de amor. “Un misionero de África, un pastor frente a 20.000 personas o la señora de los tintos que cumple con su abnegada labor pueden lograr que Dios exprese su emoción de felicidad”, explicaba Jairo, el encargado de darnos la charla.

Y así el tema se iba dirigiendo hacia un asunto que parecería no tan profundo, pero que para Dios muy probablemente resulta vital: la risa. Tal vez por eso viene a mi mente la letra de una canción de Piero para niños que dice: “la risa es como una estampilla que Dios al comienzo pegó”. Por eso para Dios los motivos de risa no tienen que ser situaciones de especial profundidad. Tan solo el hecho de que existamos, que nos paseemos por este mundo le genera alegría. Aún antes de que nos posara en este planeta, Él ya había inventado la risa.

Y Dios no deja de sonreír. Como quien mira un álbum de fotografías, desde su inmenso zoom busca rostros hermosos. Como el de un carpintero o un campesino que se ganan el sustento con el esfuerzo de sus manos, como el de quien frente a un computador o dirigiendo una gran compañía construyen una fortuna. Las palabras del guía del grupo de oración son claras: “Nosotros, desde nuestra realidad, podemos hacer sonreír a Dios”. Cualquier actividad, cualquier situación de la vida permite pensar que es posible generar alegría en ese Ser Supremo, siendo nosotros mismos, con esa transparencia, esa inocencia aprendida de los niños.

“Dios nos sigue amando así seamos pecadores”, enfatiza el guía, recordando la parábola del hijo pródigo, explicando “la alegría de recibir a quien conoce a Dios y se distancia, pero luego regresa a Él”. Esa situación ocurre semana tras semana cuando la fe se enfrenta al encuentro con la palabra de Jesús. Para que haya un feliz acercamiento se deben dejar de lado nuestros problemas a través de la prédica, pero especialmente entregándonos al ritual de la alabanza.

Un reto mayor para conseguir la sonrisa divina es lograr comprender cuál es su voluntad. “¿Cuál es su plan, a qué nos llamó a este mundo?” Por lo que la respuesta, si queremos conseguir que brille su alegría, sería obedecerle, no sólo como un sacrificio, sino como una manera de agradarle. Esto se logra a través de la oración y atendiendo a las personas y situaciones que nos rodean, que sirven para reconocer las respuestas que estamos buscando.

Hay una clave, que se da en casi todas las religiones, que es entregar todo lo que hacemos a Dios. Así los sacrificios, las situaciones duras de la vida se hacen menos difíciles de afrontar. Y, además, los grandes logros terminan generando un valor subliminal, porque no sólo generan beneficio propio sino tienen una especie de aurea que le aportan a toda una comunidad y por qué no hacia lo que será la vida futura.

Otro aspecto importante para la felicidad de Dios es el servicio. Servir es una manera de adorar. Por lo que la invitación es buscar el servicio a los demás, como una actitud para aportar a nuestros congéneres y a la sociedad en que vivimos. En orden de prioridades de este proceso de búsqueda de la alegría divina estaría el de aportar a nuestra familia, a nuestros hijos, a nuestros padres. Actitudes que Dios reconoce y a las que les da especial valor.

Ahora que comienza el año 2013, resulta una interesante labor hacer una lista de peticiones. Y por qué no, en lugar de buscar esos deseos y propósitos, podemos imaginar las cosas que harán reír a Dios. Nuestra felicidad y la de las personas que nos rodean producirán la risa de quien desde el más allá nos brinda las claves y señales para conseguir la felicidad. Hay situaciones de gran envergadura, como la paz de nuestro país, hechos de mediana dimensión como los cambios vitales de nuestra existencia. Sin embargo hay detalles sencillos como ayudar a una persona mayor o a un niño, como visitar a alguien enfermo, como enseñar o aprender algo nuevo, como escribir o leer este texto.

Y una bella canción que interpreta Carlos Vives dirigida a un gran amor bajo el sutil título de "Quiero verte sonreír" sirvió para terminar la reunión y también este artículo. Son palabras y melodía que, con seguridad, pondrán a reír a Dios.

“Quiero verte sonreír, quiero darte mi canción
Y en una tarde de abril, quiero regalarte el sol
Un suspiro de jazmín y un pedazo de acordeón
Quiero regalarte un son y mil besos para ti.

Quiero que tus sueños y los míos se encuentren en el tiempo,
Y quiero ser tu pensamiento y quiero ser
Y encontrarte cuando el sol se oculte allá detrás del cerro

Ay descubrirte con mis besos y entregarte el corazón”. 

Por: Francisco Latorre

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Comentarios

Sandra Mercedes

Sandra Mercedes

6 Enero de 2013
12:36 pm

Sí hay que sonreír siempre. Grata lectura.