31 de Julio de 2014
30 Enero de 2013 | Recomendaciones | (Colombia)

Reflexiones sobre 'El arte de la guerra'

Reflexiones sobre 'El arte de la guerra'
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Reflexiones sobre “El arte de la guerra”.

Jorge Muñoz Fernández

Sun Tzu dijo…

…que el conflicto debe ser entendido en cinco formas: el camino, el tiempo, el terreno, el liderazgo y la disciplina.

Sun Tzu dijo también que el camino, o la ley, hace que la gente esté de acuerdo con sus líderes, de tal modo que los seguirá sin tener en cuenta el peligro.

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El Estado y la guerrilla han escogido el camino del diálogo y la participación popular para refrendar los acuerdos. Confían en la ley. El horizonte ha sido despejado. No hay opción de regreso. La suerte está echada. Una ruptura del camino menoscabaría la credibilidad del gobierno de Santos a nivel nacional e internacional y para la guerrilla sería un golpe letal. Y, claro está, en los procesos de paz no hay caminos rectilíneos, se presentan trayectos sinuosos. Empero, lo fundamental es llegar al destino propuesto. Está en juego la vida de los colombianos, el desarrollo humano con equidad y no solamente el prestigio político de los actores del conflicto.

Una quiebra de la bitácora acordada sería fatal, más para la guerrilla que para el Estado. El país asistiría a escenarios donde el terrorismo insurgente y el terrorismo de Estado, como en toda guerra sucia, crearían un ambiente de zozobra por largo tiempo, mientras que para Cuba la presencia de la cúpula guerrillera en su territorio generaría una disyuntiva difícil y delicada, nunca antes presentada en los escenarios políticos internacionales, país que, por razones obvias, no le concedería asilo al grupo guerrillero, ni Estado alguno le otorgaría albergue, ni muchos menos su comandancia podría regresar a Colombia. Asistiríamos a una nueva versión cinematográfica de “Atrapados sin salida”.

Y el hecho no podría ser catalogado como una emboscada del gobierno, porque la firma de los preacuerdos de intencionalidad pacifista significaba para los insurgentes aceptar las reglas de juego pactadas.

¡Ni en sumergibles podrían regresar clandestinamente a las montañas del Cauca y del Chocó, ni desembarcar en las playas del Caribe como salvadores supremos!

Tamaño lío de carácter político y diplomático internacional. ¿Que la guerrilla se levante de la mesa en Cuba? Sabe que no lo hará y en el caso improbable de hacerlo equivaldría a “Levantar una piedra para dejarla caer sobre los propios pies”, como solía decirlo en la Gran Marcha el filósofo, poeta y guerrero Mao Tsetung, o Mao Zedong, como prefieren pronunciar los camaradas chinos.

La forma de “el tiempo” juega un rol determinante, tanto para Santos como para la guerrilla, tiempo que conspira contra toda estrategia de prolongar las conversaciones, porque las partes saben que los retos electorales para refrendar popularmente el tratado, y participar en los ajetreos electorales post conflicto, requieren de un arduo proceso para la socialización de los acuerdos en la geografía colombiana. La acción política será la prolongación de la confrontación por otros medios. Clausewitz podrá dormir tranquilo.

En el abordaje del “terreno” internacional gobierno y guerrilla se han movido sin riesgos, peligros, ni rechazos. La Gran Metrópoli, dueña y autora de las peores guerras en los últimos tiempos, le ha dado la bendición imperial a las partes en conflicto, refrendada en la posesión de Obama: -“La paz duradera no requiere una guerra perpetua”-, y sabe que es mejor un Tratado de Libre Comercio sin actos de terrorismo, sin rehenes, -(secuestros)-, carreteras minadas, tubos ardiendo, tomas de poblaciones, violación a los derechos humanos por agentes estatales, con una guerrilla desmovilizada, en paz, detonando discursos en la plaza pública, que soportar un país ardiendo. Hay que vender.

Un mercado con un país caliente sería inconcebible para “las bondades civilizatorias del T.L.C”. La paz tiene a su favor los vientos de la ONU, la OEA, el CELAC, UNASUR y la Comunidad Europea, como el de un amplio margen de la opinión pública nacional, que se mueven a favor de un acuerdo burgués decoroso, que permita profundizar la democracia, fundamentalmente en el campo, donde se incubó la fatídica contienda por largos años.

Tratándose de “liderazgo” el Presidente Santos ha logrado conseguirlo y defenderlo, y no hay duda que lo conservará en su campaña, sin necesidad de acudir a la impúdica asesoría de J.J. Rendón, experto en organizar campañas electorales con la estrategia cínica del rumor, y aunque Uribe continuará en la brega con libretos procaces, de “puro extremo antifariano”, la firma del Acuerdo de Paz con presencia de Obama, el Santo Padre, el Secretario General de las Naciones Unidas, la ONU, Sr. Ban Ki-moon, el Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, OEA, José Miguel Insulza y los miembros de la Comisión Europea, con presidentes de las potencias a bordo, premios Nobeles de la Paz, Raúl Castro, Hugo Chávez, García Márquez y los alcaldes y gobernadores del país, agrietarán las paredes y los cimientos de la Casa Uribe y le darán una imagen de relativo altruismo a los legatarios del campesino quindiano, nacido en Génova, ex-trabajador de Obras Públicas del Huila, Don Manuel Marulanda Vélez, alias “Tiro Fijo”, a quien el Maestro Botero ya le rindió honores con su pincel universal.

El premio Nobel de la paz, para los actores de la resolución del sexagenario conflicto, el más longevo en la historia de los conflictos armados internos en el mundo, estará a la vuelta de Oslo en dos años y hasta el propio Vargas Llosa, a “sotto voce”, aconsejará a Uribe que opte por callarse, guardar sus piezas de artillería oral para el Congreso colombiano, cultivar en los dominios del Ubérrimo plantas medicinales para aplacar los nervios, controlar el desdén santista, la ansiedad política y el ahogo emocional que le producen los micrófonos, a fin de evitar un accidente coronario, que privaría al país de los espectáculos de la derecha histérica y los ásperos discursos de la era post-conflicto.

Queda en los papiros de Sun Tzu la “disciplina”, que con la firma del compromiso de paz por el Presidente Santos, los Generales de la República, los “cabecillas” de la guerrilla y los veedores internacionales, se traducirá en un vistoso ritual de sumisión y obediencia al acuerdo pactado, para la desmovilización de los insurrectos, entrega de armas en las principales regiones del país y simbólicamente en la Plaza de Bolívar.

Sun Tzu, como vemos, después de más de cuatro mil años de haber escrito “El Arte de la Guerra”, de haber inspirado a Alejandro el Grande, a Napoléon, Mao y Ho Chimín, sigue ganando batallas. El mismo que dijo que era mejor ganar una guerra sin disparar un solo tiro; que no hay ningún país que se haya beneficiado alguna vez de una guerra prolongada; que las armas son instrumentos fatales que solamente deben ser utilizadas cuando no hay otra alternativa; que el supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar y que un general alcanza la perfección y la gloria cuando rinde a su adversario sin presentar batalla, pero que también enseñó que cuando se utiliza al enemigo para derrotar al enemigo, será poderoso en cualquier lugar a donde vaya, como lo hizo el Ejército colombiano en muchas regiones de Colombia, donde el paramilitarismo, aupado por las armas de la República, creó las condiciones para la degradación vergonzosa de las hostilidades militares, hecatombe que a la postre dejó cinco millones de desplazados internos, medio millón de exiliados y cerca de medio millón de nacionales asesinados, tomados como rehenes, -secuestrados-, ejecutados o desaparecidos, en la más vergonzosa de todas las guerras acontecidas en nuestro martirizado país, que al final parece haber hallado el rumbo de la reconciliación y los instrumentos para construir justicia social.

Por: Jorge Muñoz Fernández/

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Comentarios

osgir

osgir

31 Enero de 2013
6:29 am

Los orientales han ensayado muchas frases sobre la guerra y pocas sobre la paz.

En el libro que Ud., cita, el maestro Sun nos comenta que no es útil para las naciones tener los ejércitos mucho tiempo en combate.