22 de Noviembre de 2014
4 Febrero de 2013 | Recomendaciones | (Colombia)

Arena, sol y mar

Arena, sol y mar
Foto:lad.punta Icacos

Saliendo del hotel una mañana soleada, donde las olas del mar parecían vidrios caminantes por efectos del astro rey, hacia la playa de la ciudad heroica en la puerta de descenso al litoral, el celador nos advierte que podíamos caminar toda la playa hacia el sur, pero no hacia la parte norte de la rivera marina, mostrándonos a lo lejos punta Icaco, porque al pasear por allí teníamos riesgos de ser estafados por malandros que andan merodeando en el sector.

Para corroborar la situación nos movilizamos por las playas del sector de la Boquilla hacia punta Icaco en Cartagena; por donde se escarbara con el ojo, se divisan toldos rojos, blancos, verdes y amarillos, sillas viejas con medias patas y achacadas, carretas de bebidas y comidas poco recomendables, personajes a pie descalzo sobre arena color gris por la suciedad que en ella habita; están listos para arrendar estas lúgubres toldas a diez mil por hora y si el viajero se descuida le bajan el teléfono y la billetera, que al estar sobre la arena, pasan dándole patadas para ocultar el artículo, según dijo un celador de kioscos de paja pertenecientes a un destacado hotel.

Los sujetos van encarando y casi arrinconando al turista para que sean escuchados cayendo como fieras, lo toma uno, luego el otro, venteros de ceviche y de jaibas en cubetas en mal estado, masajistas, cuenteros y una pléyade de cantantes disonantes, que van unos tras otros a lo largo de la playa y carretera vía norte, ofreciendo pescado y zona de restaurantes sobre la costa bien adentro llegando a punta Icaco, más el lamento que se tiene que escuchar mientras se llega al escondrijo donde pasan y suceden hechos para comentar.

Estando en el supuesto restaurante que más parece el vejamen de la guerra, nos encontramos con el que parece ser el dueño o tío como decían estos zarrapastrosos, dándonos una bienvenida cariñosa, mientras que al recorrer el sitio con la mirada, en un sin número de sillas ocupadas distanciados entre sí, se encontraban personajes poco recomendables a la intuición, que nos miraban con codicia y atentos a la presa buscando que pescar. Nos miramos a ver qué iba a suceder.

Nos preguntan qué pescado vamos a comer, se desplazan a una distancia de cincuenta metros y nos traen una bandeja con distintos colores y sabores de pescados crudos, supuestamente recién cogidos. Escogimos una clase de cada uno para degustar su calidad cada uno de los que estábamos allí, más dos vasos de limonada, que hasta después no supimos con qué clase de agua estaban preparados.

Mientras que cocinaban los pescados, se acercaron todos los sabuesos a nuestra mesa ofreciendo de todo….. La masajista que me tocó el cuello y por decir que no, entró a cobrar, porque supuestamente con el apretón que me dio en el cuello había desbaratado un nudo; después un hombre de color, se acerca a mi hijo obsequiándole una tenaza de jaiba, a la cual le fue quitando trozos en cinco porciones para que él chupara el néctar; otro se me acerca ofreciéndome una ostra diciendo muy bajito, que si probaba una me la regalaba y me cobraba la otra parte.

El problema comienza…

Cuando mi hijo chupó el primer pedazo de tenaza, al no gustarle, le dijo que no estaba bueno y que no insistiera, no quiero chupar ninguna otra porción; se para el tipo y entra a cobrarle veinte mil pesos por la degustación, porque según él la primera porción era gratis pero de la segunda en adelante tenía precio, que cada pedazo costaba cinco mil pesos y pensar que después pasan otros que supuestamente están asociados en una Cooperativa y nos dicen que cada jaiba valía cinco mil pesos.

Los sabuesos roedores nos hicieron escándalo, lo mismo que el de la ostra y la masajista, aparapetándose muy cerca nuestro. Al levantarme de donde me encontraba para irnos, el viejo dueño o supuesto dueño del restaurante se acerca y nos dice que él arregla el problema, que esos son unos desconocidos que le están dañando la imagen al sitio y que no les pusiéramos cuidado; luego me pude percatar que éste charlaba con los vendedores en cuestión.

Después del incidente y de haber consumido el pescado, nos llega una cuenta de trescientos mil pesos por cuatro pescados medianos y ocho limonadas, después que nos habían vendido la idea de ir a consumir allí por precios que iban desde diez mil hasta treinta mil pesos pescado.

¿Por qué la cuenta tan alta? …. no lo sabemos, pero fue una estafa directa. No peleamos el precio, porque podríamos llevar del bulto ante tanto secuaz; después, en nuestra caminata por la rivera marina, se escuchan algunas de las personas que levantaban los toldos entonar canciones donde se destaca el estribillo ….. Soy guerrillero de la FARC-EP.

Estimados amigos, me dejé estafar para entender y estar más cerca de lo que sucede en las playas de la heroica, y poder contarle a ustedes, que si su piel es blanca, usa gorra y gafas de sol y viste muy de prisa, está propenso a que lo estafen y luego lo sigan si queda con deuda.

Acaten las recomendaciones que hacen en el hotel, ciérrese a la aventura y disfrute el paseo. Todo lo que brilla no es oro. Se olvidaba, ni a la policía en la rivera le temen. Nos estaban dando un consejo, pasa una moto con dos individuos portando algo metálico, los policías tratan en detenerlos y por poco les echan el aparato y siguieron como Pedro por su casa. Los afectados fueron los policías que de vez en cuando pasan por la playa.

 

Por: Luis Alejandro Díaz/

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Comentarios

eugenio miltorres

eugenio miltorres

5 Febrero de 2013
10:07 pm

Turista satisfecho, trae mas turistas.

jogafi

jogafi

5 Febrero de 2013
5:56 pm

Lastimosamente las playas de Cartagena se caracterizan por el acoso constante de los vendedores, no se les niega el derecho al trabajo, PERO deben respetar el DERECHO al descanso de los turistas que han pagado sus buenos reales, por llegar a unas playas, para que los dejen en santa paz!!!
El que quiere comprar o adquirir un servicio busca, esa actitud de verdad que "espanta" Turista satisfecho trae mas turistas, y los insatisfechos pues evitamos que los demás padezcan lo mismo...
Buen relato Alejo, saludo cordial.

Dhiego Fdo.

Dhiego Fdo.

5 Febrero de 2013
5:16 pm

Le sugiero "enriquecer" el titulo:
Arena, sol, mar y atraco anunciado...

Dhiego Fdo.

Dhiego Fdo.

5 Febrero de 2013
5:13 pm

Sr. Luis A. trae Ud. una "fotografia real" de lo que es el turismo en Cartagena, una ciudad que solo es medianamente segura cuando la visita el "Gran Mr."
Las playas públicas son un ATRACADERO, no existe en Colombia entera un ejército de vendedores y acosadores como los que se ven en esa ciudad (disfrazados de vendedores) La ciudad tiene su parte histórica que es hermosas, pero el cinturon de miseria es terrrible! al parecer toda esa gente es la que atiende e "intimida" en la playa al turista, mala cosa si las autoridades no hacen por cambiar esa situación, en lo personal, prefiero Santa Marta.

osgir

osgir

5 Febrero de 2013
2:52 pm

LA PROXIMA VEZ PIDE robalo Y NO RÓBALO.

osgir

osgir

5 Febrero de 2013
7:42 am

TODO BIEN TODO BIEN.........PERDER EN SEGURIDAD ES GANAR UN POCO ......DE EXPERIENCIA.

antonin

antonin

5 Febrero de 2013
7:02 am

Triste semblanza de la tragicomedia de una playa colombiana... reflejo vivo de la realidad de este paìs.
Te saludo con cariño,Lucho