25 de octubre de 2014
24 Febrero de 2013 | Recomendaciones | (Colombia)

Bicentenario sin legado

Bicentenario sin legado
Foto:Oscar C Serpa Reyes

BICENTENARIO SIN LEGADO

El próximo 8 de Marzo estaremos celebrando una fecha muy particular en la “vida” de nuestra ciudad y el mundo, en una primera instancia, le daremos la bienvenida a los doscientos años que cumple el acto administrativo, que reconoció como Villa, al villorrio valiente y decidido de esa época, que hoy se conoce con el nombre Soledad, en su tenaz lucha por la liberación de las colonias Americanas, que desde entonces, como manifiesta su himno “vence rudezas de indígena selva, sin dudas buscando un sitio mejor” que no ha encontrado aún para sus huérfanos y humildes herederos.

Reconocimiento otorgado por el Presidente del Estado de Cartagena, el Abogado y Periodista, Manuel Rodríguez Torices en 1813, tres años después de la independencia de nuestra patria boba del régimen colonial Español. En una segunda instancia, celebraremos los ciento tres años del día internacional de la mujer, en su lucha por la participación en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y su desarrollo integro como persona.

Como parte de la primera celebración, me permito ofrecerles una apreciación personal para su análisis y discusión enmarcadas en su vertiente urbana, no hare un recuento del crecimiento de la ciudad en su tejido urbano de manera sistemática, sería muy dispendioso y atrevido de mi parte, que en mil seiscientos caracteres que me permite éste medio informativo escrito, plasmar una investigación que llevas más de cinco años en forma intercalada, más sin embargo trataré desde mi perspectiva profesional, ya conocida por todos ustedes, desarrollar una aproximación de lo que debió ofrecernos con toda seguridad este magno evento a conmemorar.

Veinticuatro años atrás, el ente territorial que habitamos con mucho entusiasmo y cariño, se regía por un deficiente plan regulador totalmente desarticulado con el contexto metropolitano, regional y nacional como acontecía con la mayoría de las ciudades terciarias del País, razón por la cual, permitimos sin ninguna explicación e indiferencia, la inserción obligada de macro proyectos puntuales inconsultos, que le facilitaron al Distrito Especial y Portuario de Barranquilla, una solución oportuna a su necesidad urbana, significando para nosotros la expansión obligada e inadecuada del suelo urbano, proyectos estos que generaron mas impactos negativos que positivos en el crecimiento al libre albedrío de la ciudad, desfigurando como era de esperarse nuestro suelo rural de entonces, con implicaciones fuertemente peligrosas, en el sentido de amenazar nuestra propia seguridad alimentaria, como en efecto sucedió con la desaparición en un 90% del plano agrícola y ganadero en su nivel primario. Recibimos del Distrito cinco proyectos tangibles en adopción, avanzados en edad, que no supimos controlar en el manejo de su crecimiento y desarrollo, por adolecer de reglas urbanas y recursos económicos propios, en un ciudad que a duras penas podía sostener su carga sin ningún tipo de desbalance.

En mayo del año 2002 ante la infertilidad de la ciudad en la estructuración de sus componentes, tanto urbano como rural, decidimos promover y adoptar una “fertilización in vitro” conocida como el POT, amparados en la Ley 388 del 97 que nos permitía y obligaba abonar, ese vientre seco en que se había convertido la ciudad por causas internas y externas, propias de su desarrollo. Se programan en su contenido muchos “partos” que darían orden y sostenibilidad al caos urbano y ambiental diagnosticado, programando tres fases de ejecución en el corto, mediano y largo plazo, para reconstruir un tejido urbano en estado caótico, y socialmente vuelto flecos por el desinterés en la manera de visionar la reconquista de la ciudad, para su total recuperación.

Es así, que se proyectan las programaciones de los “partos” para el nacimiento de cada uno de sus hijos, léase proyectos, en la prospectiva diseñada, y que llevarían por nombre: Recuperación de los cuerpos de agua de Soledad; Definición, regulación y consolidación de las zonas industriales; Recuperación y conservación del sector histórico y patrimonial; Renovación urbana del sector centro; consolidación de la áreas residenciales; Desarrollo de vacios urbanos para uso residencial; Mejoramiento integral de áreas residenciales; Definición y consolidación de los corredores comerciales; Reubicación de áreas residenciales de alto riesgo no mitigable; Desarrollo de áreas residenciales en zonas de expansión urbana; Definición y desarrollo de actividades y zonas de protección urbana. Todo un legado teórico intangible en su primera etapa, diseñado con buenas intenciones para la sostenibilidad de la ciudad.

No satisfechos con las proyecciones del nacimiento de los proyectos señalados anteriormente, y ante la euforia en caliente de tener una ciudad planificada, se proyectan en igual forma, el nacimiento de los sub proyectos, léase planes parciales, identificando sus nombres y la necesidad de plasmarlos en actuaciones urbanísticas como: Recuperación de la zona del mercado público; Desarrollo urbano y diversificado de la ribera del Rio Magdalena con predominio de usos portuarios e industriales; Renovación urbana y redesarrollo del sector central de Soledad; Protección y reserva ecológica de la ciénaga de Mesolandia; Mejoramiento integral de las zonas del suroeste, villas de Soledad y sus alrededores. Como observarán, otros legados intangibles asumidos como instrumentos que desarrollarían y complementarían las disposiciones del POT como ente rector en la planificación de la ciudad.

Diez años más tarde, cuando se esperaba el total cumplimiento de las tareas contempladas en el POT, para recibir y proteger a esos párvulos e infantes, léase proyectos y planes parciales, fuimos perezosos e irresponsable, en la atención de los cuidados requeridos, que nos exigía con urgencia mediática la ciudad madre, perdiendo un legado intangible significativo, que haría de nuestra vida comunitaria, un encuentro maravilloso con la felicidad y la dignidad. Hoy nuestro espacio citadino es símbolo de la desidia e insomnio, y lamentablemente somos un fracaso de ciudad en su parte urbanística.

El vientre materno de la gran Venus Soledeña, se encuentra nuevamente atrofiado y con síntomas de eclampsia, por las malformaciones de los abortos múltiples realizados hasta el momento: Urbanizaciones cerradas tipo ghetto, que permiten la segregación urbana, el robo al espacio público, obstruyen la movilidad y reafirman la exclusión en nombre de la seguridad; actuaciones arquitectónicas privadas como los centros comerciales sin ningún estudio previo que nos ofrezca soluciones para el incremento en el tránsito vehicular; la canalización sempiterna de los afluentes territoriales; la violación a las normas urbanísticas para vías arterias de la ciudad por parte del Área Metropolitana; la ocupación indebida de las áreas de servidumbres de las torres de Transelca; las construcciones ilegales en el legado Muvdi; y lo más grave la inexistencia de planes maestros en aspectos de espacio público, movilidad, infraestructura institucional y de servicios etc.

Al decir del Sacerdote eudista Alberto Linero, “no todo está perdido”, necesitamos una transfusión sanguínea que revitalice el cuerpo exangüe de esa madre complaciente que se niega a desaparecer, entiéndase ciudad, que a pesar de las lapidaciones recibidas sin consideración, siempre su regazo maternal nos ofrece sin ningún tipo de contraprestación, la necesidad de reencontrarnos, para bebernos y disfrutar tranquilamente la felicidad, aún en la adversidad. Es tanta su comprensión y nobleza, que ha perdonado nuevamente y sin reparos, nuestra conducta parricida, reafirmando la máxima realista del novelista francés, Honoré de Balzac: “El corazón de una madre, es un abismo profundo, en cuyo fondo siempre encontrarás el perdón”. Solo necesitamos la voluntad del buen hijo en sus acciones de vida, que nos permita ofrecerle dignamente, parafraseando a Gabo: “una segunda oportunidad sobre la tierra” para oxigenar ese gran legado de letras muertas en que convertimos el POT, unos por acción y otros por omisión.

Les soy sincero, y quiero expresarles a manera de reflexión, soñé con un bicentenario lleno de soluciones urbanísticas y arquitectónicas, construidas en éste espacio habitacional lleno de contradicciones políticas, sociales, culturales y ambientales, me las imaginaba como defensas amuralladas, para evitar el tortuoso colapso de la ciudad ante el aluvión del TLC.

Estoy seguro que las condiciones objetivas planteadas en el POT, estaban dadas para que cada parto programado por ésta gran madre que es nuestro territorio, fuera la primavera esperada para la transformación deseada de la ciudad, que siempre nos ofreció vida, pero nosotros como ha sido costumbre, preferimos optar por lo contrario, volviéndonos cómplices en los diversos abortos provocados, al vientre materno de nuestra Venus de esperanza, que nos abrigó y nos legó un territorio lleno de solidaridad, convivencia y seguridad.

Tenemos hoy una ciudad agrietada a punto del desplome, fuimos miopes en sus razones de vida, preferimos destrozar y mandar al estercolero, las recomendaciones de desarrollo y crecimiento consignadas en un instrumento de Ley como el POT, que nos legaba y a la vez orientaba, supuestamente, la consecución de una gran familia unida con un modelo de ciudad ajustada a nuestra realidad, pero que perdimos con un alto costo significativo, por la insensatez y el filibusterismo, de una grey voraz en la parte institucional y civil, que no miró mas allá de sus narices pinochescas.

 

Por: Oscar Camilo Serpa Reyes/

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