

De las numerosas expresiones que se produjeron para describir las celebraciones de los detenidos en el pabellón de ‘parapolítica’ de la cárcel de La Picota, en Bogotá, la que mejor se acomoda para definir lo que allí ocurría es la de guachafita.
Germán Vargas Lleras, Ministro del Interior, muy cachaco él, usó el término relajo cuando se enteró que en el penal los detenidos tenían fácil acceso a toda clase de comodidades, inclusive la celebración del cumpleaños de uno de los detenidos, el ex senador Juan Carlos Martínez, trasladado por cuenta de los festejos a la cárcel de Barranquilla.
No voy a entrar en detalles de carácter penal o penitenciario ni mucho menos político. El contenido de esta columna virtual es de carácter estrictamente lingüístico, aunque reconozco que el uso del lenguaje tiene evidentes connotaciones sociales, políticas o antropológicas.
Lo primero que advierto sobre el sustantivo femenino guachafita, morfológicamente hablando, es que parece ser un diminutivo.
Para hablar desde el punto de vista semántico no hay que dar muchas vueltas. El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, máximo juez en materia lingüística en español nos resuelve el dilema rápidamente, pero a su vez plantea interesantes reflexiones.
Guachafita, según el DRAE (www.rae.es), significa “alboroto, vocerío, falta de seriedad, orden o eficiencia”. Es un coloquialismo, y según las autoridades académicas, es un venezolanismo, aunque evidentemente también se use mucho en Colombia.
Hasta aquí, la primera parte de la discusión resuelta. Sin embargo, ese sufijo que denota un diminutivo siguió inquietándome. Busqué el sustantivo guachafa, que no es reconocido por la DRAE, y tampoco aparece registrado en el Diccionario Panhispánico de Dudas (otra autoridad en materia del lenguaje), aunque es un vocablo de amplia difusión en Venezuela para denotar a aquellas personas de carácter jovial, alegre y festivo, que todo el tiempo están celebrando.
Aunque habría que hacer una búsqueda más extensa entre los autores venezolanos, el origen de guachafita me parece obvio y claro.
De paso, sirve para precisar que no es muy claro, etimológicamente hablando, el vínculo con otro sustantivo muy usado en Colombia: guache.
El DRAE acepta la palabra guache, como un sustantivo coloquial y despectivo para referirse a una persona ruin y canalla en Colombia y Venezuela. Advierte además que se puede usar como adjetivo. Su etimología proviene de la palabra quechua huaccha, que significapobre.
Un sustantivo derivado muy nuestro, la guachada, también está registrado en el DRAE, como la acción propia del guache.
Lo más interesante es que, tratándose de un americanismo, el Diccionario Panhispánico de Dudas recoja el uso del galicismo guache (gouache) para referirse a la técnica pictórica conocía también como la aguada. Esta versión de la palabra es absolutamente extraña al uso colombiano, que prefiere el término acuarela.
La mejor parte, a mi juicio, es la riqueza de sinónimos que se pueden listar del término guachafita, tanto en España como en diferentes países de Hispanoamérica.
En un español estándar, aquel que entiende cualquier ciudadano de ambos lados del Atlántico, esta palabra significa más o menos lo mismo que disturbio, alboroto, caos, desorden, camorra, trifulca, barullo, desmadre, algarabía, bullicio o desmán.
Otras palabras igualmente castizas, pero menos conocidas que también podrían usarse son: barahúnda, burla, chillería, escarnio, gallinero, greguería, gresca, grita, griterío, guirigay, jaleo, ludibrio, mofa, rebullicio, tole, tumulto o zurriburri.
Además, ya en un lenguaje más cercano al uso colombiano, guachafita se puede reemplazar fácilmente por recocha, relajo, zafarrancho, despelote, zaperoco, bololó, tropel, rifirrafe o bochinche, entre varias más que se escapan.
Pero además, como sinónimos de guachafita se puede usar en otros países, como Argentina, Bolivia o Perú, los términos quilombo, jocha, cachibachi o reblujo, poco o nada frecuentes en nuestro lenguaje colombiano.
Mucha riqueza lingüística para denotar una realidad social de nuestros pueblos: el desorden, la costumbre de pasarnos por la faja la autoridad y las normas, la de creer que la ley es con los demás, no conmigo, que se puede hacer lo que se nos antoje.
Quizás en el inconsciente, la palabra guachafita pueda considerarse con un término para describir nuestro carácter alegre y festivo. Pero realmente, si nos atenemos a las etimologías, lo que representa implícitamente es una conducta desordenada, contraria a las buenas maneras, irresponsable.
La guachafita forma parte de nuestra incultura: Es lo que se ve en la selección de fútbol o en el comportamiento en la calle. En la costumbre de botar basura en cualquier parte o en tomar el servicio de transporte público en cualquier parte.



Comentarios
GINAESCHEBACK
4 Febrero de 2011
3:51 pm
jejjej qué guachafita ...... si uso mucho ese término jajajaja
D_cecilia
4 Febrero de 2011
2:52 pm
El ministro se quedó corto, en su expresión,,, blando muy blando...
moderador
4 Febrero de 2011
12:16 pm
Feliz regreso. Los usuarios del portal demandan permanentemente respuestas a dudas lingüísticas.