

Siento que este baño, en el barrio El Diamante, me oprime. Ironico. Esas mismas joyas lo asesinaron. Mi hijo tenia 17 años y nunca fue el peor comportado del barrio. Por lo menos hasta hace un año.
Cuando iba a cumplir 16 años me pidio que le regalara una serie de television, dizque El Cartel. Mi novio se la dio para ganar puntos con el pelao y desde eso, mi niño comenzo a traer mucha comida. Despues, pinto la casa, y compro un super televisor, hasta con canales gringos. Mi casa se volvio altar a la extravagancia, con cristos voletudisimos, figuras de viejas empelota, zapatillas doradas a las cuales no les quitaba el precio y hasta dos motos compro; una DT dizque para trabajar, y otra para levantar. Cuando le pregunte que de donde sacaba esa plata, me llovieron gritos e insultos, mientras me decia que lo dejara, que el sabia lo que hacia.
El domingo me llamaron a la casa para decirme que, en una vuelta de trabajo, a mi pobre niño lo habian abaleado tres escoltas de un tipo que tenia que matar. Quedo tirado en el suelo, cual cerdo, derramando sangre y pidiendo a gritos a su mama.
Senti que lo perdí todo. No me quedaba nada mas, pues mi novio, el que le regalo la serie a mi muchacho, me habia dejado por una culi****da de 19 años que se había operado las tetas y el culo. Esa serie era lo unico que me quedaba de mi hijo, lo que mas me acordaba a el. Decidi verla. Despues de los tres primeros capitulos me puse a llorar sin parar, pues vi por primera vez al asesino de mi hijo. Habia sido ese delirio por convertirse en personaje de la **** narconovela lo que lo habia llevado a ser el monstro en que se convirtió.
Tengo en mi mano una pistola dorada igualita a la del Capo, mientras me doy cuenta del parecido entre mi pelao y los personajes de la novela. Intentaban ayudar a su familia, por amor o para limpiar y justicar su conciencia. Despues, aparecian las mismas motos que se compro, sin hablar de la excesiva cantidad de cadenas, relojes y anillos. La pelada que llevo a la casa era igual a las de la television; peli teñida, con una putifalda que mostraba el cachete del culo operado, y usaba unas blusas escotadas sin brasier que marcaban ese otro culo que le salia del pecho. Me machacaba el corazón, pero tenia que ver el final que tuvo mi hijo. Uno a uno, los personajes iban cayendo, muertos o presos. Todos menos uno; el Fresita.
El mismo nombre que tenia mi hijo colgado en la pared de su cuarto, junto a la imagen del sagrado corazón. Ese Fresita le dijo a mi hijo que podia hacer todas las porquerias del mundo, irse a vivir al otro lado del charco, y solo tenia que ser tan descarado de sapiar a sus amigos.
Fresita, te maldigo. Pero mirando el remolino del inodoro, me doy cuenta de que la unica opcion que me queda es seguir el camino de mi hijo, ganarme la vida y demostrarle a la sociedad que mi hijo si valia la pena.



Comentarios
moderador
9 Junio de 2010
9:48 am
Gracias por su relato en Souyperiodista.com. Fiel reflejo de nuestra sociedad. Ojalá nos ayude a prevenir y a abrir los ojos.