



LA SOCIEDAD DE LOS CABIZBAJOS
Por Edinson Pedroza Doria*
“El que no sabe que no sabe, es un necio, apártate de él;
el que sabe que no sabe, es sencillo, instrúyelo;
el que no sabe que sabe, está dormido, despiértalo;
el que sabe que sabe, es un sabio, síguelo.”
Proverbio árabe.
El hombre a través de su paso por la tierra no sólo ha dejado su impronta por su inteligencia y su capacidad creadora; también ha desarrollado diversas formas de destruirse inconscientemente. Ha desarrollado las ciencias y las tecnologías, entre otros saberes, con el objetivo de satisfacer necesidades vitales; también para solazarse con ellas y demostrar sus competencias intelectuales. Es decir, se ha apoderado del mundo sin pedir permiso, demostrando que es la especie que domina la naturaleza. Pues su intencionalidad es crear una vida placentera, sin mucho esfuerzo físico para tener cada vez más tiempo para el ocio. Se ha preocupado por mantenerse lejos del trabajo arduo. Esa es la idea, realizar el menor esfuerzo en las diversas actividades. ¿Tendrá sentido todo esto, si cotidianamente se ve su dependencia de las máquinas, haciéndole perder su autonomía y su capacidad de discernimiento?
Este interrogante surge más allá de una reflexión detenida. Analizo a mi alrededor y observo las actitudes de mis estudiantes cuando están en sitios diferentes a las clases, centrando su atención en aparatos como audífonos, celulares, Ipads y minicomputadores, entre otros de uso diario. Aunque no soy enemigo de su uso, si lo soy de su abuso indiscriminado. Se han convertido en autómatas, llegando al extremo de olvidarse de la existencia de su realidad. Tal vez los mercaderes y creadores de estos aparatos tengan como objetivo todo esto. No lo puedo demostrar, pero si expresar porque lo veo todos los días.
Difícil y complejo abordar este problema de un tirón y dar explicaciones absolutas, puesto que somos seres humanos impredecibles. Además, se puede manifestar, como respuesta al qué hacen, que realizan sus trabajos o consultas, o que así se concentran más, dándonos unos desparpajos inmerecidos. Sin embargo, no se puede evadir la pregunta sin detenernos a pensar el porqué se incrementa esta cultura o forma de vida, no obstante la verdadera utilidad de la tecnología. Pareciera que ellas, la ciencia y la tecnología, trajeron consigo más desequilibrio entre los seres humanos, pero no lo que se pensó cuando fueron empleadas para crear esos aparatos.
Ante el planteamiento, del valerse de ese “conjunto de conocimientos técnicos, ordenados científicamente, que permiten diseñar y crear bienes y servicios que facilitan la adaptación al medio ambiente y satisfacer tanto las necesidades esenciales como los deseos de las personas”[1], ¿qué le queda a la sociedad en general y al hombre en particular? Si se ha hecho de las tecnologías y de las ciencias amas y señoras de todo. No se mueve nada sobe la tierra sin el consentimiento de ellas; son las diosas. Pero, su abuso indiscriminado está creando una cultura acrítica y perezosa mentalmente. El juego electrónico, el chat sin sentido, la escucha de música en audífonos, el abuso o manía de mirar constantemente el Blackberry o el celular, son apenas muestras de esa costumbre, que lenta y soterradamente se apodera de comportamientos humanos, creando una “cultura” generalizada de jóvenes y adultos distantes de la realidad-real, pero viviendo una realidad-virtual más llamativa según ellos, que no obstante los deshumaniza, haciéndolos presa fácil de una anemia intelectual.
Hoy un grueso número de personas, sobre todo jóvenes, son esclavos y siervos del abuso de la tecnología. Ellos se someten voluntariamente a los dictados de ésta sin tener alternativa para salir de esa encrucijada, pues es su decisión y están en plena libertad de hacer lo que les plazca, sin que haya óbice para ello. El desarrollo de la personalidad y el respeto a las diferencias priman sobre lo demás. Ni sus padres pueden hacerles recomendaciones, puesto que sería una afrenta para su libre desarrollo y privacidad.
Creo que es necesario analizar lo que sucede con el uso de las tecnologías. Especialmente, la utilización del Blackberry, entre todos los demás aparatos. El abuso de este aparato está creando una sociedad dependiente de él, que sería bueno llamar, “Sociedad de los cabizbajos”. Jóvenes acríticos que inmersos en el chateo o juego, poco a poco pierden el sentido de la realidad y se evaden, alienándose cada vez más de su contexto. Presas fáciles de una sociedad mercantilizada donde el tener es lo primordial, no importando el ser ni el “otro”. Cultura ególatra e insustancial por lo insensible ante los problemas del hombre y la sociedad. Esto sin demeritar la utilidad de las comunicaciones en el acercamiento y prontitud de la información.
Tal vez quienes crearon estos aparatos tecnológicos no lo hicieron para que existiese esa dependencia, sino para facilitar la comunicación y la información entre aquellas personas que lo requerían, llámese profesional o ejecutivo. Sin embargo, la realidad es otra. El poco interés por la formación intelectual, por preparase para desarrollar una sociedad mejor se ha cambiado por vivir la ley del acomodo y la farándula. Sus ideales de existencia no se vislumbran por ninguna parte. Igualmente, la falta de iniciativas por cambiar esa actitud sumisa y abúlica prima en todas las esferas, asumiendo un dejar pasar, dejar hacer, socavando la estructura de un país en vía de desarrollo como el nuestro. ¿Estaremos por siempre metidos en la “cárcel del subdesarrollo”?. Quizás.
Se podrá argumentar que eso sucede en cualquier parte del mundo. Sí, es verdad. Pero no todos debemos estar en el redil que nos imponen. Cada nación crea la posibilidad de soñar una sociedad ideal y nosotros no podemos desechar esa premisa que la regla de la vida nos encomienda. No sé si me equivoque. El progreso de una nación está en la salud mental de su comunidad, en especial la joven.
Podrán caer rayos y centellas y expresarse que existen otros problemas más graves, pero esta dependencia genera duda y me hace pensar que así nos convertiremos en borregos de una tecnología hecha por otros para someter, pues como se dice “La actividad tecnológica influye en el progreso social y económico, pero su carácter abrumadoramente comercial hace que esté más orientada a satisfacer los deseos de los más prósperos, consumismo, que las necesidades esenciales de los más necesitados, lo que tiende además a hacer un uso no sostenible del medio ambiente. Sin embargo, la tecnología también puede ser usada para proteger el medio ambiente y evitar que las crecientes necesidades provoquen un agotamiento o degradación de los recursos materiales y energéticos del planeta o aumenten las desigualdades sociales. Como hace uso intensivo, directo o indirecto, del medio ambiente biosfera, es la causa principal del creciente agotamiento y degradación de los recursos naturales del planeta”.[2]
Esa es la realidad y como seres autónomos, con el libre albedrío para pensar, sería bueno que se comenzaran a buscar alternativas de solución a este grande y tremendo problema de salud mental y comportamental. Creo que desde la escuela, sin despotricar contra la tecnología, debería iniciarse un trabajo de concientización de los pros y contras de este flagelo universal: la cultura del “cabibajizmo”. Pues así como las drogas lesionan las estructuras sociales, esta cultura maniaco-obsesiva provocará su metástasis entre pocos años, haciendo de nuestra juventud una horda de insensibles y fríos seres humanos.
*Profesor de lengua castellana y literatura del Distrito de Cartagena de Indias y profesor de la Fundación Universitaria Tecnológico Comfenalco- Cartagena.
[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Tecnolog%C3%ADa
[2]Ibíd.


Comentarios
osgir
10 Junio de 2012
6:36 am
En las sociedades de consumo los avances tecnológicos no son un medio para perfeccionarse sino un fin para someter al humano al imperio de los sentidos.