

De la campaña que hizo Nueva York para albergar los Juegos Olímpicos del 2012 me quedaron dos cosas: Una edición especial con el mapa del 'Subway' promocionando los juegos, y un sabor amargo revivido en escasos momentos: al inicio de los juegos en Londres y luego de leer dos o tres artículos nostálgicos hablando de “Si los juegos fueran en Nueva York…”, “Los beneficios que hubiesen dejado…”, y las peroratas de costumbre.
Por fortuna mis nostalgias son breves y he dedicado buena parte de mi tiempo a vivir y a asombrarme con el desarrollo de estos juegos. Lo bueno y lo malo, que para ser justa, es más abundante. Cada día estoy más decepcionada con el cubrimiento de los medios y con las reacciones del público. Para ambos lo más importante es ganar y en especial si logran medallas y sobre todo si son de oro. ¡Oro! ¡Oro! ¡Oro!, claman con avidez. Medallas de oro como centro, principio, fin, motivación y meta. Fuera de ahí, nada parece valer.
¿Dónde quedó el espíritu olímpico? ¿Los principios fundamentales del olimpismo? ¿Recuerda alguien de qué se trata? No parece. Aquí mismo se convoca a celebrar el oro de Mariana Pajón, como antes se llamó a comentar las medallas de plata de Rigoberto Urán en ciclismo –ruta-, Óscar Figueroa, levantamiento de pesas, categoría 62 kilogramos, y Catherine Ibargüén, Salto Triple, y las de bronce de Yury Alvear, categoría menos de 70 kilogramos, Óscar Luis Muñoz Oviedo, taekwondo categoría menos de 58 kilogramos, Jacqueline Rentería, lucha, y de Carlos Mario Oquendo, ciclismo categoría BMX.
Para mayor desencanto, los foros de los principales diarios colombianos se encendieron en una polémica tan dañina como inútil: el departamento de origen, el color de la piel, y la capacidad económica de los participantes, borrando de un manotazo que los deportistas que compiten en unos olímpicos no representan ni a una región, ni un color de piel, ni una raza, ni una condición económica. Todos entran a las competencias representando un país, su país, y salen de la misma representando a la humanidad.
Como lo expresó Pierre de Coubertin, padre de los olímpicos modernos, “El objetivo final de los juegos no es determinar la excelencia física de unos deportistas sobre otros sino reunir a la mejor juventud de todos los rincones del mundo para que se conozcan, se comprendan, se toleren, y con el tiempo, a través de estos jóvenes embajadores, se logre la paz mundial”. Esta idea se simboliza en los juegos en sus ceremonias de inauguración y de clausura. En la primera, desfilan en formación tras la bandera y el nombre del país que representan. En la segunda desfilan mezclados unos con otros y en determinado momento aparecen todas las banderas juntas. Significa que se ingresa como país y se sale como humanidad.
Todos participantes de Colombia cumplieron
Mariana Pajón, con todo su oro, no fue la única que le cumplió a Colombia. Todos los deportistas colombianos lo hicieron, así estén clasificados en el último lugar o así hayan sido descalificados como le pasó al marchista Luis Fernando López en el último tercio de la prueba. Todos ellos se esforzaron no solo en las justas, sino durante años. No se llega a los Olímpicos por suerte o por influencia. Se llega porque durante el camino se acumulan renuncias para alcanzar preparación y ganar un escaño, a veces con inenarrables sacrificios de ellos y de sus familias. Participar es el sueño más grande de un deportista y sin lugar a dudas un logro enorme que no puede menoscabarse cuando no se obtiene una medalla, ni menos cuando no es de oro. Las preseas son deseables, alegran y enorgullecen. Pero son y deben seguir siendo algo secundario en estos juegos.
Los 104 atletas que representaron a Colombia en 19 disciplinas deportivas cumplieron. Los aproximadamente 10.500 atletas de las 204 naciones que participaron en los 26 grandes deportes (no incluyo las subdivisiones) a través de los 302 eventos programados en Londres 2012 también le cumplieron a los suyos. Todos han demostrado su coraje, a todos los admiro y para todos ellos mi corazón y mis aplausos.
Su ejemplo es un legado para las generaciones jóvenes, y ojalá muchos se sientan inspirados a seguir sus pasos. Por supuesto que para hacerlo es menester que cada gobierno apoye con decisión el deporte, no con limosnas ni discursos demagógicos y/o populistas sino a través de políticas y programas para incrementar el desarrollo y la participación masiva, de estímulos a los deportistas, de escenarios de primera categoría, con soporte económico para competencias internacionales, y acompañamiento de las familias. Y por supuesto, el apoyo y reconocimiento ciudadano no solo a quienes se destacan y obtienen una medalla, sino a todos los que ganan el derecho a participar.
De eso se trata el olimpismo: “crear un estilo de vida basado en la alegría del esfuerzo, el valor educativo del buen ejemplo y el respeto por los principios éticos fundamentales universales”; de poner el deporte “al servicio del desarrollo armónico del hombre, con el fin de favorecer el establecimiento de una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana”; de darle a toda persona “la posibilidad de practicar deporte sin discriminación de ningún tipo y dentro del espíritu olímpico, que exige comprensión mutua, solidaridad y espíritu de amistad y de juego limpio”; de rechazar “cualquier forma de discriminación contra un país o una persona basada en consideraciones de raza, religión, política, sexo o de otro tipo”, lo que por supuesto incluye la participación de personas que tienen el valor de superar una desventaja física.
Así lo expresó Pierre de Coubertin cuando revivió los juegos. Ese era el espíritu de los griegos. Así está consagrado en la Carta Olímpica, código que resume los Principios Fundamentales, las Normas y los textos de aplicación adoptados por el Comité Olímpico Internacional que rigen la organización y el funcionamiento del Movimiento Olímpico y fijan las condiciones para la celebración de los Juegos.
Ojalá este sea el espíritu que enseñemos a nuestros jóvenes. Ojalá fuera el que se reflejara en los artículos de información y opinión, y sus respectivos foros. Ojalá así se demuestre el día del recibimiento y reconocimiento a nuestros atletas. A todos ellos. Ojalá, porque esa actitud es la que nos puede llevar a tener más y mejores deportistas en las justas del 2016 en Rio de Janeiro. Ojalá...


Comentarios
Adri83
11 Agosto de 2012
9:53 am
NO todos los participantes de o por Colombia cumplieron, Señora.... El caso del equipo femenino de futbol (que Ud. no meciona) fué lamentable, parece que las niñas fueron de tour por Londres, porque no demostraron gana alguna.
NO demostraron espiritu NI olimpico, NI deportivo, Ni nacionalista. Una cosa es que NO se puede ganar en toda, la otra es que se participe con pasión y con ganas !
SI estoy de acuerdo en aquello que cualquier medalla es importante, y la discriminacion fué evidente ayer en los noticieros, más en Caracol, donde durante 58 minutos consecutivos hablaron de Mariana (justo reconocimiento) Pero...la alución por la de bronce ganada por Oquendo fué minima,
Aqui no se trata solo de recibir a los atletas con carro de bomberos, se trata es de apoyarlos SIEMPRE !
luisalejandrodiaz
11 Agosto de 2012
9:43 am
Que no sea solamente cuando regresen al país, sino tenerlos en cuenta por su gran espiritu de ganar aunque sea arrancado con las uñas. Me gustó la nota
osgir
11 Agosto de 2012
8:26 am
Ojalá.
antonin
11 Agosto de 2012
7:13 am
El sueño de todo deportista es alcanzar una meta y en este caso la meta para ellos es una medalla.
Talvez ellos compiten con espiritu olimpico pero mas allà de ello la consecuciòn de un logro, es lo que los mueve y los motiva.
Habia que ver la alegria que demostraban los nuestros en cada logro obtenido... me gustò mucho la jovialidad de cada uno de ellos
Sinceramente, nosotros que estamos acostumbrados a conformarnos con nada,en estas justas y hablando en sentido figurado nos venimos con "las manos llenas" por la alegria que nos contagiaron estos muchachos... en particular,me siento muy orgulloso por la dignidad con que nos representaron.
Me gustò mucho tu articulo,Elsa