



Señores del Secretariado de las Farc y a su cabeza visible el compatriota Alfonso Cano, quiero recordarles que tienen algo que me pertenece, sangre de mi sangre y carne de mi carne y por lo tanto, no me han dejado disfrutar de su presencia física por largos años, los cuales parecen siglos, pues la angustia permanente que me atormenta desde su retención en las “cárceles del pueblo” alarga diabólicamente el transcurso del tiempo.
Compatriotas de la insurgencia, cada delito merece una condena a la cual le pone limite un juez calificado, les conmino que sean jueces y no solamente carceleros, dicten condena, fijen un tiempo perentorio a cada uno de los de los retenidos en combate y tengan en cuenta sus respectivos delitos, los cuales fueron a mas de pertenecer a las Fuerzas Armadas de Colombia, servicio impuesto con obligatoriedad y que luego se hace un modus vivendi, el no compartir su ideología revolucionaria.
Compatriotas guerrilleros, en el pecho hay una maquinita que “al compas que se mueve hace ruido”, se llama corazón, dicen algunos que es la morada del alma, y que cuando ella sufre este llora lágrimas de sangre y sepan que ya el país esta exangüe por culpa de horroroso tormento que implican tantos secuestros perpetrados por ustedes y a los cuales es tiempo de poner fin.
Mi corazón les pide a todos que se desmovilicen, no esperen que una lluvia de bombas y metralla acabe con sus valiosas vidas, inicien la negociación con el gobierno Santos, quien puso en sus manos la llave para la paz, a cambio que de un gesto humanitario, el cual es liberar a todos los secuestrados.
Tendrán garantías y prerrogativas como hicieron en el proceso de paz con el M19, del cual muchos de sus integrantes gozan actualmente de prestigio político y aceptación entre muchos ciudadanos, acuérdense con el entusiasmo con que fue recibida la candidatura presidencial del comandante Carlos Pizarro Leongomez, al cual una bala asesina hizo que se truncaran tantas esperanzas de cambio y su espíritu en pena, hasta solicitó un cuerpo para seguir su tarea.
También mataron a Luis Carlos Galán, a Bernardo Jaramillo Ossa, a Jaime pardo leal, a Manuel Cepeda Vargas, pero Gustavo Petro se ha paseado por Colombia pese miles de amenazas de muerte y nada le ha sucedido, pues las medidas de seguridad son mejores.
Contágiense del gozo y el regocijo que embarga a los familiares y a la gente en general, cuando en un gesto unilateral han soltado a alguno de los secuestrados, vean como llueven lagrimas de felicidad y se tapiza el suelo con hermosa flores, libérenlos a todos de una vez, son humildes personas que no merecen seguir sufriendo un calvario eterno, que el tiempo pasado en cautiverio sea suficiente castigo, acaben con la zozobra de miles de familiares que no duermen tranquilos, demuéstrenle a Colombia, que tienen un corazón bien grande y Colombia sabrá agradecerles.
Compatriota Alfonso Cano, mi corazón le habló, espero que me conteste el suyo.





Comentarios
osgir
24 Enero de 2011
7:12 am
Un valor esencial al hombre es no tocar los valores de los otros hombres so pretexto de ideales que mueren cuando nos atrevemos a invadir la libertad de los hombres.
La guerrilla es cosa del siglo antepasado, tengamos el valor de reconocerlo.
eugenio miltorres
24 Enero de 2011
11:44 pm
la guerrila es vieja,pero no extemporanea,sigue campante hasta que todos no exijamos y pongamos un granito de arena para un proceso de paz,que pare la hemorragia.