

Imposible responder sin hacer algunas consideraciones sobre algo que acostumbramos unir al amor: el machismo, el poder del macho frente a la hembra, el sentido de propiedad privada sobre las mujeres, su persona y sus sentimientos.
El Machismo
Si, ese machismo, promovido, respaldado y alentado por la iglesia desde tiempos inmemoriales, que se empotró en el estado desde que él existe como tal. Si para la iglesia las mujeres no éramos seres pensantes ni independientes, para el estado mucho menos. Ambos, durante siglos, nos negaron el pleno reconocimiento como sujeto de derechos. El hecho de ser diferentes al hombre les impidió apreciarnos y reconocer nuestro valor como necesarias coequiperas. La respuesta fue cargarnos de responsabilidades y deberes, pero quitándole todo valor posible a nuestros pensamientos, desconociendo nuestros intereses y necesidades. Convencidos de que el hombre valía más por el solo hecho de serlo, cimentaron su dominación reduciéndonos a ser simples objetos de su propiedad.
La Iglesia
La iglesia cimentó su idea en citas textuales de la biblia: "Las [mujeres] casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo" (Efesios 5: 22-24). Y las solteras a los padres y hermanos, con autoridad de decidir con quién sale, a dónde, cómo se viste, y hasta que piensa. Autoridad ejercida a las buenas o a las malas, porque “para eso somos machos”.
El estado y la mujer
El estado volvió ley este mismo concepto. El Código Civil, hablando de las obligaciones entre los cónyuges, establecía que “El marido debe protección a la mujer, y la mujer obediencia al marido”, estableciendo la potestad marital o “conjunto de derechos que las leyes conceden al marido sobre la persona y bienes de la mujer”, artículos 176 y 177.
Solo en 1932, hace escasos 80 años, se permitió a la mujer casada comparecer en juicio y administrar sus bienes sin la autorización del marido. En 1933 se autorizó su derecho a cursar el bachillerato. La obligación de llevar el apellido del marido persistió hasta hace 42 años, hasta 1970. El derecho a contraer matrimonio civil sin apostatar de la religión católica, la única reconocida en esa época, solo es posible hace 38 años, partir de la Ley 20 de 1974, año en el que también se dictó el decreto 2820 que establecía la igualdad jurídica de la mujer, eliminaba la potestad marital, establecía la dirección conjunta del hogar y la responsabilidad también conjunta de la pareja en la educación y sostenimiento de los hijos, entre otras cosas. Treinta y ocho años de plena igualdad jurídica. Solo 38 años.
Por el lado penal el asunto fue más grave. El homicidio de la mujer por parte de su marido, sus padres y/o hermanos no tenía sanción legal cuando era para ‘limpiar’ el honor masculino, puesto en entredicho por la casi nunca confirmada y generalmente ‘presunta’ infidelidad de la mujer, o relaciones sexuales por fuera del matrimonio. Para quienes no sepan de leyes, hayan olvidado la historia, o nacieron después de 1980, tengan presente que hasta ese año un esposo o padre o hermano podía matar a su esposa, hija o hermana y no era sancionado por la ley sino premiado por la sociedad y la iglesia.
Con la expedición del Código Penal de 1980, hace 32 años, se mejoró un poco la situación de la mujer al establecer la responsabilidad en esos los casos. Un poco, porque no era una responsabilidad plena, sino atenuada si se cometía “en estado de ira e intenso dolor”, artículo 57, circunstancias en que se ponía todo hombre que engañaba y creía ser engañado. Patente de corso para matar y pagar poca cárcel: Ira e intenso dolor.
Cambios importantes a los que unieron otros, como la autorización del divorcio con la Constitución Política de 1991. A ellos han seguido muchos otros, siempre enfatizando en la igualdad de derechos y la libre determinación de la mujer. Aunque no lo crean, Colombia tiene una de las mejores legislaciones del mundo en cuanto a la igualdad y a la protección de la mujer.
Papeles, tan solo papeles
Papeles, tan solo papeles. Eso son las leyes en Colombia. Papeles producto de largas discusiones a través de los medios, no de los foros ciudadanos. Leyes que no le hacen ni cosquillas a las ideas machistas de nuestra sociedad. ¿Puede obtenerse el respeto y la igualdad de las mujeres solo con leyes, por buenas que estas sean? Los legisladores colombianos están convencidos de que sí. La realidad muestra que no. Paralelo a esa gran legislación, tenemos un pobre historial de respeto y un gigantesco número de mujeres maltratadas.
Amar significa respetar. Respetar es ‘la capacidad de ver a la persona tal y como es' y esto aplica a hombres y mujeres. Es ser consciente de la unicidad del otro. Es desear que se desarrolle conforme a sus propios deseos y caminos y no conforme a nuestros planes. Es apoyarlo en ese empeño, de igual a igual. Es hacer de varias metas individuales un ideal común de progreso, así cada una tenga un camino, un método propio y diferente para lograrlo.
Hombres y mujeres: Mírense a los ojos, a través de un espejo y pregúntense si realmente respetan a su pareja de esa manera. Escudriñen su alma. Puede mentirse a ustedes mismos. No a mí. En Colombia no se respeta a las parejas y menos si son mujeres. Si no hay respeto no hay amor. Colombia no se quiere ni a sí misma. ¿Por qué?
¿Por qué, con situaciones de desarrollo similares a muchos países, el resultado en Colombia es tan diferente? ¿Por qué esa inmensa creatividad no nos ha servido para aceptar de corazón que aunque somos diferentes tenemos los mismos derechos? Más aún: ¿Entendemos las mujeres la diferencia entre la igualdad de derechos y de roles?
Pienso en la respuesta. Pero quisiera que ustedes también lo hicieran. Mientras lo hacen, iré a conocer la saga de los Rodríguez. Quisiera condensar esa historia de 40 años mil palabras. ¡Buen domingo!


Comentarios
osgir
10 Junio de 2012
6:28 am
El asunto lo define con absoluta claridad la historia. La saga de los países que por varias generaciones han creado destinos masculinos, programas masculinos de gobierno, poemas masculinos, guerras masculinas, milagros masculinos, dioses masculinos y fracasos MASCULINOS.