


Comente en Soyperiodista.com la impunidad que rodea el crimen contra Jaime Garzón, cuyo aniversario se conmemora este 13 de agosto.
El abogado Alirio Uribe, quien defiende los intereses jurídicos de la familia del asesinado periodista y humorista, aseguró que la investigación por este crimen avanza de manera muy lenta, puesto que existen serios intereses que buscan que el crimen ocurrido hace 13 años quede en la impunidad.
El jurista ha manifestado que hace muchos años se evidenció que existían presiones e intereses ocultos con el fin de que nunca fueran llevados ante la justicia los autores intelectuales y materiales del asesinato de Garzón Forero, para lo cual mataron y amenazaron a por lo menos seis testigos claves.
“Nos preguntamos si después de 13 años se puede aclarar un proceso tan complicado cuando pudimos demostrar que el DAS había desviado la investigación”, precisó el jurista manifestando que ya está comprobado que el ahora desaparecido organismo de inteligencia realizó un montaje con el fin de ocultar la verdad sobre los hechos.
Ante esto, se perdió mucho tiempo valioso para la recolección de pruebas y testimonios que dieran pistas sobre los verdaderos autores del crimen, puesto que para el abogado, ya se saben cuáles fueron los motivos que desencadenaron la orden para asesinar al periodista y humorista.
“Jaime había sido expuesto por su periodismo crítico, por su participación en cuestiones humanitarias como la liberación de secuestrados, que él lo hacía con el aval de la Presidencia, así como su gestión en materia humanitaria con las Farc, pero eso lo pusieron en entredicho con los militares y varios sectores de la sociedad”, precisó.
Ante esto, semanas antes de su muerte, Jaime Garzón buscó varias reuniones con los mandos de la cúpula militar, principalmente con el general Jorge Enrique Mora Rangel, así mismo le envió varias cartas al jefe paramilitar Carlos Castaño con el fin de para la orden que ya había emitido para acabar con su vida.
Y es que días antes de morir, el periodista ya tenía registrada en su agenda una cita con Castaño Gil para hablar sobre la información que le había entregado la entonces senadora Piedad Córdoba sobre un plan para acabar con su vida. “Él mismo sabía de dónde venía el riesgo (…) Quería frenar un hecho que se veía venir como era su asesinato como retaliación a sus actividades periodísticas y humanitarias”.
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