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23 de Mayo de 2012
19 Julio de 2010 | Noticias | (Colombia)

Más allá del bicentenario

TEMÁTICA: ¿Qué significa para usted el bicentenario de la Independencia?

 Más allá del bicentenario

En estos días de estatuas broncíneas, de banderas tricolores y desfiles militares, donde se reviven datos y hazañas heroicas cometidas por hombres y mujeres a los que la historia ha transformado en seres casi míticos, algo falta. Ocurre que en este país del sagrado corazón cuando algo se pone de moda, comienza a oler a feo, pues se reviste de petulancia, arribismo y sobretodo superficialidad. Es natural, por no decir obligatorio, para los gobiernos de la región, organizar celebraciones, cada una más pomposa que la anterior con tal de enfatizar, resaltar, ensalzar el espíritu patriótico.

Es normal que una celebración de esta envergadura deba ser promocionada hasta la saciedad, utilizando para tal efecto todos los medios posibles. Como también es predecible que se organicen diferentes eventos entorno a la fecha en cuestión, eso está, digamos que bien. Pero es necesario ir más allá de lo evidente, de los desfiles, de las banderas, de los discursos patrioteros, es decir de los lugares comunes, para plantear una reflexión de fondo sobre como los desaciertos de nuestra historia han determinado nuestra realidad nacional y la manera como nos proyectamos hacia un futuro cada vez más incierto.

Sin embargo, eso no ocurre porque en el fondo a nadie le importa. Para la mayoría de los colombianos esta fecha es solo un festivo más y el hecho en sí, algo tan remoto y distante que carece de verdadera importancia. Para los militares es una excusa para demostrar su poderío armamentístico y justificar los millones de millones que reciben del gobierno para defendernos de nosotros mismos, para los políticos es una excusa para lucir sus mejores corbatas, lanzar discursos y posesionarse como “padres de la patria,” para los vendedores de banderas, una forma de sobrevivir y para los presentadores de farándula una excusa para vestirse ridículamente (con trajes de época) y decir babosadas. Pero de fondo no hay nada, no hay reflexión, no hay propuestas concretas para mejorar el país, para hacerlo más incluyente, menos injusto, menos miserable, dependiente.

Detrás de los colores de la bandera, de las notas del himno nacional, a la sombra de las estatuas, escondidos tras los discursos mil veces repetidos, está un país mitigado por la miseria, el desempleo, la mala salud, la corrupción, la inequidad, el racismo, el machismo, la violencia, la injusticia. Un país endeudado, que depende de otros para su subsistencia, a pesar de ser rico en recursos humanos y naturales. Un país sin educación, o con una educación mediocre que genera ciudadanos mediocres y fáciles de manipular.

¿Qué es exactamente lo que se festeja con tanto estruendo y despilfarro? ¿Nuestra libertad? Estimados conciudadanos, temo informarles que no somos libres. Nuestros países solo cambiaron de dueño, el nuestro dejo de ser colonia porque los criollos querían parte de la torta burocrática con que los virreyes se engordaban a expensas de un rey incapaz de sostener el gran imperio que había heredado. Dejamos de pagarle tributo a España, para que los criollos se enriquecieran haciendo negocios con los ingleses y los franceses, que los usaron, en el ajedrez político de la época, para comenzar a explotar a América y vengarse así del matón del barrio que había sido España.

Al día siguiente de haber conseguido la independencia, los buitres de siempre comenzaron a repartirse el botín, los amigos y aliados, se volvieron fieros enemigos sembrando, desde aquellos años incipientes, nuestros campos de muertos. Casi todos ellos gentes manipulables, pobres y hambrientas que creyeron en una mejor vida, pero que terminaron igual o peor que antes.

Nuestros criollos heroicos hicieron una revolución para ellos solitos, una revolución ilustrada, teórica, de espaldas al pueblo. En otras palabras, hicieron una pataleta de niños maleducados con ganas de llamarle la atención a un padre indiferente. Pero las cosas se les salieron de control cuando intervino el pueblo y de un momento a otro terminaron asumiendo toda la responsabilidad que implica rebelarse contra un orden establecido y fuera de eso, organizar un país.

En los primeros años de independencia, los intereses personales, el egoísmo, la arrogancia, la envidia y la improvisación hicieron de las suyas y sin duda fueron determinantes en generar el país caótico y truculento de hoy.

Esto no le quita validez al coraje, la determinación y la brillante estrategia demostrada por los patriotas, y no solo me refiero a los de uniforme, sino también a los otros, los desarrapados, los que no tienen estatuas ecuestres, ni museos. Los ideales por los que arriesgaron y perdieron la vida siguen estando vigentes, siguen siendo válidos, pero aun falta trabajo, porque mientras en nuestro país siga existiendo la injusticia, la miseria y la ignorancia, no seremos verdaderamente libres.

Dicho esto, debemos asumir la historia, no como un conjunto de hechos y fechas dispersas, sino como una simiente de reflexión que nos ayude a comprender el país que nos corresponde construir a futuro. El bicentenario es mucho más que fiestas, bombos y platillos, es mucho más que discursos vacios, desfiles militares y banderas ondeando, es una actitud reflexiva que nos ayude a proyectarnos, para darle a las nuevas generaciones un mejor país.

Por: Juan Felipe Ladrón de Guevara/

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